Cuando la mejor interacción es ninguna interacción

Empiezo hoy una serie de posts en los que voy a ir contando las aplicaciones que he ido construyendo a lo largo de 2025 mientras aprendía Vibe Coding. No sé cuántas serán, tengo varias en el cajón, pero creo que merece la pena documentar el proceso porque hay más chicha de la que parece a simple vista.

Screenshot

Empiezo por What To Wear, que fue una de las primeras y la que más veces he iterado.

La premisa: cero fricción

La idea de esta aplicación surgió de una necesidad cotidiana y muy tonta, casi ridícula: saber qué ponerme antes de salir de casa sin tener que interpretar iconos meteorológicos, porcentajes de precipitaciones o gráficos de temperatura por horas. Quería algo que me dijera, en lenguaje humano sencillo, qué tipo de ropa era razonable para ponerse ese día.

Pero sobre todo quería una cosa: que no hubiera que hacer absolutamente nada. Ni pulsar botones, ni elegir ciudades, ni configurar preferencias. Abres la aplicación y ya está. Eso es todo. Parece sencillo, ¿verdad? Pues ahí está precisamente estaba el reto.

Lo que hay por debajo

Cuando dices “no hay interacción” lo que en realidad estás diciendo es que toda la complejidad te la comes tú como diseñador y desarrollador. De ese modo la aplicación:

  1. Pide acceso a la geolocalización del dispositivo (el único momento en que el usuario tiene que hacer algo).
  2. Conecta con un servicio meteorológico externo para obtener datos en tiempo real.
  3. Procesa esos datos y los almacena en una base de datos para optimizar las consultas posteriores.
  4. Traduce la información meteorológica a recomendaciones de vestimenta, categorizadas por tipo de ropa, no por prendas específicas. Esto es importante: no te digo que te pongas una chaqueta Barbour, te digo que necesitas abrigo ligero. La libertad de elección sigue siendo del usuario.
  5. Detecta condiciones extremas: olas de calor, heladas o tormentas severas y añade recomendaciones de salud cuando corresponde.
Screenshot

Todo esto ocurre en décimas de segundo. Si tarda, falla. Si falla, no sirve.

Decisiones de diseño que importan

He trabajado bastante el estilo visual para que se parezca a lo que hace 37 Signals con sus productos: limpio, tipografía clara, jerarquía visual evidente, cero adornos innecesarios. La información más relevante como qué tiempo hace y qué ponerte, tiene que entrar por los ojos sin esfuerzo. Como cuchillo en mantequilla.

La localidad en la que está el usuario aparece siempre visible para eliminar la incertidumbre: sabes que la aplicación está funcionando correctamente porque te confirma dónde estás.

Un apunte sobre la decoración navideña: intenté añadir algunos elementos decorativos festivos y, siendo honesto, no me ha convencido el resultado. Pero tiene fecha de caducidad: el 7 de enero desaparece automáticamente, así que lo considero un experimento controlado. A veces iterar también significa saber cuándo has estirado demasiado el chicle y la cosa ha quedado un poco meh.

Screenshot

Lo que aprendes construyendo producto

Esta aplicación la hice con Lovable, y de lo que más satisfecho estoy es del resultado final como producto terminado. Funciona. No da errores. Hace exactamente lo que promete.

Pero para llegar ahí he tenido que entender y tomar decisiones sobre:

  • Arquitectura de la información: qué mostrar, en qué orden, con qué prioridad.
  • Integración con APIs externas: gestión de errores, tiempos de respuesta, fallbacks.
  • Persistencia de datos: cuándo guardar, cuándo consultar, cómo optimizar.
  • Diseño de interacción (o mejor dicho, de no interacción): anticiparte a lo que el usuario necesita sin preguntarle.
  • Diseño visual: coherencia, legibilidad, jerarquía.
  • Edge cases: ¿qué pasa si no hay conexión? ¿Y si el GPS falla? ¿Y si el servicio meteorológico no responde?

Esto es construir producto. No es sólo maquetar pantallas bonitas ni escribir código que funcione. Es el conjunto de decisiones que hacen que algo sea útil, fiable y, con suerte, agradable de usar.

Iré publicando más aplicaciones de esta serie. Algunas son más complejas, otras igual de simples pero con otros objetivos. Lo que tienen en común es que todas me han obligado a pensar como diseñador de producto, no sólo como alguien que escribe prompts para que una IA genere código.

