Llevo dieciocho años trabajando por mi cuenta. Empecé a finales de 2007, solo, con un ordenador y con la sensación, en el fondo, de que aquello era supervivencia. La verdad es que durante mucho tiempo no pensé que fuera otra cosa. Tenía trabajo, que ya era bastante, y me dedicaba a sacarlo adelante sin levantar demasiado la cabeza. En realidad bastante tenía con esa nueva etapa para mí que era trabajar por cuenta propia.
No tenía ambición. O quizá la tenía pero no me la creía. Que más o menos viene a ser lo mismo.

Cuando empecé a tener equipo, la inercia siguió, esa es la verdad. Mucho trabajo, aprender a gestionarlo, aprender a delegar, aprender a equivocarse y a seguir. Esa fue durante mucho tiempo la tónica de mi aventura emprendedora. Hubo también fracasos que dolieron. Pero también aprendizajes que se fueron quedando y que al final me doy cuenta que fueron construyendo algo que no sabía que estaba construyendo.
Ahora tengo un equipo de veinticinco personas. Veinticinco. Cada vez que lo escribo tengo que reconocer que casi me parece mentira. No porque sea un número enorme, que no lo es, sino porque nunca pensé que llegaría aquí. Me da un poco de pudor cuando cuento que toda esta aventura la he hecho a pulmón, sin financiación, generando cada euro que he invertido después. En todo este tiempo lo que he hecho ha sido ir caminando y un día levanté la cabeza y aquí estamos.
Pero 2026 es distinto. 2026 tiene nombre propio: ambición. No es que quiera más personas. Lo que quiero es más impacto. Quiero que mi equipo tenga más poder. Más aprendizaje. Más crecimiento. Y yo con ellos, porque esto no va de que yo crezca y los demás me sigan, sino de crecer juntos.
Tengo la sensación de que voy a conseguirlo. No porque sea optimista, que no lo soy especialmente, sino porque he dado con la tecla. Después de años de probar cosas, de equivocarme, de ajustar, es verdad que tengo la sensación de que ahora sé qué funciona y qué no. Al menos para nosotros.
Claro que estaría contando un cuento si no dijese que también hace falta suerte. Hace falta que las cosas salgan. Hace falta que no se jodan demasiadas cosas a la vez, que eso también pasa y cuando pasa hay que aguantar. Pero eso ya no es lo importante. Lo importante es tener claro el objetivo y el rumbo. Lo demás, ya he aprendido a gestionarlo.
Esto es lo que hay. Dieciocho años después. Iba a decir que el lunes toca seguir currando, pero no porque en Navidad cerramos. El día dos tocará volver a currar.