Este fin de semana ha sido un fin de semana bastante intenso. No porque haya tenido aventuras extraordinarias, sino más bien porque lo que he tenido han sido unas sesiones de estudio largas, intensas y bastante valiosas. Menos mal que con la tele y con las redes sociales he podido estar bastante al tanto de todo lo que ha ido sucediendo, que no es poco.
Captura de pantalla en la vista móvil de Linkwise
Pero por aquí venía a contar que he sacado un poco de tiempo para ventilar un poco mis neuronas y migrar de plataformala aplicación Linkwise, que en su momento estuve construyendo para paliar de alguna forma la tristeza que desde hace tiempo dejó la desaparición de del.icio.us en mi vida digital.
La inminente desaparición de Mocha me ha llevado a migrar a Lovable la aplicación y la verdad es que el proceso, lejos de ser tortuoso, ha sido bastante sencillo. Eso sí, he aplicado lo que podríamos denominar ingeniería social por encima de técnica a la hora de la estrategia de migración. Pero oye, dicho y hecho.
Cómo migrar una aplicación de Mocha a Lovable
Estos son los pasos que he dado para llevar a cabo la migración entre plataformas. Spoiler: ha salido bien.
Bajarme todo el código de la aplicación comprimido para dárselo a Lovable como contexto.
Darle a Lovable también como contexto el histórico de los prompts que me llevaron a construir la aplicación. Eso es algo que siempre guardo.
Hacer una copia de la base de datos en producción, que nunca se sabe.
Dejar que la magia suceda.
Redireccionar el dominio a la nueva plataforma.
También he aprovechado a hacer algún ajuste, especialmente en el diseño de los tags en la vista mobile, que empezaba a desmadrarse.
Me está empezando a dar un poco de miedo porque me ha dado cuenta que hace ya varios días, demasiados, que no me pasaba a escribir por aquí. Hay varias razones para que eso sea así, pero es que tampoco quiero que suene a excusa. En todo caso, como un blog personal es eso, un sitio donde contar las movidas de cada uno, vengo por aquí a compartir que tengo mucho que contar. No me gusta mucho hablar de mí mismo, pero está claro que he elegido el camino de ser un CEO transparente.
Tomando algo con compis del PDG-C 2026 del IESE
Por una parte he dejado de escribir por aquí porque me he puesto a estudiar. A los 53 años me he liado la manta a la cabeza y he vuelto a las aulas, esta vez como alumno. En concreto a hacer el Programa de Dirección General del IESE. Es algo que tenía en mente desde hace mucho, muchísimo tiempo, pero por una serie de circunstancias resulta que 2026 ha sido el año en el que me he puesto a ello. Dicho y hecho.
Tomar decisiones con la información disponible
Quizá es el año, o de los años más complicados, en la gestión de mi empresa, y quizá sea por eso que me he decidido a ponerme con ello. De hecho, creo que tenía todo en contra:
Lo mejor era continuar haciendo bolsa
Lo razonable era concentrar la atención y el esfuerzo en tomar mejores decisiones
Lo recomendable es regular las fuerzas disponibles para afrontar lo que venga en el trabajo
Pues bien, me he gastado el dinero, estoy repartiendo el foco y tengo que trabajar más.
Pero a diferencia de lo que puede parecer cuando uno lo está leyendo, estoy contento, orgulloso y satisfecho de la decisión tomada. Porque, hablando de decisiones, es complicado tomar buenas decisiones cuando uno no tiene la mejor capacitación técnica para ello desde la perspectiva de la dirección. Y esa ya debería ser una razón de peso y más que suficiente para hacer lo que estoy haciendo.
Pero hay más factores, o hay más derivadas. Invertir una importante cantidad de dinero en capacitación para uno mismo, es también una muestra de lo que ahora se conoce como autocuidado (esto yo lo conocí como amor propio) y de que desde la perspectiva financiera es una inversión segura.
Y por último, hablando del tiempo y del esfuerzo, no hay mejor forma de priorizar que llenar la agenda de cosas importantes. Y esta fórmula funciona.
Tomar decisiones es aprender a equivocarse y a rectificar
Además de ponerme a estudiar, resulta que he empezado a dejar algunas cuestiones que mis sesgos y mis prejuicios me condicionaban en relación a cómo manejar algunas herramientas digitales y el uso y partido que sacaba de ellas. No me enrollaré demasiado, pero básicamente, he vuelto a utilizar Twitter como herramienta, haciendo uso de todas las funcionalidades y potencialidades que tiene la herramienta, apartando las cuestiones que tienen que ver con la forma de pensar o con la comodidad personal a un lado. El resumen corto es que estoy haciendo una importante inversión de tiempo a la hora de compartir contenido en Twitter, siguiendo escrupulosamente las recomendaciones del algoritmo (y estoy flipando con los resultados obtenidos). Twitter ya no es Twitter, pero hay una importante cantidad de conversación ahí. Diferente, pero la hay.