Porque al final, las herramientas de Vibe Coding aceleran la ejecución, pero el criterio profesional sigue siendo insustituible.​​​​​​​​​​​​​​​​

Mi Top 10 de discos de 2025

A estas alturas de la película, quienes me seguís desde hace años ya sabéis que mi cabeza siempre tiene un pie en los 90. Me gusta lo que es real, lo que suena orgánico y lo que tiene groove.

Este 2025 ha sido un año curioso. He vuelto a los básicos. Mucho. He pasado horas con los cascos puestos saltando del bajo de UB40 (que para mí son sagrados pese a las estúpidas movidas entre los Campbell) al sonido sucio y directo de Nas y DJ Premier.

He montado una lista en Spotify con los 10 discos que más me han gustado estos meses. No es una lista de lo más escuchado, es lo que me ha gustado/sorprendido:

  • Nas & DJ Premier: Puro Nueva York de los 90 en pleno 2025. Sin filtros.
  • UB40: El disco UB45 es como volver a casa.
  • Fontaines D.C.: Ese rock británico que te mantiene despierto.
  • De La Soul: un clásico de entre los clásicos. Decir De La Soul es decir hip hop.
  • Chronixx: sonido con un rollo increíble. Groove lo llaman pero a mí lo que da es un buen rollo impresionante.
  • Loyle Carner: rapear sobre guitarras, bajos, pianos, pero que no parezca un rap. Tiene mucho mérito.
  • The Smile: no sabría cómo calificar el sonido, pero me viene a la cabeza algo como ecléctico, desde el reggae hasta lo experimental, pasando por lo intimista.
  • Clipse: hip hop de El Corte Inglés como definición. Bases premium pero nada excluyentes. Voces ortodoxas pero amables.
  • Idles: rock británico, con pocas concesiones, si me apuras hacia ritmos o sonidos que recuerdan al soul o al gospel. Pero no nos vengamos arriba, muy británico.
  • Jesse Royal: para cuando necesito el ritmo de Jamaica bien puesto.

Es una mezcla de géneros que, sobre el papel, igual no pegan mucho (indie, reggae, boom-bap), pero que para mí funciona. Al final, se trata de música con la que me siento cómodo.

Si os apetece escuchar algo que no sea más de lo mismo, os dejo por aquí el enlace a la lista.

Ambición

Llevo dieciocho años trabajando por mi cuenta. Empecé a finales de 2007, solo, con un ordenador y con la sensación, en el fondo, de que aquello era supervivencia. La verdad es que durante mucho tiempo no pensé que fuera otra cosa. Tenía trabajo, que ya era bastante, y me dedicaba a sacarlo adelante sin levantar demasiado la cabeza. En realidad bastante tenía con esa nueva etapa para mí que era trabajar por cuenta propia.

No tenía ambición. O quizá la tenía pero no me la creía. Que más o menos viene a ser lo mismo.

Con mis socios de Indonesia, México, Portugal y Japón. Goa, India, 2025

Cuando empecé a tener equipo, la inercia siguió, esa es la verdad. Mucho trabajo, aprender a gestionarlo, aprender a delegar, aprender a equivocarse y a seguir. Esa fue durante mucho tiempo la tónica de mi aventura emprendedora. Hubo también fracasos que dolieron. Pero también aprendizajes que se fueron quedando y que al final me doy cuenta que fueron construyendo algo que no sabía que estaba construyendo.

Ahora tengo un equipo de veinticinco personas. Veinticinco. Cada vez que lo escribo tengo que reconocer que casi me parece mentira. No porque sea un número enorme, que no lo es, sino porque nunca pensé que llegaría aquí. Me da un poco de pudor cuando cuento que toda esta aventura la he hecho a pulmón, sin financiación, generando cada euro que he invertido después. En todo este tiempo lo que he hecho ha sido ir caminando y un día levanté la cabeza y aquí estamos.

Pero 2026 es distinto. 2026 tiene nombre propio: ambición. No es que quiera más personas. Lo que quiero es más impacto. Quiero que mi equipo tenga más poder. Más aprendizaje. Más crecimiento. Y yo con ellos, porque esto no va de que yo crezca y los demás me sigan, sino de crecer juntos.

Tengo la sensación de que voy a conseguirlo. No porque sea optimista, que no lo soy especialmente, sino porque he dado con la tecla. Después de años de probar cosas, de equivocarme, de ajustar, es verdad que tengo la sensación de que ahora sé qué funciona y qué no. Al menos para nosotros.

