Por qué el 70% de los proyectos de IA fracasan (y qué tiene que ver la experiencia de usuario)

He aceptado una invitación de Miguel Florido para participar en DSM IA 2026, un congreso online y gratuito que se celebra del 28 al 30 de abril, y que está dedicado íntegramente a la aplicación de la inteligencia artificial en empresa, marketing y herramientas. Me toca el primer día, el dedicado a IA para empresas, y voy a hablar de algo que me parece urgente y que casi nadie está poniendo encima de la mesa con la honestidad que desde mi punto de vista merece. El título de la charla es contundente a propósito: Por qué el 70% de los proyectos de IA fracasan y qué tiene que ver la experiencia de usuario.

Los datos no engañan, aunque incomoden

Entre el 70% y el 85% de las iniciativas de IA en empresa no alcanzan los resultados esperados. El 42% de las organizaciones ha abandonado la mayoría de sus proyectos de IA en 2025. Estas cifras circulan por informes de S&P Global, Gartner, RAND y otros tantos, y se han vuelto habituales. Y sin embargo, la conversación pública sigue instalada en el modo «esto lo cambia todo«.

Y lo cambia, sí. Pero no necesariamente para bien si no hacemos las preguntas correctas.

He pasado los últimos meses hablando de IA con direcciones de compañías de muy distinto tamaño. Y siempre, sin excepción, la conversación empieza con la misma frase:

Daniel, ¿qué hacemos con la IA?

No con un problema específico ni con una hipótesis. Más bien con confusión. Y eso ya es un dato.

Una parte del fracaso es tecnológica

La parte tecnológica del fracaso se diagnostica con relativa facilidad: integraciones que no funcionan, datos sucios, modelos que no se mantienen o costes operativos que se disparan. Hay literatura abundante y consultoras especializadas en eso.

La otra parte del fracaso, la que sale menos en LinkedIn 😈, es que nadie ha validado si eso funciona para las personas que lo van a usar.

Y aquí es donde la experiencia de usuario deja de ser un asunto de pantallitas y se convierte en una cuestión estratégica de primer orden. Porque puedes tener el mejor modelo del mundo, la mejor infraestructura y el mejor equipo de datos. Pero si las personas que tienen que usarlo no entienden qué hace, no confían en lo que devuelve, no saben cuándo desconfiar o no saben integrarlo en su trabajo, el proyecto está muerto antes de empezar.

Lo que voy a contar en DSM IA 2026

En la charla voy a defender una idea que llevamos tiempo trabajando en Torresburriel Estudio y que hemos sistematizado en seis estadios. No es un framework cerrado ni una metodología patentada. Es la consecuencia de aplicar lo que sabemos hacer (investigar con usuarios, diseñar producto, definir principios) al territorio específico de la IA en empresa. Lo llamamos AI Experience Suite y lo menciono porque es el armazón de todo lo que voy a explicar.

Hay algo importante que conviene aclarar antes de seguir: estos seis estadios no son una secuencia obligatoria. Cada organización entra por donde tiene el problema más urgente. Algunas necesitan empezar por el diagnóstico, otras tienen claro lo que quieren auditar, otras llegan con un problema de percepción que les están devolviendo sus propios usuarios y otras no lo saben. La modularidad no es una característica del producto, es una consecuencia de cómo aparecen los problemas en la realidad.

Las seis preguntas que toda dirección debería hacerse

1. ¿Está la organización preparada para esto? Se trata de una evaluación honesta del punto de partida. No de la tecnología, sino de la madurez organizativa, los procesos, la cultura y los datos. La mayoría de fracasos empieza aquí, en la asunción optimista de que estamos listos cuando no lo estamos. Esto tiene un punto catártico.

2. ¿Qué experiencia están teniendo las personas con la IA que ya hemos desplegado? Auditar lo que hay. Lo que existe. Lo que se está usando o, más frecuentemente, lo que no se está usando y por qué. Aquí aparecen sorpresas siempre.

3. ¿Cómo se nos ve y cómo se nos entiende? Visibilidad y percepción. Qué entienden los usuarios, los clientes y los empleados sobre nuestro uso de IA. Cuáles son sus expectativas. Qué temen. Esto no es marketing. Es el sustrato sobre el que se construye la confianza, que es el activo más caro y más frágil que tiene una empresa cuando habla de inteligencia artificial.