Nunca me ha parecido buena idea eso de decirle al prójimo, lo que tiene que hacer, lo que tiene que leer o lo que tiene que pensar. Por eso vengo por aquí para contar, así en abierto y sin mucho filtro, que además de volver a esta red social publicando con frecuencia, asiduidad…
— Daniel Torres Burriel🇪🇺 (@torresburriel) May 14, 2026
Aquí hemos venido a estudiar, a trabajar, a hacer negocios, y a permitir que las 25 personas que hay en mi empresa tengan las mejores condiciones, y yo la mejor condición para continuar haciéndolo. Parece que me estoy justificando, pero simplemente estoy siendo transparente.
Y con todo esto que os cuento, con todo esto que estoy dejando aquí por escrito, se configura un escenario que me ha tenido un tanto alejado del blog.
Back to basics sin postureo
Pero ya sabéis, quienes me leéis desde hace tiempo, que soy un firme partidario del back to basics, especialmente cuando las cosas se ponen tormentosas. He dicho muchas veces que 2026 está siendo un año retador, y es una forma muy polite de decir que por momentos las estamos pasando putas porque nos cuesta la venta a nuevo cliente y porque estamos viviendo las consecuencias de decisiones de contratación cuestionables.
El que entiende, entiende. Pero esto es, siempre lo ha sido, una carrera de fondo. Y este año cumplimos 15 años de esta carrera.
Me gusta mucho empezar a escribir un post por el principio. Esto puede parecer una obviedad pero es que lo que me gusta es escribir el título del post al final. Básicamente porque yo sé cómo empiezo a escribir pero hay veces que el propio texto me lleva a otros territorios y entonces tengo que cambiar el título original, si es que he empezado por ahí.
En realidad hoy creo que no hace falta, porque tengo muy claro de lo que voy a escribir: quiero contar lo que ya estamos haciendo en mi empresa con inteligencia artificial. Parece sencillo, pero no lo es tanto, porque aquí se trata no de teorizar, sino de recopilar, sintetizar y compartir lo que ya estamos trabajando. Es decir, voy a hablar en pasado y en presente.
No vendemos IA, vendemos criterio sobre dónde y cómo aplicarla.
Podría terminar aquí el post porque la cita anterior resume perfectamente lo que quiero contar. Pero quiero entrar en detalles.
La IA no sustituye, redistribuye el trabajo
O lo que es lo mismo, mucha gente ha entrado directamente en la conversación del miedo a la inteligencia artificial, pero deberíamos hablar más bien de redistribución del trabajo. Las cosas las vamos a hacer de otra manera y quizá también haya cambio de roles y de personas.
Tenemos internamente un evento en marcha llamado “Los días de IA”, que es una iniciativa semanal donde cada miembro del equipo presenta ante toda la organización un caso real de aplicación de IA en su trabajo. Tenemos ya cuatro sesiones completadas: Mindful Journal, herramientas de research, Notebook LM aplicado a formación, y un agente de Codex. La quinta sesión la tenemos confirmada sobre optimización de tokens.
Hemos sistematizado la documentación de cada sesión en doce bloques canónicos, en markdown y Word con la plantilla corporativa, para que el conocimiento no se quede en la persona que lo presenta y se pueda reutilizar.
En el caso del agente de Codex, el sistema está desplegado y disponible para todo el equipo del repositorio, es decir, no es una herramienta individual. Lo hemos hecho así a propósito para evitar que distintas personas construyan agentes paralelos y dispersen recursos.
Cada rol del Estudio está redefiniendo cómo aplica la IA en su área: research, producto, formación, ingeniería y dirección. Las decisiones sobre qué herramienta usar y cómo integrarla en el flujo se toman desde cada disciplina, no desde una directriz vertical.
El criterio es el activo y se entrena con los años
Trabajamos los prompts iniciales fuera de la herramienta de construcción elegida, con el apoyo de un LLM aparte (Claude o Gemini) que ayude a dar exactitud al enunciado antes de empezar a ejecutar. Después lo refinamos dentro del constructor.
Aplicamos criterio de dirección de diseño desde el primer prompt, es decir: paleta, tipografía, modelo de interacción, gestión del error y tono. En el caso de Mindful Journal, instrucciones como “tono europeo, azules, sin remates” sustituyeron a la estética genérica que devuelve la herramienta por defecto.
Aproximadamente el 80% de las conversaciones de dirección con clientes, futuros clientes y partners pasan por un LLM antes de salir hacia afuera: para clarificar puntos, alinear estrategias y priorizar objetivos, tanto a nivel de contenido como de forma.
Distinguimos de manera explícita y transparente entre dos tipos de agente:
Los que tienen reglas cerradas y resultado seguro (pueden lanzarse con un trigger automático).