Claro que estaría contando un cuento si no dijese que también hace falta suerte. Hace falta que las cosas salgan. Hace falta que no se jodan demasiadas cosas a la vez, que eso también pasa y cuando pasa hay que aguantar. Pero eso ya no es lo importante. Lo importante es tener claro el objetivo y el rumbo. Lo demás, ya he aprendido a gestionarlo.

Esto es lo que hay. Dieciocho años después. Iba a decir que el lunes toca seguir currando, pero no porque en Navidad cerramos. El día dos tocará volver a currar. 

Por qué 9 consultoras hemos decidido trabajar juntas

Hoy quiero hablar con un poco más de espacio sobre un proyecto profesional que ha visto la luz en este año que termina. DANOK, una red de empresas que en realidad es la construcción de una alternativa.

Llevo 15 años construyendo una consultora de diseño y experiencia de usuario. En ese tiempo me ha dado tiempo a ver de todo: el boom del diseño web, la explosión del móvil, la web 2.0, la llegada del design thinking a las salas de juntas, la popularización de la UX y ahora la irrupción de la inteligencia artificial. Pero hay algo que no ha cambiado, y es que las consultoras especializadas seguimos compitiendo en un mercado dominado por gigantes generalistas.

 Parte del equipo de dirección de DANOK en una sesión de trabajo en Zaragoza 

El dilema del cliente: comodidad generalista vs. excelencia especializada

Cuando una gran empresa necesita transformar su negocio digital, tiene dos opciones. La primera es contratar a una de las grandes consultoras (ya sabéis cuáles) que le ofrecerán un equipo de 40 personas, un generoso presupuesto de seis cifras y un enfoque generalista que intentará cubrir desde la estrategia hasta la implementación. La segunda es buscar consultoras especializadas, más pequeñas, que dominan de verdad su área pero que por separado no pueden ofrecer una solución integral.

El cliente acaba eligiendo a los grandes, para sorpresa de nadie. No porque sean mejores, sino porque es más cómodo. Hay un sólo interlocutor, un sólo contrato, una sola factura. El precio de esa comodidad muchas veces ha sido la mediocridad y es ampliamente conocido: equipos junior, altos, índices de rotación, metodologías genéricas, y ese PowerPoint de 200 páginas que nadie lee.

Hasta aquí no estoy descubriendo nada, simplemente estoy haciendo una descripción de hechos que quienes trabajamos en la agencias medianas/pequeñas conocemos muy bien.

Hace unos años, un grupo de esas consultoras especializadas decidimos que podíamos ofrecer algo diferente. No es una fusión, tampoco un holding, y menos una franquicia. Es algo así como una alianza operativa donde cada cual aporte excelencia en su área y todos trabajemos como un único equipo cuando el proyecto lo requiera.

¿Qué es DANOK? 9 empresas, un solo equipo

Hoy somos 9 consultoras. 40 millones de euros de facturación agregada. 500 profesionales. Y lo más importante: cada quien lidera un área donde nadie del grupo le hace sombra.

Somos muy buenos en muchas cosas. Estrategia y crecimiento. Marketing y captación. Tecnología y producto. Data y analítica. Operaciones. Infraestructura. Y sí, diseño de experiencia de usuario, que es lo mío. Cada bloque de actividad tiene un responsable claro. Cuando entra un proyecto que requiere varias disciplinas, montamos un equipo conjunto con gente que sabe de verdad lo que hace y a funcionar.

Pero que nadie se caliente porque no voy a romantizar el asunto. Coordinar 9 empresas independientes, con 9 culturas distintas y 9 CEOs con sus propias prioridades, es un ejercicio de paciencia y negociación constante.

Los retos de la gobernanza: no todo es fácil en una alianza de 9 CEOs

Hay fricciones. También hay debates sobre quién lidera qué y por supuesto hay momentos en los que uno piensa que sería más fácil ir por libre. Pero también hay algo que uno sabe que no se consigue en solitario: la capacidad de competir por proyectos que antes ni te planteabas, con clientes que antes ni te miraban.

Hemos tenido que definir reglas claras: quién es dueño del cliente cuando entra por una vía, cómo se reparte el trabajo, qué pasa si algo sale mal, cómo entramos juntos en una cuenta nueva sin pisarnos. Todo eso está escrito, acordado, y lo revisamos periódicamente. Estamos en un momento interesante. El ecosistema ya funciona, pero todavía estamos dándole forma. Hay decisiones de gobernanza por tomar, estructura jurídica que cerrar, y un mercado que todavía no sabe muy bien qué somos.