4. ¿Con qué principios diseñamos las experiencias con IA? Definir las guías. Cómo se comunica una IA en nuestros productos. De qué manera informa de su incertidumbre. Cómo permite el control humano. Cómo evita los patrones oscuros que la propia tecnología hace tan fáciles. Sin principios explícitos, cada equipo improvisa.

5. ¿Saben los equipos diseñar con IA? Hablo de los equipos de diseño, sí, pero también de producto, de negocio y de los perfiles que tienen que tomar decisiones sobre IA sin ser ingenieros de IA. Si no saben hacerse las preguntas correctas, no van a obtener respuestas útiles.

6. ¿Está la organización diseñada para esto? Es la capa final (la que más ampollas levanta). Cómo se gobiernan las decisiones, cómo se ubica la responsabilidad, qué roles aparecen, cuáles desaparecen y qué procesos cambian. La IA no es un plug-in que enchufas. Es una redefinición más o menos silenciosa de cómo trabaja la empresa.

Por qué esto importa más que el modelo de turno

Hay una conversación pública que se obsesiona con el modelo o la herramienta. Que si GPT, que si Claude, que si Gemini, que si el siguiente. Es una conversación legítima, pero es una conversación secundaria.

La conversación que de verdad mueve la aguja en empresa es otra: cómo conseguimos que esta tecnología sea útil para las personas concretas que la van a usar, en los contextos concretos en los que trabajan, con las restricciones reales que tienen. Y esa pregunta no la responde la ingeniería. La responde el diseño centrado en el usuario aplicado con rigor a este territorio nuevo.

Que no es nuevo del todo, por cierto. Es nuevo en lo tecnológico, sí. Pero las preguntas son las de siempre: ¿qué problema resolvemos? ¿Para quién? ¿Cómo sabemos que funciona? ¿Cómo iteramos? Lo que pasa es que cuando la tecnología parece magia, da pereza hacerlas. Y ahí es donde se cae el 70% de los proyectos.

Qué se va a llevar quien me escuche

Si todo va como espero, quien asista a la charla saldrá con tres cosas.

Primera, una mirada distinta sobre por qué fracasan los proyectos de IA, una que no se queda en lo técnico.

Segunda, un mapa mental con seis preguntas concretas que aplicar en su organización a partir del lunes siguiente.

Y tercera, la convicción de que aplicar metodología UX a la IA no es una sofisticación de consultor, es una decisión de supervivencia.

Si todo va peor, al menos habrán pasado 25 minutos sin oír otra vez que la IA va a cambiarlo todo, sin que nadie matice qué quiere decir eso. Que ya es algo.

Detalles prácticos

DSM IA 2026 es online y gratuito, así que no hay excusa para no asomarse. Mi intervención es el martes 28 de abril a las 16:00 CEST, dentro del bloque dedicado a IA para empresas.

Si trabajas en una organización que tiene proyectos de IA en marcha, o pensando en arrancarlos, te recomiendo asistir. Y si después quieres seguir la conversación, ya sabes dónde encontrarme. De estas conversaciones es de donde sale lo bueno.

Sistemas de diseño e inteligencia artificial

Es viernes y me iba a poner a preparar un artículo para este mi blog personal, comentando una experiencia de generación de un sistema de diseño y codificación con inteligencia artificial de sus componentes a través del fichero DESIGN.md.

Captura de pantalla de la versión Movil, de la web de Aragonia Design System

Pero es viernes por la tarde y en mi ha calado muy profundo aquella cosa de cuidarse uno mismo, de respetar el tiempo de descanso y de dejar descansar al cerebro. Es por eso que lo que voy a dejar aquí son un par de enlaces. Muy modesto todo, que nadie haga análisis sesudos porque mi objetivo aquí es simplemente divulgativo.

Pero es que hace semanas he venido trabajando en la creación de un sistema de diseño que me sirva como playground para actividades y pruebas posteriores. Lo he llamado Aragonia Design System, porque me apetece y porque me pone mucho dar visibilidad a todo lo que tiene que ver con Aragón. Quien me conocéis sabéis que soy aragonés, muy aragonés y mucho aragonés. Y hago gala de ello, siempre que tengo oportunidad.

Pero a lo que voy, que no me quiero desviar. Quien todavía tenga alguna duda acerca de el tremendo impacto de las herramientas de inteligencia artificial generativa en todo el ciclo de diseño centrado en el usuario, debería considerar su posición de manera urgente.