Los que operan sobre contexto sensible de cliente (necesitan supervisión humana en cada ejecución).
Esa distinción se documenta en el gobierno de decisiones del propio agente.
El coste de explorar se ha desplomado, y eso lo cambia todo
No nos quedamos cruzados de brazos ni nos lamentamos:
Tenemos un stack de construcción rápida activo y en producción: Replit, Lovable, Google AI Studio, v0, Mocha (hasta hoy, que han anunciado que lo cierran). Cada herramienta sirve a un objetivo determinado y concreto, y elegimos la adecuada según el tipo de salida que va a tener (web vs. app móvil, prototipo vs. producto desplegable).
Las herramientas de assessment (madurez ResearchOps, índice de madurez UX) están planteadas como fabulosos activos comerciales: entregan valor al usuario antes de la primera conversación y por detrás alimentan el CRM con leads cualificados por nivel de madurez.
El planteamiento de cada propuesta a cliente parte del marco “pieza pequeña y acotada como entrada”: un AI Readiness Assessment antes de proponer la suite completa. Lo hemos probado ya en 5 presentaciones a clientes corporativos.
La verificación es rápida pero obligatoria
Quien piense que esto es copiar y pegar o que las automatizaciones funcionan solas sin intervención humana, tiene un problema de comprensión.
Notebook LM opera siempre sobre fuentes cerradas que seleccionamos previamente: guías metodológicas, informes de años anteriores, materiales propios y webs específicas. Nunca con acceso libre a internet. Cada respuesta del sistema en Notebook LM tiene asociada una cita verificable al documento y párrafo de origen, accesible con un clic. La revisión la hacemos contra la fuente, no contra la intuición.
El agente de Codex está construido sobre un sistema de 7 archivos que estructura toda la operación: rol del agente, estándar de implementación, contrato de entradas y salidas válidas, checklist de acciones obligatorias, lógica de testing, ejemplos de referencia y gobierno de decisiones. El agente ajusta los tests en el mismo momento en que modifica el código, de manera que la verificación es inherente al proceso, no un paso posterior que pueda olvidarse. Si un test falla, falla antes de que la migración se considere completada.
Tenemos Atlas, el repositorio interno de insights de research, como fuente de verdad consultable para las herramientas de IA que trabajan sobre conocimiento del Estudio.
La accesibilidad la trabajamos desde el prompt
Las herramientas de assessment las hemos construido sobre WCAG 2.2 desde el primer prompt, con instrucciones explícitas sobre tabulación, area-labels para lectores de pantalla, contrastes y orden de foco. No lo hemos añadido después.
Trabajamos el responsive con atención específica a dispositivos móviles : ya que los constructores no resuelven los tres breakpoints a la vez, tenemos que indicar expresamente qué versión corregir y verificar el comportamiento en cada una.
Ofrecemos el Módulo 2 del AI Experience Suite (AI Experience Audit) como servicio comercial específico para auditar la usabilidad de funcionalidades de IA ya integradas en producto de cliente. Varios de los clientes corporativos a los que hemos presentado el módulo han reconocido tener funcionalidades de IA en producción que sus usuarios ignoran.
Los prompts iniciales los trabajamos en inglés para incurrir en un menor consumo de tokens y en línea con estudios sobre la influencia del idioma en la precisión del modelo. Lo hace el equipo de research y también el equipo de ingeniería para el afinado del agente.
En resumen, os he dicho que este post habla en pasado y en presente. Habla de lo que hacemos y es algo que, mea culpa, no teníamos documentado y aquí está.
Soy súper fan de Cristina Monge, desde hace más tiempo desde quizá puedo recordar. Me tengo que remontar a mi época de prácticas de lo que hoy sería el Grado en Sociología, que cursé en la Universidad Pública de Navarra. Fue en las prácticas, que hacía en Zaragoza, en la Fundación Ecología y Desarrollo. Lo que no recuerdo dónde la puedo ubicar, pero sé que fue en aquella época. Es posible que por la vinculación de Cristina con la fundación, no sé si antes, durante o después del tiempo al que me refiero.
Portadas del libro “Contra el descontento” de Cristina Monge.
En todo caso, fue el primer tiempo del confinamiento por la COVID-19 cuando Raúl Oliván nos lió a un buen montón de gente a través de un maravilloso proyecto llamado Frena la curva, cuando volví a tener contacto con Cristina.
En fin, os estoy contando mucho rollo para decir que me acabo de comprar este libro de Cristina Monge, Contra el descontento, por una alianza para construir futuros deseables.
Me encanta el concepto de futuros deseables. Por mi trabajo he tenido que lidiar, y aún lo sigo haciendo, con el concepto de diseño de futuros. No sabéis lo que me gusta encontrarme estas cuestiones cuando trato de salir de la dinámica profesional para adentrarme en otros territorios.