El futuro de la consultoría de transformación digital en España

Todo esto, en realidad, es una ventaja. Estamos construyendo algo de una dimensión que no tiene muchos referentes en España. Una red de consultoras especializadas que puede competir con las grandes sin dejar de ser lo que somos: empresas independientes, ágiles, con criterio propio.

No sé si funcionará a largo plazo porque no tengo una bola de cristal ni la fórmula mágica. Pero sé que el modelo de consultora generalista gigante tiene los días contados. Honestamente, prefiero estar construyendo la alternativa a esperar a que alguien la construya por mí. Y cuidado, eso no significa que las grandes empresas, las que realmente manejan un volumen relevante y no son las Big 4, no sean capaces de abordar proyectos de impacto con garantía. Aquí de lo que estoy hablando es de una forma de hacer, de una forma de coordinarse, y de que la gobernanza no mate la estadía de negocio ni la excelencia en el delivery.

DANOK es una red de 9 consultoras especializadas en transformación digital. Torresburriel Estudio es cofundador y responsable del área de diseño de experiencia de usuario.

El coste de la independencia

Ayer, día de Nochebuena, estuve toda la mañana enviando mensajes personalizados para felicitar la Navidad. No eran los típicos mensajes corporativos, sino que fueron notas a personas con las que normalmente solamente tengo un intercambio profesional. Pensé que era buena idea darle un toque más personal, aunque sólo fuera una vez al año.

Pues bien, la cosa es que uno de esos mensajes tuvo una respuesta que honestamente no esperaba. Me dijo que se alegraba de trabajar con alguien que pone sus principios por encima de otras cuestiones. Y que no era fácil encontrar gente así.

La verdad es que no supe muy bien qué responder. Pero fue el mejor regalo de Navidad que podía imaginar, las cosas como son.

Tener principios no es gratis. Nunca lo es, y es una lástima que sea así, pero es lo que hay. Aplicarlos siempre cuesta algo: un cliente que se va, una oportunidad que se cierra, lo que podría ser y no es, una conversación incómoda que otros prefieren evitar. No es postureo, precisamente porque escuece. El postureo es muy barato; los principios, no tanto.

A corto plazo, tener principios no es una buena idea. Si miramos sólo los próximos tres meses, pues me atrevo a decir que casi siempre es más rentable mirar hacia otro lado, decir que sí a todo o adaptarte a lo que toque sin rechistar, o sin intentar aplicar el criterio propio.

A largo plazo, la cosa cambia. Primero, duermes más tranquilo. Y eso, con los años, tiene un valor que no aparece en ninguna hoja de cálculo pero se nota en la calidad del sueño. Y también en el humor que a uno le contempla por las mañanas.

Segundo, no le debes nada a nadie. No hay favores que devolver, ni silencios que mantener, ni compromisos que te aten las manos. La independencia es muy cara, eso es algo que digo siempre y que reitero.

Tercero, tienes más libertad de movimiento. Puedes decir lo que piensas porque no hay nada que proteger más allá de lo que ya defiendes. Aunque todo esto no es infinito y tiene límites, sí que se nota bastante.

Y cuarto, y esto es lo que más me importa, puedes mirar a tu equipo a la cara con un discurso medianamente coherente. La transparencia no se predica sino que se practica.

No escribo esto para presumir. Escribo esto porque me lo recordaron ayer, y porque a veces necesitamos que nos lo recuerden. Hay que reconocer que se siente uno muy bien pero también se es mucho más consciente del precio que se paga.

Feliz Navidad.

Lo que Lovable busca en su equipo de diseño

Hace unos días, cuando supe que alguien iba a entrevistar a Nad Chishtie, responsable de diseño de Lovable, le sugerí que aprovechara para preguntarle sobre diversidad en el equipo. Es algo que me parece especialmente valorable en el vector de la edad. Es además un tema que me interesa particularmente porque en nuestra industria existe un sesgo importante que pocas veces se aborda con honestidad.

Una parte de la entrevista se ha publicado en Reddit, y aunque se pueden leer reflexiones valiosas sobre producto y gestión de equipos, mi pregunta no ha tenido respuesta. O no la incluyeron en el set list, o entendieron que no relevante incluirla. En cualquier caso, esa ausencia también dice algo.