Todo esto que os cuento lo comparto después de haberlo compartido ya con mi equipo y después de haberlo implementado en la metodología de trabajo que seguimos para trabajar con clientes, siempre y cuando las circunstancias de contexto lo permitan. De esto último hablaré más adelante, porque tiene mucha chicha y seguramente hablaré en el blog de Estudio.

Por supuesto, todo el feedback será más que bien recibido.

Una nota personal sobre la actualidad

Se ha firmado el acuerdo de gobierno para Aragón. Como aragonés, deseo sinceramente que la legislatura sirva para mejorar la vida de la gente: la vivienda, la sanidad, la escuela rural, el agua, los regadíos, los cuidados. Ahí hay mucho trabajo que merece salir bien, y ojalá salga.

Y como ciudadano, deseo también que toda la acción de gobierno se desarrolle dentro del marco del Estatuto de Autonomía de Aragón, de la Constitución y de los derechos humanos, con el respeto a la convivencia como guía. Aunque suene muy manido, son las reglas que nos hemos dado entre todos, y son las que permiten que un gobierno sirva al interés general y no solo a una parte.

Suerte al nuevo Ejecutivo en lo primero. Y atención cívica, la de todos, en lo segundo.

La democracia es esto.

Y mañana, 23 de abril, es San Jorge. Día de Aragón. Entalto.

DANOK toma forma: aprender a construir en red

Hace unos días nos juntamos de nuevo los socios de DANOK. Esta vez en Burgos, en uno de esos encuentros presenciales que, con el tiempo, se han convertido en algo más que una reunión de trabajo: son el momento en el que el proyecto se hace tangible.

DANOK es una red de consultoras digitales independientes. Cada una con su historia, su equipo, su forma de trabajar. Y todas, de alguna manera, apostando por que colaborar tiene más sentido que competir cuando los retos son lo suficientemente grandes.

Socios de DANOK

No voy a contar estrategia ni decisiones concretas, porque hay cosas que pertenecen al espacio de trabajo y no al escaparate. Pero sí quiero compartir algunas reflexiones que me he llevado de esa jornada, porque creo que dicen algo útil sobre cómo se construye un proyecto de este tipo.

La coordinación no se improvisa, se trabaja

Una de las cosas que más me llama la atención de DANOK, en comparación con otras experiencias colaborativas que he visto de cerca, es el nivel de seriedad con el que sus socios se toman la gobernanza.

No hablo de burocracia, no. Hablo de tomarse el tiempo de acordar cómo se toman las decisiones, quién tiene voz, qué pasa cuando alguien no puede estar, cómo se reporta el avance. Cosas que en muchas redes informales se dejan en el aire y que, tarde o temprano, acaban generando fricción.

En esta reunión hemos avanzado en esa dirección. Hay estructuras que se van definiendo, roles que se van asumiendo y compromisos que se van poniendo por escrito. Nada de esto es glamuroso, pero es lo que hace que un proyecto colectivo no se disuelva en las primeras dificultades o se vaya a la cuneta en la primera curva.

Tomar decisiones sin tener toda la información

Otra cosa que me parece honesta reconocer es que estamos construyendo sobre la marcha. No en el sentido de que no haya planificación, sino en el de que hay preguntas que todavía no tienen respuesta y aun así hay que seguir avanzando.

¿Cómo gestionamos los conflictos de interés entre las empresas de cada socio y los proyectos conjuntos? ¿Qué modelo de participación funciona mejor a largo plazo? ¿Cómo medimos que esto está funcionando?

Estas preguntas han estado sobre la mesa. No todas se han resuelto, o no por completo (aún). Y eso, lejos de ser un problema, me parece una señal de madurez. Un proyecto que pretende tener todas las respuestas antes de haber andado el camino suele estar mintiendo o equivocándose de plano. Nosotros preferimos ser explícitos sobre lo que sabemos y sobre lo que no.

Lo que une a los socios de DANOK

Hay algo que sí me queda claro después de cada encuentro que tenemos: la afinidad entre los socios no es casual ni superficial. Somos empresas con trayectorias distintas, en ciudades distintas, con modelos de negocio que no son siempre similares. Pero compartimos una forma de entender el trabajo: con rigor, con honestidad hacia el cliente, con vocación de hacer las cosas bien aunque eso sea más lento o más costoso y con una alta vocación de servicio.

Eso, amigos, no se compra. Y es, en el fondo, la base sobre la que se puede construir algo muy sólido. La coordinación operativa se aprende pero la alineación de valores o está o no está. En DANOK está.