En todo caso, siempre que me compro un libro de papel pienso que no sé si me estoy comprando el libro o el tiempo que me gustaría tener para poder leerlo y disfrutarlo. Lo que sí que sé, es que me voy a comprar un fluorescente amarillo para disfrutarlo doblemente.
10 de mayo de 2026. 31 años después de aquel 10 de mayo de 1995. Es difícil procesarlo. Tampoco hace falta que lo entienda todo el mundo porque estas cosas solamente quien es hincha de un club deportivo, cosa totalmente irracional, puede comprender.
Normalmente aquí escribo sobre mis cosas profesionales, pero también tienen que haber un espacio para esto. Porque esto también soy yo. Estar aquí pasando un rato de la mañana del domingo escribiendo, borrando, editando, pensándome tres veces lo que decir y sobre todo lo que no decir sobre un tema que para la mayoría de personas puede ser trivial, pero que para unos cuentos es importante, relevante y me atrevería a decir que por momentos es incluso nuclear.
Como dijo con mucha sabiduría un zaragocista, Jorge Valdano, el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes.
Hoy he hecho 600 kilómetros para estar en Bilbao. He salido de casa a las seis y media de la mañana y, mientras tomaba unas notas de voz para escribir este post, eran las cinco y veinte de la tarde. Venía de vuelta atascado a la entrada de Zaragoza. Lo cuento no porque tenga ningún mérito particular. Más bien porque creo que vale la pena explicar por qué uno hace este tipo de cosas y por qué las hace muy a gusto.
El auditorio estaba lleno hasta la bandera hasta el punto que he llegado justo de tiempo y me ha costado encontrar sitio. Eso ya dice tres cosas:
que hay interés por el B2B
que LIN3S tiene un tirón importante en el País Vasco
que cuando se trabaja bien y se trabaja durante años, la audiencia responde
Por qué he ido
La obligación de un partner es estar con sus socios, y también, o sobre todo, en los días de celebración. No solo cuando hay que resolver un problema o cerrar un proyecto. Acompañar también es eso: aparecer cuando toca aparecer, aunque suponga conducir 600 kilómetros en un día. Es una manera concreta de entender las relaciones profesionales que para mí no admite mucha discusión. Si tienes una alianza, la sostienes también con presencia. En el ADN de DANOK lo tenemos muy claro y lo predicamos con el ejemplo.
Después del evento he podido saludar a Iñaki, a Oiane, a Itziar, a Ana Santos, a la que hacía mucho que no veía, a Laura Carazo y a Nagore Frías de Workoholics, y he estado un buen rato charlando con Asier Barainca. Todo eso es la parte que sostiene una red profesional viva.
El contenido del estudio
El informe tiene varias lecturas que me han parecido especialmente interesantes.
La primera, sobre el propio B2B. Yo siempre he dicho lo mismo: cuando el consumo general flojea, hay que mirar el consumo entre empresas, y al revés. Son dos termómetros que se complementan y que ayudan a entender hacia dónde van las cosas. Soy fan declarado del B2B, no solo en marketing digital, que es donde trabaja sobre todo LIN3S, sino también en experiencia de usuario y en diseño. Es un sector menos vistoso, se luce menos, se muestra menos, y sin embargo el impacto que tiene es, en mi opinión, mayor que el del B2C. La factura que pasa la mala experiencia en un entorno B2B se cuenta en contratos perdidos y en procesos que no escalan, no en abandonos de carrito.
La segunda lectura interesante ha sido todo lo que ha aparecido alrededor de la inteligencia artificial: el estatus actual de la IA en contexto B2B, cómo las empresas la están adoptando o no, y cómo lo están haciendo los equipos. En algún momento alguien (creo que ha sido Oiane) ha dicho una frase que parece sencilla pero que tiene mucho fondo: «la inteligencia artificial viene con las personas«. Tiene que ver con la adopción, sí, pero también con la formación, con la capacitación, con la motivación y, sobre todo, con la visión. La IA no se instala, se incorpora (o no, claro).
Y la tercera, en la que Oiane ha hecho mucho hincapié y que me ha encantado (porque voy a tope con eso), es la importancia de la gobernanza. Es una conversación que en Torresburriel Estudio estamos teniendo cada vez con más clientes, sobre todo con aquellos en los que la IA empieza a ser un vector fundamental. Sin gobernanza lo que se genera es un caos que se descontrola, que se va de las manos, y que termina pasando factura en procesos, en estructura de equipos y en resultados. Toda esa capa de gobierno me parece hoy más relevante que la promesa de eficiencia, que llega después y solo si la gobernanza está resuelta.