Liderar diseño es tomar decisiones

Lo primero que destaca Nad es que buscan perfiles generalistas capaces de llevar un proyecto de principio a fin. Me ha flipado saber que en Lovable sólo hay un Product Manager, lo que significa que los diseñadores asumen una parte sustancial de la estrategia de producto: hablan con usuarios, acceden a los datos, deciden qué hay que construir y qué es susceptible de eliminar.

Hasta aquí todo bien, nada que objetar. Es un modelo que conozco bien y que en el contexto adecuado funciona. El problema desde mi punto de vista viene cuando leemos entre líneas.

Hay una cita del handbook de Lovable, según dice el autor, que me resulta fascinante:

You know you’re doing your job correctly when someone else tells you you’re stepping on their toes.

Es decir, sabes que estás haciendo bien tu trabajo cuando alguien te dice que le estás pisando. De momento suena a red flag de manual. Pero sigamos.

Entiendo la intención: fomentar la proactividad, que los diseñadores no se queden en su parcela. Pero hay que tener mucho cuidado con este tipo de frases porque si las elevamos a principio organizativo, pueden derivar en culturas donde la fricción permanente se normaliza y donde quien no pisa queda relegado. Me pregunto cuánto de esto es sostenible a largo plazo, especialmente para perfiles que no encajan en el arquetipo del profesional joven, disponible y sin cargas familiares.

Estrategia de gestión de talento

Aquí Nad hace una afirmación que comparto a medias:

I don’t really care so much about process… I’m going to trust that you used some process, and so we’ll find out more about that later when we talk.

Tiene razón en que muchos portfolios pecan de sobrevender el proceso, y a veces se siente que cada proyecto en un case study interminable que dice mucho y demuestra poco. Pero hay un matiz importante: el proceso no es sólo lo que haces, sino cómo piensas. Y eso, en una conversación de treinta minutos, se me antoja un poco complicado de evaluar.

Lo que sí me gusta, y mucho, es su énfasis en los side projects:

I put the exact same amount of weight on side projects.

No todo el mundo tiene la suerte de trabajar en productos con design systems pulidos y equipos bien dotados de presupuesto, tiempo y perfiles especializados. Un proyecto personal bien ejecutado puede demostrar más criterio y capacidad de decisión que tres años en una consultora donde te limitaban a ejecutar wireframes, por ejemplo.

Nad valora especialmente la calidad de las preguntas que hacen los candidatos en las entrevistas. En eso también estamos en la misma página porque lo considero un indicador de criterio muy importante.

Having a really strong point of view about the products that we’re building is the main thing, I’d say.

Aquí no puedo sino también estar muy de acuerdo. Llegar a una entrevista habiendo usado el producto, con opiniones formadas sobre el mercado y los competidores, es lo mínimo que debería esperarse de alguien que aspira a un puesto de diseño de producto. Lo contrario es como presentarse a un examen sin haber leído el temario. No solamente se queda muy mal si no se va con eso preparado, sino que además se pierden muchas opciones, por no decir casi todas, de continuar dentro de un proceso.

Falta de diversidad como debilidad estratégica

Y llegamos al punto que más me interesa. En toda la entrevista no hay una sola mención a la diversidad del equipo. La foto que acompaña al post muestra un grupo bastante homogéneo: jóvenes, aparentemente del mismo rango de edad, con una estética que ya conocemos.

No estoy diciendo que Lovable tenga un problema de diversidad. No tengo información suficiente para afirmarlo. Lo que sí digo es que cuando se habla de qué tipo de perfil profesional buscan, cuando se enfatiza la autonomía extrema, la disponibilidad para pisar a otros y la evaluación basada en primeras impresiones, se está describiendo un perfil muy concreto.

Nad pays close attention to his gut reaction in the first few seconds

Y ese perfil, queridas amigas y queridos amigos, por lo general, no incluye a profesionales de más de cuarenta años, personas con responsabilidades familiares, o gente que simplemente tiene una forma de trabajar más pausada y reflexiva.

El modelo de Lovable puede funcionar perfectamente para una startup en hipercrecimiento que necesita moverse rápido y romper cosas. Pero no es el único modelo válido, y desde luego no es el más sostenible a largo plazo.