Un proyecto que apuesta por el medio plazo

Las redes de colaboración entre empresas independientes tienen una tendencia natural a funcionar bien en los momentos de oportunidad y a tensionarse cuando las cosas se complican. Lo he visto en otros contextos. La prueba de fuego no es la primera reunión con buenas intenciones, sino el décimo mes cuando hay que repartir un cliente difícil o cuando los intereses de dos socios no apuntan exactamente en la misma dirección.

Por eso me parece relevante que en DANOK estemos poniendo el foco, desde el principio, en los mecanismos que van a permitir gestionar esas situaciones. No porque esperemos que todo salga mal, sino porque anticipar los roces (que los habrá) es lo que permite que no se conviertan en destrozos mayores.

Es, en definitiva, la diferencia entre construir algo que dure y montar algo que quede bien en una PPT.

Seguimos. Y lo hacemos con ganas.

Escribir el día para no perderlo

Llevo bastante tiempo, desde octubre de 2025 ya, con la muy sana costumbre de escribir una nota al día. No es un informe ni un resumen ejecutivo. Una nota. Con lo que ha pasado, con lo que he pensado y con lo que me ha quedado pendiente. Al principio lo hacía de forma irregular, casi por impulso y como desahogo. Con el tiempo se ha convertido en una de las pocas prácticas de productividad que de verdad me han cambiado la manera de trabajar. Y no porque me haga más eficiente en el sentido clásico del término, sino porque me da algo que pocas herramientas ofrecen: contexto y retrospectiva.

Ilustración de Hugo Tobio

Por qué el diario de trabajo me funciona

La mayoría de los sistemas de gestión de tareas están diseñados para capturar lo que hay que hacer. Eso sí, está muy bien. La cuestión es que lo que no capturan bien es lo que ya ha pasado, cómo ha pasado y qué ha generado en uno mismo. Eso directamente se pierde. Y el hecho de que eso se pierda tiene un coste que no siempre se ve hasta que lo necesitas. Cuando escribo a modo de diario de trabajo lo que me ha pasado en el día, no sólo registro la actividad. Registro también mi estado. Y eso, en retrospectiva, vale mucho más que una lista de tareas completadas o un sensor de productividad. Un registro sin reflexión es un log. Un registro con reflexión es conocimiento. Así de simple.

La estructura que uso

En mi forma de llevar esto a la práctica no hay una estructura rígida, pero sí que hay un patrón que se repite. Cada entrada tiene tres capas que conviven sin orden fijo, ni necesariamente constante:

  • Arranque: escribo cómo empieza el día, qué hay encima de la mesa, qué me preocupa o qué me genera energía o dolor de cabeza. Esto me ayuda a enfocar antes de entrar en faena.
  • Registro de actividad: anoto lo que voy haciendo a lo largo de la jornada, no necesariamente de forma exhaustiva, pero siempre sino las cosas que me importan. Reuniones, decisiones, conversaciones, pensamientos, quejas e incluso lamentos.
  • Lista de tareas viva: incluyo una lista de lo que tengo previsto hacer o va surgiendo, y la voy completando o posponiendo a medida que avanza el día. No es un to-do list estático. Es un documento vivo.

Lo importante es que estas tres capas no están separadas en secciones distintas. Se mezclan, las mezclo. A veces anoto una tarea y justo debajo escribo por qué ha quedado sin hacer. Eso es exactamente lo que necesito saber cuando lo lea dentro de un tiempo.

El momento de escribir

Idealmente escribo en dos momentos: al principio de la jornada, para hacer algo así como activar el foco, y al final, para cerrar el día con algo de orden. Pero decir eso no es decir toda la verdad. Idealmente la cosa sería escribir en varios momentos a lo largo del día mientras los pensamientos van surgiendo. ¿Qué pasa? Pues que a veces el día me atropella y solamente me acuerdo de escribir al final de la jornada. Pero la práctica más valiosa, si tuviera que quedarme con una sola cosa, es la del arranque: escribir antes de abrir el correo, antes de mirar el calendario, antes de que el día me secuestre, porque si no uno ya sabe lo que termina pasando.

Tres o cuatro líneas bastan. No hace falta más para volver en el tiempo y entender qué estaba pensando ese lunes de marzo. Y la verdad es que funciona. Hay que hacer el esfuerzo de ser constante pero me funciona.