Lo que me llevo
Me llevo tres cosas muy relevantes:
la satisfacción de haber visto disfrutar a unos socios con algo que han trabajado bien
la confirmación de que el B2B es un terreno que merece más atención de la que recibe
la certeza de que también es relevante desde la experiencia de usuario y el diseño de producto, donde tenemos algo concreto que aportar
Apoyamos este tipo de iniciativas, las hemos apoyado y las seguiremos apoyando. Si es de la mano de LIN3S, con más motivo. Cuidar a los partners no es un gesto, es una manera de trabajar.
Llevo un mes trabajando, a ratos sueltos, en un proyecto personal que no tiene ambición comercial. Se llama Mindful Journal y vive en mindful-journal.app. Es una aplicación para escribir, para pensar, para reflexionar, para darse tiempo y para cuidarse. A veces también para darse unos cuantos latigazos cuando toca, que tampoco se trata de un ejercicio constante de complacencia con uno mismo.
La he construido probando el framework de Replit y he aprendido bastante por el camino.
Por qué un diario
Tampoco es una idea original. Llevar un diario es una práctica con siglos de recorrido y la literatura sobre sus efectos en el bienestar emocional es abundante. Lo que me interesaba era otra cosa: si el acto de escribir, de detenerse a pensar y de revisar lo escrito en perspectiva tiene valor, ¿por qué la mayoría de aplicaciones que existen para esto se plantean o como redes sociales encubiertas, o como herramientas de productividad disfrazadas de bienestar?
Quería algo distinto. Una herramienta que parte de una convicción sencilla y muy personal: escribir sobre uno mismo hace bien. Sin terapia, sin programa estructurado, sin método infalible. Solo un espacio privado, seguro y propio, donde volcar pensamientos, registrar emociones y, con el tiempo, empezar a ver patrones que quizá nunca habías notado.
Vivimos en una cultura que mide, optimiza y acelera. Que pide resultados rápidos y visibles. Qué lío todo. El bienestar emocional no funciona así. No hay una guía de pasos ni hay un resultado que alcanzar en una fecha concreta. Uno lo va descubriendo con el uso, con el lápiz, con el silencio cuando toca silencio.
Los principios que he intentado mantener
He trabajado con cuatro principios de fondo, no como mantras sino como criterios para decidir.
El primero, bienestar, no rendimiento. No hay puntuaciones que mejorar, ni hay metas que cumplir, y por supuesto no hay rachas que defender. Escribir ya es el acto en sí. Si una decisión de diseño no contribuye a que la persona se siente, escriba y luego pueda revisar lo escrito, sobra.
El segundo, privacidad radical. Las entradas son del usuario. Solo del usuario. Sin anuncios, sin análisis externos, sin entrenamiento de modelos a costa de lo que la persona ha decidido confiar a la aplicación. Y sin la posibilidad de compartir. Esto se traduce en cumplimiento estricto de GDPR, declaración de accesibilidad, política de privacidad, aviso legal y un DPO real, que soy yo mismo a través de Torresburriel Estudio. Si una aplicación pretende ser un espacio seguro para volcar lo emocional, lo mínimo es que el marco legal acompañe.
El tercero, sin fricción. Abre, escribe y cierra. La herramienta tiene que desaparecer para que lo que quede sea la persona y lo que ha escrito. He pensado en esto al diseñar las prompts de escritura, que aparecen en el idioma elegido por el usuario, son rotativas y están redactadas para invitar, no para imponer. Y también al decidir que la página de resultados deje de ser scroll infinito a partir de los diez registros, porque en una aplicación que pretende reducir la ansiedad, el scroll infinito es enemigo declarado.
El cuarto, autenticación seria. He decidido que la entrada se hace mediante Google OAuth. Soy consciente de que esto deja fuera a quien no tiene o no quiere usar una cuenta de Google. Lo he sopesado. La alternativa habría sido construir un sistema de autenticación propio, con su recuperación de contraseñas, sus correos transaccionales y las incidencias de soporte. Un rollo que ahora mismo no he querido afrontar. Para un proyecto personal y para una aplicación cuyo valor reside en la confianza, he preferido apoyarme en un mecanismo robusto antes que improvisar uno inferior.
El agradecimiento como ancla
Hay una pieza que me parece central y que merece párrafo aparte: la nota de gratitud.
No la he metido como obligación, sino como invitación. La investigación en psicología positiva lleva décadas documentando el efecto del agradecimiento en el estado de ánimo, la resiliencia y la capacidad de atención plena. Y en una aplicación de escritura reflexiva, dejar fuera ese ángulo habría sido empobrecer mucho el producto.
Anotar aquello por lo que uno agradece, algo pequeño, algo cotidiano, no cambia la realidad. Pero hace algo mejor: entrena la mirada. Y una mirada entrenada en lo que sí hay, en lugar de en lo que falta, transforma poco a poco la experiencia de estar. La sección de análisis recoge los agradecimientos en perspectiva, porque revisarlos en bloque, semanas después de haberlos escrito, tiene un efecto distinto y complementario al de escribirlos en el momento.