Después de veinte años en esto he aprendido que los equipos más resilientes son los que tienen la voluntad política y el accionable de mezclar perfiles diversos: gente joven con energía y ganas de comerse el mundo, y profesionales con experiencia que ya han visto varias burbujas estallar. Unos aportan velocidad, otros aportan criterio. Y cuando solo tienes velocidad, tarde o temprano te la pegas.

Master of naming, o no

La verdad es que nunca me ha dado por apuntarme las distintas formas en las que la gente escribe el nombre de mi empresa. Y no hablo solamente de gente que no nos conoce personalmente, sino que hablo también de personas que nos conocen y, en alguna ocasión, incluso de gente que se unía al equipo en sus primeras semanas, por no hablar de las personas que me envían su candidatura para trabajar con nosotros y me cuentan lo mucho que admiran nuestro trabajo, pero el nombre de la empresa lo escriben de diferentes formas.

No les culpo, todo el mundo no tiene la misma motivación que yo para conocer mis apellidos, que en realidad es el nombre de mi empresa.

Pero bueno, más allá de eso, este post solamente tiene como intención contar esa anécdota, la de veces que veo el nombre escrito de formas de lo más variopintas.

Torres Burriel Studio
Torres Burriel
Estudio Torres Burriel
Torres Buriel
Torres Buriel Estudio


En fin, que eso me pasa por poner un nombre tan complicado.

El medio y el mensaje

Llevo compartiendo cosas en Internet desde 1997. No sé exactamente cuándo empecé a hacerlo con intención, pero sí recuerdo la máxima que me ha guiado todos estos años. La aprendí de David de Ugarte y viene a decir que, con todo lo que la comunidad te ha dado, lo mínimo que puedes hacer es compartir una pequeña parte de lo aprendido. Devolver algo. Contribuir a ese ecosistema del que te has nutrido.

Esa idea me ha acompañado en los blogs, en los tweets, en los comentarios, en las referencias cruzadas. He escrito pensando en quienes venían detrás, en quienes se enfrentaban a las mismas dudas que yo tuve, en quienes podían aprovechar un atajo que a mí me costó años descubrir. Y lo he hecho desde una escuela muy concreta: la del texto, la de la palabra escrita, la de la conversación asíncrona que se construye enlace a enlace.

Pero los tiempos han cambiado. Y yo, aunque me resista a admitirlo del todo, también.

Tenía casi treinta años cuando empecé a comunicar con cierta audiencia. Ahora tengo cincuenta y dos para cincuenta y tres. Aquella gente que me leía al principio ha cambiado, y hay muchísima gente nueva que se ha ido incorporando. Generaciones enteras que se han socializado en lo digital de formas que yo ni imaginaba. El vídeo corto, los shorts, los reels, lo visual como lenguaje dominante, la inmediatez, lo efímero. Todo eso es territorio que no domino. No me he criado ahí, no tengo el hábito, no me sale natural.

Y aquí viene la parte incómoda de admitir: me he quedado desactualizado. Desactualizado en la forma de comunicar, posiblemente en la forma de hablar, y no sé si también en la aproximación a lo que comparto. Porque una cosa es saber que debería estar en determinados canales y otra muy distinta es que el mensaje, la personalidad y la forma de comunicar hagan match con esos formatos.
Puedes estar en todas partes, pero no puedes estar de cualquier manera.

Sigo queriendo compartir. Sigo queriendo dinamizar esa comunidad de la que formo parte desde hace casi tres décadas. Pero tengo dudas. Muchas. ¿Merece la pena forzar una adaptación a formatos que me resultan ajenos? ¿Tiene sentido aparecer en canales donde no voy a poder ofrecer lo mejor de mí? ¿O es más honesto aceptar que mi lugar está en otro tipo de comunicación, aunque ese lugar tenga hoy menos alcance?

No tengo respuestas claras. Lo que sí tengo es la voluntad de seguir pensando en voz alta, de exponerme a la crítica y de escuchar a quienes tengan algo que decir al respecto.

Porque si algo he aprendido en todo este tiempo es que las mejores decisiones rara vez se toman en solitario.

Descargar Spotify

Una de las cosas que más me siguen impresionando de internet es la capacidad que tenemos los seres humanos para ser lo puto peor, pero a la vez, en paralelo, y siempre superando expectativas, la capacidad que tenemos para pensar que somos insustituibles. 

Me ha flipado esta mañana leer que la gente de Anna’s Archive han publicado una nota bastante extensa en la que cuentan que han descargado Spotify. Pero no, no la aplicación. Se han descargado toda la música de Spotify. Toda la música de Spotify, repito. Y lo explican con detalles, lo explican con mimo, con cariño, y de una manera bastante pedagógica.