Qué herramienta usar

La herramienta importa menos de lo que parece. He pasado por varias y lo he ido contando por aquí: aplicaciones de notas nativas, editores de escritura larga, gestores de documentos. Siempre acabo volviendo a lo mismo: lo que importa es que sea rápida de abrir, fiable para no perder nada y que permita búsqueda. Todo lo demás es ruido.

Si no sabes por dónde empezar, usa la aplicación de notas que ya tienes en el móvil o en el ordenador. El formato es lo de menos. La consistencia y la constancia es lo único que importa.

Lo que me ha dado esta práctica

Puedo volver a cualquier semana de los últimos meses y entender qué estaba pasando. No sólo qué tareas tenia encima de la mesa, sino en qué estado mental estaba, qué decisiones tomé y por qué, qué conversaciones generaron qué consecuencias y qué tan estresado estaba. Eso no tiene precio cuando tienes que tomar decisiones en el presente que dependen de lo que aprendiste en el pasado.

También me ha dado algo más difícil de cuantificar: la sensación de que los días no se pierden. La sensación de que el trabajo que hago, aunque sea invisible para los demás, existe en algún sitio y tiene cierta continuidad.

Eso, para alguien que gestiona muchos frentes a la vez, es más útil que cualquier metodología de productividad que haya probado.

Lovable payments inicia sesión

Lo acabo de leer en Twitter gracias a Christian Van Der Herst y vengo por aquí a dejar una reseña de urgencia. Lovable Payments irrumpe en el ecosistema de aplicaciones de construcción de producto con inteligencia artificial y esto empieza a dejar de parecer una broma.

Screenshot

Bajo la promesa “describe lo que quieres vender. Pruebas con seguridad. Una conversación y puesta en producción”, hacen una apuesta brutal a casi cualquier plataforma que hoy en día esté asentada y consolidada como referente en comercio electrónico.

Por si no queda claro, lo describen paso a paso pero de forma extremadamente sencilla:

  • Set up a payments connection in one minute
  • Securely test changes and publish when ready
  • Ask Lovable questions about your payments data
  • VAT / sales tax and currency conversion handled for 200+ countries

Ya estoy deseando ver cómo funciona y probarlo, porque sobre la mesa resulta prometedor. Sobre todo porque el salto anunciado me parece cualitativo.

Ellos mismos cuentan que se puede integrar con Shopify, Paddle y Stripe.

https://twitter.com/Lovable/status/2043708202676568491/video/1

Confieso que por momentos me da un poco de vértigo y seguir estas novedades y me planteo si debería hacerlo. Hay una parte de mí que se lo pasa en grande revisando este contenido y viniendo aquí a contarlo para darle un poco de forma y analizarlo de manera que me sirva para comprender lo mejor, pero también para compartirlo. Pero por otro lado, a veces me pone un poco nervioso saber que tendría que dedicar muchísimo tiempo para poder hacer un trabajo sistematizado con todo este contenido y todo este material, que nunca deja de aparecer.

Cuatro meses con software europeo: balance de un experimento

En enero arranqué un experimento con software europeo. Quería probar si podía construir mi infraestructura digital personal sobre herramientas europeas: Vivaldi como navegador, Proton para correo y almacenamiento, Qwant como buscador. Lo planteé como un experimento acotado a mi vida personal, con la conciencia de que en lo profesional trabajo a diario con ecosistemas de Google, Meta y Amazon y no tiene sentido mezclar esas dos realidades. Cuatro meses después tengo cosas que contar. Algunas buenas. Otras menos. Y alguna sorpresa.

Ilustración de Hugo Tobio

Lo primero: el experimento se extendió solo

Lo que iba a ser estrictamente personal acabó cruzando la frontera hacia lo profesional casi sin que me diera cuenta. El motivo fue Vivaldi.

Vivaldi está construido sobre Chromium, el mismo motor que usa Google Chrome. Eso significa que es compatible al 99% con cualquier herramienta del ecosistema Google que uso en el trabajo. Sin fricciones, sin incompatibilidades raras, sin tener que volver a Chrome para nada concreto. Y a cambio, ganas privacidad real y una performance notablemente mejor, tanto en móvil como en tablet como en escritorio. El salto es evidente y medible.

Así que lo que empezó como un experimento personal se dobló en alcance. Vivaldi ya no es mi navegador personal. Es mi navegador, a secas.