Lo que ha pasado por el camino
He iterado sobre el producto en sesiones cortas, prácticamente todas a través de prompting con la herramienta. He pedido cosas concretas y he ido revisando lo que la herramienta entregaba. Hasta ahí todo normal. Hasta me he quedado sin tokens. El mundo moderno.
Algunas iteraciones han sido de fondo. Por ejemplo, el momento en el que decidí que la aplicación tuviera registro de usuarios y persistencia de datos por persona, en lugar del estado público inicial. O cuando trasladé el dominio personalizado y descubrí, tras hacer login, que los datos previos no estaban accesibles desde el nuevo dominio, lo que me obligó a entender bien cómo se gestiona la migración de bases de datos en este tipo de despliegues.
Otras iteraciones han sido de detalle pero para mi igual de relevantes:
Que los prompts de escritura aparezcan en el idioma del usuario y no solo en inglés.
Que el footer recoja con claridad el aviso legal, la declaración de accesibilidad, la política de privacidad y la información sobre el autor y el proyecto.
Que el diseño visual tenga un sesgo más europeo, con predominio de azules y sans serif para lo que dirige la acción, en lugar de la convención cómoda de pasteles y tipografías redondeadas que tanto abunda en aplicaciones de bienestar.
Qué he aprendido construyéndola
He aprendido que el framework de Replit es razonablemente potente para llevar una idea a producto sin tener que ensamblar veinte herramientas distintas. También que sigue y seguirá habiendo decisiones que requieren criterio profesional y que ninguna herramienta toma por ti: qué arquitectura de información tiene sentido, qué piezas legales son obligatorias y cuáles convenientes, cuándo un módulo es funcionalidad y cuándo es ruido.
He vuelto a comprobar, una vez más, que vibe coding sin criterio es vibe coding sin destino. La herramienta acelera pero, de momento, no decide. La diferencia entre un producto digno y uno mediocre sigue estando en quién decide qué se construye, para quién y por qué.
Y he confirmado lo que ya intuía: que construir cosas pequeñas, con intención y para uno mismo, sigue siendo una de las formas más honestas de aprender. No hay informe de cliente, ni tablero de KPIs, ni revisión de stakeholders. Solo la pregunta, repetida cada vez que tomas una decisión, de si esto que estás haciendo merece la pena.
Mindful Journal no pretende estar terminado, no creo que lo esté. Es como el propio proceso de conocerse a uno mismo, está en construcción permanente. Se nutre de la experiencia de quienes lo usan, de lo que se echa en falta, de lo que sobra. Es una aplicación para parar. Construirla ha sido, paradójicamente, una forma de no parar de pensar.
Hay gente que lleva años haciendo algo que parece sencillo y no lo es: leer mucho, filtrar con criterio y compartir lo que merece la pena. Es una suerte de curación de contenidos profesional sin pedir nada a cambio. Son personas que, de un modo u otro, enseñan sin cobrar por ello.
Llevo más de veinte años siguiendo la lista de correo de Laura Carlson. Cuando las tecnologías web eran territorio de pioneros y la información relevante estaba dispersa en mil sitios que no sabíamos cómo localizar, Laura ya estaba ahí, semana tras semana, recopilando lo que importaba sobre accesibilidad y desarrollo web. No fallaba. No se cansaba. Su constancia fue, para mucha gente de mi generación, una forma de educación continua a la que nunca pusimos precio porque nunca tuvo precio. Y sigue siendo una referencia indiscutible precisamente por eso: por la constancia.
Ilustración del siempre genial y generoso Hugo Tobio
Esa clase de generosidad me parece una de las formas más puras de contribución profesional. No espectacular, no viral, no gamificada. Solo trabajo bien hecho, repetido semana a semana durante años.
Pues bien, hoy quiero hacer público un agradecimiento parecido, aunque en otro dominio.
Quique Aparisi publica regularmente en LinkedIn una selección de sus favoritos de la semana sobre datos, digital, ecommerce y moda. Quien le siga sabrá de qué hablo. Una lista de enlaces con criterio, sin florituras, sin agenda oculta ni movidas raras. Fuentes de primera línea mezcladas con voces más locales y especializadas, informes de McKinsey junto a posts de juniors del sector, contenido en inglés y en español, todo bajo el mismo criterio de utilidad real. De nuevo, curación de contenidos profesional a disposición de la comunidad. No me digáis que no es bonito esto.
Quique lleva más de catorce años trabajando en analítica de datos, estrategia de audiencias y ecommerce en empresas multinacionales. Actualmente lo hace en José Luis Joyerías como Chief Digital Officer. Lo que comparte no es el resultado de una búsqueda superficial: refleja la mirada de alguien que trabaja todos los días con esa materia y sabe distinguir lo sustancial del ruido.