Y no, no estaba para que nos lo descarguemos y busquemos nuestros discos favoritos, las listas que más nos gustan o descubramos música. O al menos de momento.

Declaración de principios

We backed up Spotify (metadata and music files). It’s distributed in bulk torrents (~300TB), grouped by popularity.

Esta gente cuenta cómo pone por delante su principio fundamental: preserving humanity’s knowledge and culture, y directamente se pone a ello. Cuentan cómo desde una perspectiva técnica han descubierto una forma de hacer scraping de Spotify a escala y entonces se han dado cuenta de que su principio fundamental les llamaba. Dicho y hecho.

A mí una de las cosas que más me han llamado la atención, y me ha gustado mucho, es que no han caído en lo fácil de poner a disposición de todo dios el catálogo de Spotify en varios torrents. Ese no es el motivo que les guía hacia una acción de este tipo, de este calado y de esta envergadura.

We saw a role for us here to build a music archive primarily aimed at preservation.

Y además, aclaran: 

This Spotify scrape is our humble attempt to start such a “preservation archive” for music. Of course Spotify doesn’t have all the music in the world, but it’s a great start.

Lo que nos dicen los datos

Algunos de los datos que comparten y me han dejado impresionado, porque nunca me había parado a pensar el alcance y el volumen del contenido de Spotify.

En cuanto a las pistas y sus metadatos:

Spotify has around 256 million tracks. This collection contains metadata for an estimated 99.9% of tracks.

Lo que tiene que ver con el volumen de archivos de música: 

We archived around 86 million music files, representing around 99.6% of listens. It’s a little under 300TB in total size.

En cuanto al primer criterio de ordenación que han elegido: 

We primarily used Spotify’s “popularity” metric to prioritize tracks. View the top 10,000 most popular songs in this HTML file (13.8MB gzipped).

En lo referido al volumen y alcancé, así como objetivo de esta iniciativa: 

This is the world’s first “preservation archive” for music which is fully open (meaning it can easily be mirrored by anyone with enough disk space).

O lo que es lo mismo, que nadie piense que aquí hay música para descargar. Esto es una base de datos de meta datos impresionante.

Habrá que seguir en la pista a esta iniciativa, porque, cuando menos, tiene muchos ingredientes para ser una referencia futura.

La sencillez es claridad

Hay algo que me parece que nos pasa a muchos cuando queremos promocionar lo que hacemos. Nos complicamos la vida sin necesidad.

Pensamos que para captar la atención de la audiencia hay que descubrir la rueda o el fuego. O, peor aún, inventar un concepto nuevo que suene sofisticado y nos coloque ese halo de experto que sabe cosas que tú no sabes. Y mira, puede que funcione. Pero también puede que estemos confundiendo complejidad con valor.

El caso es que he construido una experiencia gamificada para promocionar uno de nuestros productos. Y lo que he hecho ha sido exactamente lo contrario de lo que relatado al principio. He buscado:

  • Lo simple.
  • Lo obvio.
  • Lo entretenido.

Nada de grandes artificios. Conceptos útiles que tengan un accionable detrás, un aprendizaje real. Incluso que tengan algo que la gente se pueda llevar. Que vayan presentando el producto de manera escalonada, sin saturar, sin pretender impresionar.

Ese era el objetivo y la verdad es que lo he conseguido. Al menos es lo que a mis expectativas se refiere.

Otra cosa será que funcione, que a la gente le guste y que sirva para la conversión. Pero eso ya es otro debate. Y uno que no me quita el sueño ahora mismo, porque lo que valoro de este ejercicio es otra cosa.

Lo que más me ha gustado es que me ha obligado a pensar en el resultado final de manera radical, no tanto en cómo construirlo. He delegado el 100% de la construcción en Lovable. El cien por cien. Y estoy muy contento con el resultado.

Hay algo liberador en soltar el cómo para centrarte en el qué y el para qué. Es algo que tiene que ver con dejar uno de ser el que ejecuta para ser el que decide qué tiene sentido y qué no. No es que la ejecución no importe, porque claro que importa, y mucho, pero a veces nos ciega tanto que perdemos de vista lo básico: qué queremos conseguir y por qué.

La sencillez no es falta de ambición sino que se parece mucho más a la presencia de claridad.​​​​​​​​​​​​​​​​