Herramientas, usos y valoración

Antes de entrar en el análisis, aquí está el resumen de lo que he probado y cómo lo valoro desde la perspectiva de la experiencia de usuario. La escala es del 1 al 10, y es completamente subjetiva: refleja lo que yo he vivido usando estas herramientas de forma continuada.

HerramientaÁmbitoFunciónValoración UX (1-10)Nota
VivaldiPersonal + ProfesionalNavegador9El gran ganador del experimento
Proton VPNPersonal + ProfesionalVPN8Funciona bien, sin complicaciones
Proton PassPersonal + ProfesionalGestor de contraseñas7Muy bueno en uso cotidiano
Proton MailPersonalCorreo electrónico4Buena filosofía, mala ejecución
Proton DrivePersonalAlmacenamiento en la nube4Inconsistente entre dispositivos
QwantPersonalMotor de búsqueda3No ha funcionado para mí
StartpagePersonal + ProfesionalMotor de búsqueda6Mejor alternativa, pero Google sigue ganando

Lo que ha funcionado bien

Vivaldi es la herramienta del experimento. La gestión de pestañas por grupos es mejor que cualquier navegador que haya usado antes. Las notas integradas, la barra lateral personalizable, la velocidad. Todo funciona. El único pero que le puedo poner es que en alguna ocasión, de forma inexplicable, me ha perdido todos los grupos de pestañas. Un rollo. Pero compensa con creces.

Proton VPN hace lo que tiene que hacer sin que tengas que pensar mucho en ello. Transparente, estable, y da la tranquilidad que se le pide.

Proton Pass, el gestor de contraseñas, me ha sorprendido muy positivamente. La integración con el navegador es muy fluida y el uso en el día a día es casi invisible, que es exactamente lo que quiero de un gestor de contraseñas. Tiene sus limitaciones cuando la cantidad de elementos crece mucho y la organización no es la más sofisticada, pero para el uso habitual funciona bien.

Lo que no ha funcionado como esperaba

Aquí tengo que ser honesto, y eso implica reconocer cosas que no me gusta reconocer.

Proton Mail es una decepción desde la perspectiva de la experiencia. La filosofía detrás es impecable: cifrado de extremo a extremo por defecto, modelo de negocio transparente, sin monetización de tus datos. Todo eso está bien y lo sigo valorando. Pero el uso continuado pone de manifiesto fricciones que se acumulan y eso mina la experiencia. Configurarlo fuera de dispositivos móviles requiere un Bridge, que es una solución técnica que funciona pero que no es la más elegante del mundo. El cliente de correo no ofrece la mejor experiencia de usuario. Y la falta de integración fluida con contactos, calendario y almacenamiento en la nube es un problema que se hace un poco cuesta arriba cuando llevas meses usándolo.

El ecosistema importa, siempre. Apple Mail no es ninguna maravilla como aplicación de correo, pero la integración nativa con el calendario, los contactos y el almacenamiento de iCloud en todos mis dispositivos devuelve una consistencia que Proton no ha conseguido replicar. Y esa consistencia, cuando la pierdes, la echas de menos mucho más de lo que esperabas.

Proton Drive tampoco está a la altura. Para tareas básicas es cierto que cumple. Pero la experiencia no es consistente entre dispositivos, las funcionalidades son limitadas y la performance como aplicación es muy mejorable. Cualquier herramienta de almacenamiento con la que lo he comparado lo supera en experiencia de usuario.

Con Qwant algo fue mal desde el principio. Empecé a usarlo y me bloqueó el acceso. Supongo que algún sistema de seguridad me confundió con algo que no soy. Pero en realidad no importa mucho el motivo: si una herramienta te bloquea en las primeras semanas de uso, la relación arranca con mal pie. Me pasé a Startpage, que viene por defecto con Vivaldi y también es europeo. Funciona razonablemente bien. Pero tengo que reconocer que veinte años usando Google como buscador dejan una huella que no se borra con facilidad. La inercia es tremenda. Y en algunas búsquedas profesionales específicas, la relevancia de Google sigue siendo superior.

En la parte profesional he acabado usando Google como buscador porque la experiencia es mejor para lo que necesito. Con Vivaldi como navegador, al menos tengo la capa de protección en el cliente que me hace sentir razonablemente cómodo.

Qué queda del experimento después de cuatro meses

En la parte profesional, el balance es muy positivo. Vivaldi más Proton VPN más Proton Pass es una combinación sólida, compatible con el ecosistema Google y con una capa de privacidad que marca una diferencia real.