En 2026 eso tiene un valor estratégico específico que conviene nombrar.
La curación de contenidos de calidad es, en ese sentido, un acto de resistencia discreta frente a la sobreabundancia de información. No es la persona que grita más alto. Es la que lee más y comparte mejor.
Me gusta pensar que existe una especie de linaje informal entre las personas que hacen esto bien. Laura Carlson fue, para muchos de nosotros, la primera demostración de que se podía aprender profesionalmente siguiendo a alguien con buen ojo y generosidad para compartirlo. Quique es, en su dominio, un heredero legítimo de esa actitud.
El dominio es diferente. La plataforma es diferente. Pero la lógica es la misma: alguien con conocimiento decide invertir tiempo en ordenarlo y regalarlo. Y eso, multiplicado por semanas y por años, construye algo que no tiene fácil traducción en métricas de negocio pero que todos los que lo reciben saben que vale.
Así que gracias, Quique. Por la selección, por el criterio y por la constancia. Que es, al final, lo que distingue a los que de verdad enseñan.
He aceptado una invitación de Miguel Florido para participar en DSM IA 2026, un congreso online y gratuito que se celebra del 28 al 30 de abril, y que está dedicado íntegramente a la aplicación de la inteligencia artificial en empresa, marketing y herramientas. Me toca el primer día, el dedicado a IA para empresas, y voy a hablar de algo que me parece urgente y que casi nadie está poniendo encima de la mesa con la honestidad que desde mi punto de vista merece. El título de la charla es contundente a propósito: Por qué el 70% de los proyectos de IA fracasan y qué tiene que ver la experiencia de usuario.
Y lo cambia, sí. Pero no necesariamente para bien si no hacemos las preguntas correctas.
He pasado los últimos meses hablando de IA con direcciones de compañías de muy distinto tamaño. Y siempre, sin excepción, la conversación empieza con la misma frase:
Daniel, ¿qué hacemos con la IA?
No con un problema específico ni con una hipótesis. Más bien con confusión. Y eso ya es un dato.
Una parte del fracaso es tecnológica
La parte tecnológica del fracaso se diagnostica con relativa facilidad: integraciones que no funcionan, datos sucios, modelos que no se mantienen o costes operativos que se disparan. Hay literatura abundante y consultoras especializadas en eso.
La otra parte del fracaso, la que sale menos en LinkedIn 😈, es que nadie ha validado si eso funciona para las personas que lo van a usar.
Y aquí es donde la experiencia de usuario deja de ser un asunto de pantallitas y se convierte en una cuestión estratégica de primer orden. Porque puedes tener el mejor modelo del mundo, la mejor infraestructura y el mejor equipo de datos. Pero si las personas que tienen que usarlo no entienden qué hace, no confían en lo que devuelve, no saben cuándo desconfiar o no saben integrarlo en su trabajo, el proyecto está muerto antes de empezar.
Lo que voy a contar en DSM IA 2026
En la charla voy a defender una idea que llevamos tiempo trabajando en Torresburriel Estudio y que hemos sistematizado en seis estadios. No es un framework cerrado ni una metodología patentada. Es la consecuencia de aplicar lo que sabemos hacer (investigar con usuarios, diseñar producto, definir principios) al territorio específico de la IA en empresa. Lo llamamos AI Experience Suite y lo menciono porque es el armazón de todo lo que voy a explicar.
Hay algo importante que conviene aclarar antes de seguir: estos seis estadios no son una secuencia obligatoria. Cada organización entra por donde tiene el problema más urgente. Algunas necesitan empezar por el diagnóstico, otras tienen claro lo que quieren auditar, otras llegan con un problema de percepción que les están devolviendo sus propios usuarios y otras no lo saben. La modularidad no es una característica del producto, es una consecuencia de cómo aparecen los problemas en la realidad.
Las seis preguntas que toda dirección debería hacerse
1. ¿Está la organización preparada para esto? Se trata de una evaluación honesta del punto de partida. No de la tecnología, sino de la madurez organizativa, los procesos, la cultura y los datos. La mayoría de fracasos empieza aquí, en la asunción optimista de que estamos listos cuando no lo estamos. Esto tiene un punto catártico.
2. ¿Qué experiencia están teniendo las personas con la IA que ya hemos desplegado? Auditar lo que hay. Lo que existe. Lo que se está usando o, más frecuentemente, lo que no se está usando y por qué. Aquí aparecen sorpresas siempre.
3. ¿Cómo se nos ve y cómo se nos entiende? Visibilidad y percepción. Qué entienden los usuarios, los clientes y los empleados sobre nuestro uso de IA. Cuáles son sus expectativas. Qué temen. Esto no es marketing. Es el sustrato sobre el que se construye la confianza, que es el activo más caro y más frágil que tiene una empresa cuando habla de inteligencia artificial.
