El viernes pasado estuve en Donosti en una de esas sesiones de trabajo que, he de reconocer, me dejan con más energía de la que llevo. No era una reunión cualquiera: era una de esas en las que, entre debates intensos y algún que otro «joder, ¿y esto cómo lo hacemos?«, se palpaba que algo importante estaba pasando. Y no me refiero a los números, ni a los proyectos cerrados, ni siquiera a los hitos alcanzados. Me refiero a las personas y a cómo, poco a poco, estamos aprendiendo a crecer juntos.

En mi empresa, Torresburriel Estudio, llevamos años hablando y actuando en torno a la importancia de la experiencia de usuario, pero hay algo que va más allá de los productos digitales, y es la experiencia de trabajar en equipo, de construir algo más grande que uno mismo. Y eso, precisamente, es lo que vi el viernes en la sesión de trabajo que tuvimos en el entorno de DANOK.
El reto de crecer como federación
DANOK no es una empresa al uso. Es un ecosistema, una federación de empresas que, aunque mantienen su independencia, han decidido sumar fuerzas para ofrecer algo más: capacidad, conocimiento y confianza en un mercado cada vez más complejo.
Y aquí está el primer aprendizaje: crecer como federación no es fácil. No basta con juntarse, firmar un acuerdo o compartir un logo. Hay que alinear expectativas, definir procesos, asumir compromisos y, sobre todo, confiar. Confiar en que el otro va a hacer su parte, en que el esfuerzo individual suma al colectivo, en que los plazos se cumplen y en que la palabra dada vale.
En la sesión del viernes, no todo fue armonía. También hubo debates tensos, preguntas incómodas y momentos en los que quedaba claro que no todos avanzamos al mismo ritmo ni con las mismas prioridades. Pero, ¿sabéis qué? Eso es normal. Lo anormal sería pretender que, de la noche a la mañana, un grupo diverso de profesionales y empresas funcione como un reloj suizo. No colaría.
«El problema no es que haya desalineación. El problema es no trabajar en alinearnos.»
Y eso es, precisamente, lo que estamos haciendo.
Los pilares que lo hacen posible
Si hay algo que me llevé claro de Donosti es que DANOK no avanza por casualidad. Avanza porque, poco a poco, estamos construyendo unos cimientos sólidos. Estos son, desde mi punto de vista, los pilares que lo hacen posible,
Confianza
No la confianza ciega, sino la confianza ganada. La que se construye con hechos, con cumplimientos y con transparencia. En la reunión hablamos de «píldoras de aprendizaje» y de «inner cycle» (círculos de confianza donde un partner plantea un problema y entre todos se busca solución). No son solo herramientas sino que son rituales de confianza. Y sin confianza, queridos, no hay federación que valga.
Compromiso
El compromiso, por su parte, no es un documento firmado. Es levantarse cada día con la voluntad de aportar. En la sesión, varios compañeros compartieron cómo, tras participar en las dinámicas de DANOK, habían cambiado procesos internos, redefinido su propuesta de valor o incluso haciendo cambios estructurales a nivel de equipo. ¿Es complicado? Sí. ¿Es necesario? También.
Profesionalidad
Aquí no vale con «vamos a ver qué sale«. Hay que trabajar con método, con plazos y con responsabilidades claras. Hablamos de CRMs compartidos, de seguimiento de oportunidades y de métricas. No es burocracia. Más bien es profesionalidad. Y sin ella, la federación se convierte en un club de buenos propósitos (como dijo Daniel Casal, con muy buen criterio, en su espacio AdCEO).
Paciencia
Las cosas no pasan de la noche a la mañana. Llevamos dos años trabajando en esto, y aunque hay avances, el ritmo es más lento de lo que nos gustaría. Pero, como bien dijo alguien en la sala: «Si queremos ir rápido, vamos solos. Si queremos ir lejos, vamos juntos«. Tampoco hemos descubierto el fuego con eso pero es importante trabajar con escenarios realistas y honestos.
Lecciones aprendidas (y algún que otro error)
No todo ha sido perfecto. De hecho, hemos metido la pata más de una vez. Pero de eso se trata: de aprender.
- El storytelling importa. Si no somos capaces de explicar qué es DANOK y qué valor aporta, difícilmente vamos a convencer a clientes o a nuevos partners. Tenemos que trabajar en un discurso común.
- La visibilidad es clave. Si buscamos en Google «DANOK» y no aparece nada relevante, algo estamos haciendo mal. La marca no se construye sola.
- Los intereses individuales y colectivos pueden chocar. Y está bien. El reto está en encontrar el equilibrio. No se trata de que todos pensemos igual, sino de que, a pesar de las diferencias, sigamos remando en la misma dirección.
- Las reuniones presenciales marcan la diferencia. Las videollamadas están bien, pero nada sustituye el contacto humano. El viernes lo comprobamos una vez más porque las cosas como son: las ideas fluyen mejor, los compromisos se asumen con más seriedad y, sobre todo, se genera ese sentido de pertenencia que es tan difícil de construir de otra manera.
El verdadero valor: el proceso y las personas
Al final de la jornada, alguien dijo algo que me quedó grabado: «El valor de DANOK no está en los proyectos que cerramos, sino en cómo los cerramos. En la forma en que trabajamos, en la confianza que generamos, en el compromiso que demostramos«.
Y la verdad es que es cierto. Hay una tendencia a obsesionarse y a enfocarse solamente en los resultados. Pues bien, nosotros celebramos el proceso. Porque sabemos que, si el proceso es sólido, los resultados llegan. De una forma u otra lo hemos vivido en nuestras empresas y ahora lo llevamos a un territorio de escala.
Pero, sobre todo, el verdadero valor de DANOK son las personas. Personas que, a pesar de las dificultades, creemos y trabajamos en el proyecto. Personas que dedicamos tiempo, energía y, en muchos casos, dinero, a construir algo que va más allá de sus propias empresas. Personas que, como yo, se van de una reunión de ocho horas con más ganas de seguir que cuando llegaron.
¿Y ahora qué?
Pues seguir. Seguir trabajando, seguir aprendiendo, seguir equivocándonos y, sobre todo, seguir avanzando. Porque, al final, eso es lo que nos hace diferentes: no somos perfectos, pero no nos rendimos. Y menos con un aragonés en las filas. 
Y si hay algo que me ha quedado claro después de estos años es que las federaciones, los ecosistemas, las alianzas… no se construyen en un día. Se construyen con paciencia, con trabajo y, sobre todo, con personas que creen en ello.