En la parte personal, tengo que reconocer que no he conseguido el nivel de experiencia que buscaba. La combinación de Safari y Apple Mail, con toda la integración del ecosistema Apple, me devuelve algo más fluido y consistente de lo que he logrado con el stack de Proton. Y eso me da un poco de bajón, porque no era lo que esperaba encontrarme al cabo de cuatro meses.

Pero bueno, esto es un experimento, y me comprometí conmigo mismo a dejar constancia de los avances. Este es uno de esos avances incómodos: a veces la realidad no confirma las hipótesis de partida. Y cuando eso pasa, lo más honesto es decirlo.

El experimento continúa. Este es un milestone, no el final. Veremos qué pasa en los próximos meses.

AI Experience Suite

Llevo toda la semana sin escribir nada en este blog. Pero absolutamente nada. Lo cierto es que he estado tan a gusto y lo he pasado también en los días de Semana Santa que la vuelta al trabajo ha sido un poquito dura y un poquito cuesta arriba.

AI Experience Suite

Pero está claro, clarísimo, que hay que retomar las costumbres que nos hacen mejores. En mi caso, escribir es una de esas actividades que me proporciona a veces dolores de cabeza, pero en la mayoría de las ocasiones supone un momento de pausa, de tranquilidad, de relajo, de mirar por el retrovisor, de tomar perspectiva, de decirle al síndrome del impostor que me deje en paz un rato, y de ponerme con el folio en blanco. O con la página en blanco.

Lo cierto es que en silencio merecido la pena, porque además de sufrir en la vuelta de vacaciones, he estado muy ocupado trabajando en un tema que me hace mucha ilusión contar y que además ha supuesto un chute de motivación espectacular. Motivación profesional, quiero decir.

Esto es sólo un anticipo

No me quiero extender mucho porque técnicamente lo haré en el blog de Torresburriel Estudio. Hoy simplemente dejo por aquí la landing de uno de los productos del Estudio que más ilusión me hace comentar: AI Experience Suite. O lo que es lo mismo, la receta para asegurar que la inversión en inteligencia artificial que todo el mundo está haciendo o está planificando, sea eficiente especialmente en términos de experiencia de usuario.

Insisto, los detalles técnicos los dejaré para la semana que viene en el blog del Estudio. Aquí solamente vengo a presumir de un proceso de trabajo con el equipo que ha sido intenso y muy reconfortante.

Ahora queda la parte de contarlo. Tengo cuatro conferencias en cuatro sitios distintos en los meses de abril y mayo. Y estamos ya a día nueve de abril.

Está la cosa muy entretenida, os lo aseguro.

Sonrisas genuinas

He elegido esta foto en la que salgo con mi amiga Carol, mi amiga Isa, mi amiga Pili y mi amigo Isaac. Creo que se puede advertir sin temor a que nadie se equivoque, que estamos contentos, a gusto, felices, pasando un buen rato. Son las sonrisas más auténticas y genuinas que nos podemos encontrar.

Como diría Amaral, son mis amigos.

Normalmente no suelo publicar contenido de este tipo, ni en mis redes, ni por supuesto en este blog, por muy personal que sea. Pero a veces merece mucho la pena pararse, observar y disfrutar de las instantáneas que reflejan momentos felices.

Este es uno de ellos.

El color y el olor de la paz

Es curioso, porque muchas veces dejamos de registrar los lugares como los colores y las percepciones sensoriales que nos llevan a sitios que nos gustan. Para mí, esta foto que veis, hecha en la casa del pueblo de mi familia, es el color de la paz. El olor no se puede transmitir por una foto, así que haced un ejercicio de fe y creedme.

Yo en paz. Así podría llamar a esta foto.

Hemos venido unos días por semana santa y gracias a Starlink, no precisamente a las infraestructuras ni del Gobierno de Aragón ni del Gobierno de España, ni de las operadoras telefónicas que aquí hacen negocio, puedo tener el Internet que me permite subir la foto y escribir este post.

Cosas de ser de las Cuencas Mineras de Teruel. Tenemos derecho a menos cosas, por lo que sea.

Pero bueno, que tampoco me quiero poner vinagres porque aquí se está muy bien, la paz y el silencio operan muy positivamente en el organismo, y aunque hace un frío que pela, sacaremos tiempo para hacer ejercicio, estar con los amigos y pasar unos buenos ratos.