4. ¿Con qué principios diseñamos las experiencias con IA? Definir las guías. Cómo se comunica una IA en nuestros productos. De qué manera informa de su incertidumbre. Cómo permite el control humano. Cómo evita los patrones oscuros que la propia tecnología hace tan fáciles. Sin principios explícitos, cada equipo improvisa.
5. ¿Saben los equipos diseñar con IA? Hablo de los equipos de diseño, sí, pero también de producto, de negocio y de los perfiles que tienen que tomar decisiones sobre IA sin ser ingenieros de IA. Si no saben hacerse las preguntas correctas, no van a obtener respuestas útiles.
6. ¿Está la organización diseñada para esto? Es la capa final (la que más ampollas levanta). Cómo se gobiernan las decisiones, cómo se ubica la responsabilidad, qué roles aparecen, cuáles desaparecen y qué procesos cambian. La IA no es un plug-in que enchufas. Es una redefinición más o menos silenciosa de cómo trabaja la empresa.
Por qué esto importa más que el modelo de turno
Hay una conversación pública que se obsesiona con el modelo o la herramienta. Que si GPT, que si Claude, que si Gemini, que si el siguiente. Es una conversación legítima, pero es una conversación secundaria.
La conversación que de verdad mueve la aguja en empresa es otra: cómo conseguimos que esta tecnología sea útil para las personas concretas que la van a usar, en los contextos concretos en los que trabajan, con las restricciones reales que tienen. Y esa pregunta no la responde la ingeniería. La responde el diseño centrado en el usuario aplicado con rigor a este territorio nuevo.
Que no es nuevo del todo, por cierto. Es nuevo en lo tecnológico, sí. Pero las preguntas son las de siempre: ¿qué problema resolvemos? ¿Para quién? ¿Cómo sabemos que funciona? ¿Cómo iteramos? Lo que pasa es que cuando la tecnología parece magia, da pereza hacerlas. Y ahí es donde se cae el 70% de los proyectos.
Qué se va a llevar quien me escuche
Si todo va como espero, quien asista a la charla saldrá con tres cosas.
Primera, una mirada distinta sobre por qué fracasan los proyectos de IA, una que no se queda en lo técnico.
Segunda, un mapa mental con seis preguntas concretas que aplicar en su organización a partir del lunes siguiente.
Y tercera, la convicción de que aplicar metodología UX a la IA no es una sofisticación de consultor, es una decisión de supervivencia.
Si todo va peor, al menos habrán pasado 25 minutos sin oír otra vez que la IA va a cambiarlo todo, sin que nadie matice qué quiere decir eso. Que ya es algo.
Detalles prácticos
DSM IA 2026 es online y gratuito, así que no hay excusa para no asomarse. Mi intervención es el martes 28 de abril a las 16:00 CEST, dentro del bloque dedicado a IA para empresas.
Si trabajas en una organización que tiene proyectos de IA en marcha, o pensando en arrancarlos, te recomiendo asistir. Y si después quieres seguir la conversación, ya sabes dónde encontrarme. De estas conversaciones es de donde sale lo bueno.
Es viernes y me iba a poner a preparar un artículo para este mi blog personal, comentando una experiencia de generación de un sistema de diseño y codificación con inteligencia artificial de sus componentes a través del fichero DESIGN.md.
Pero es viernes por la tarde y en mi ha calado muy profundo aquella cosa de cuidarse uno mismo, de respetar el tiempo de descanso y de dejar descansar al cerebro. Es por eso que lo que voy a dejar aquí son un par de enlaces. Muy modesto todo, que nadie haga análisis sesudos porque mi objetivo aquí es simplemente divulgativo.
Pero es que hace semanas he venido trabajando en la creación de un sistema de diseño que me sirva como playground para actividades y pruebas posteriores. Lo he llamado Aragonia Design System, porque me apetece y porque me pone mucho dar visibilidad a todo lo que tiene que ver con Aragón. Quien me conocéis sabéis que soy aragonés, muy aragonés y mucho aragonés. Y hago gala de ello, siempre que tengo oportunidad.
Pero a lo que voy, que no me quiero desviar. Quien todavía tenga alguna duda acerca de el tremendo impacto de las herramientas de inteligencia artificial generativa en todo el ciclo de diseño centrado en el usuario, debería considerar su posición de manera urgente.
Todo esto que os cuento lo comparto después de haberlo compartido ya con mi equipo y después de haberlo implementado en la metodología de trabajo que seguimos para trabajar con clientes, siempre y cuando las circunstancias de contexto lo permitan. De esto último hablaré más adelante, porque tiene mucha chicha y seguramente hablaré en el blog de Estudio.
Por supuesto, todo el feedback será más que bien recibido.