Anotaciones sobre diseño, experiencia de usuario, liderazgo, user research, emprendimiento, escalado de equipos y negocios digitales.
Autor: torresburriel
Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.
10 de mayo de 2026. 31 años después de aquel 10 de mayo de 1995. Es difícil procesarlo. Tampoco hace falta que lo entienda todo el mundo porque estas cosas solamente quien es hincha de un club deportivo, cosa totalmente irracional, puede comprender.
Normalmente aquí escribo sobre mis cosas profesionales, pero también tienen que haber un espacio para esto. Porque esto también soy yo. Estar aquí pasando un rato de la mañana del domingo escribiendo, borrando, editando, pensándome tres veces lo que decir y sobre todo lo que no decir sobre un tema que para la mayoría de personas puede ser trivial, pero que para unos cuentos es importante, relevante y me atrevería a decir que por momentos es incluso nuclear.
Como dijo con mucha sabiduría un zaragocista, Jorge Valdano, el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes.
Hoy he hecho 600 kilómetros para estar en Bilbao. He salido de casa a las seis y media de la mañana y, mientras tomaba unas notas de voz para escribir este post, eran las cinco y veinte de la tarde. Venía de vuelta atascado a la entrada de Zaragoza. Lo cuento no porque tenga ningún mérito particular. Más bien porque creo que vale la pena explicar por qué uno hace este tipo de cosas y por qué las hace muy a gusto.
El auditorio estaba lleno hasta la bandera hasta el punto que he llegado justo de tiempo y me ha costado encontrar sitio. Eso ya dice tres cosas:
que hay interés por el B2B
que LIN3S tiene un tirón importante en el País Vasco
que cuando se trabaja bien y se trabaja durante años, la audiencia responde
Por qué he ido
La obligación de un partner es estar con sus socios, y también, o sobre todo, en los días de celebración. No solo cuando hay que resolver un problema o cerrar un proyecto. Acompañar también es eso: aparecer cuando toca aparecer, aunque suponga conducir 600 kilómetros en un día. Es una manera concreta de entender las relaciones profesionales que para mí no admite mucha discusión. Si tienes una alianza, la sostienes también con presencia. En el ADN de DANOK lo tenemos muy claro y lo predicamos con el ejemplo.
Después del evento he podido saludar a Iñaki, a Oiane, a Itziar, a Ana Santos, a la que hacía mucho que no veía, a Laura Carazo y a Nagore Frías de Workoholics, y he estado un buen rato charlando con Asier Barainca. Todo eso es la parte que sostiene una red profesional viva.
El contenido del estudio
El informe tiene varias lecturas que me han parecido especialmente interesantes.
La primera, sobre el propio B2B. Yo siempre he dicho lo mismo: cuando el consumo general flojea, hay que mirar el consumo entre empresas, y al revés. Son dos termómetros que se complementan y que ayudan a entender hacia dónde van las cosas. Soy fan declarado del B2B, no solo en marketing digital, que es donde trabaja sobre todo LIN3S, sino también en experiencia de usuario y en diseño. Es un sector menos vistoso, se luce menos, se muestra menos, y sin embargo el impacto que tiene es, en mi opinión, mayor que el del B2C. La factura que pasa la mala experiencia en un entorno B2B se cuenta en contratos perdidos y en procesos que no escalan, no en abandonos de carrito.
La segunda lectura interesante ha sido todo lo que ha aparecido alrededor de la inteligencia artificial: el estatus actual de la IA en contexto B2B, cómo las empresas la están adoptando o no, y cómo lo están haciendo los equipos. En algún momento alguien (creo que ha sido Oiane) ha dicho una frase que parece sencilla pero que tiene mucho fondo: «la inteligencia artificial viene con las personas«. Tiene que ver con la adopción, sí, pero también con la formación, con la capacitación, con la motivación y, sobre todo, con la visión. La IA no se instala, se incorpora (o no, claro).
Y la tercera, en la que Oiane ha hecho mucho hincapié y que me ha encantado (porque voy a tope con eso), es la importancia de la gobernanza. Es una conversación que en Torresburriel Estudio estamos teniendo cada vez con más clientes, sobre todo con aquellos en los que la IA empieza a ser un vector fundamental. Sin gobernanza lo que se genera es un caos que se descontrola, que se va de las manos, y que termina pasando factura en procesos, en estructura de equipos y en resultados. Toda esa capa de gobierno me parece hoy más relevante que la promesa de eficiencia, que llega después y solo si la gobernanza está resuelta.
Lo que me llevo
Me llevo tres cosas muy relevantes:
la satisfacción de haber visto disfrutar a unos socios con algo que han trabajado bien
la confirmación de que el B2B es un terreno que merece más atención de la que recibe
la certeza de que también es relevante desde la experiencia de usuario y el diseño de producto, donde tenemos algo concreto que aportar
Apoyamos este tipo de iniciativas, las hemos apoyado y las seguiremos apoyando. Si es de la mano de LIN3S, con más motivo. Cuidar a los partners no es un gesto, es una manera de trabajar.
Llevo un mes trabajando, a ratos sueltos, en un proyecto personal que no tiene ambición comercial. Se llama Mindful Journal y vive en mindful-journal.app. Es una aplicación para escribir, para pensar, para reflexionar, para darse tiempo y para cuidarse. A veces también para darse unos cuantos latigazos cuando toca, que tampoco se trata de un ejercicio constante de complacencia con uno mismo.
La he construido probando el framework de Replit y he aprendido bastante por el camino.
Por qué un diario
Tampoco es una idea original. Llevar un diario es una práctica con siglos de recorrido y la literatura sobre sus efectos en el bienestar emocional es abundante. Lo que me interesaba era otra cosa: si el acto de escribir, de detenerse a pensar y de revisar lo escrito en perspectiva tiene valor, ¿por qué la mayoría de aplicaciones que existen para esto se plantean o como redes sociales encubiertas, o como herramientas de productividad disfrazadas de bienestar?
Quería algo distinto. Una herramienta que parte de una convicción sencilla y muy personal: escribir sobre uno mismo hace bien. Sin terapia, sin programa estructurado, sin método infalible. Solo un espacio privado, seguro y propio, donde volcar pensamientos, registrar emociones y, con el tiempo, empezar a ver patrones que quizá nunca habías notado.
Vivimos en una cultura que mide, optimiza y acelera. Que pide resultados rápidos y visibles. Qué lío todo. El bienestar emocional no funciona así. No hay una guía de pasos ni hay un resultado que alcanzar en una fecha concreta. Uno lo va descubriendo con el uso, con el lápiz, con el silencio cuando toca silencio.
Los principios que he intentado mantener
He trabajado con cuatro principios de fondo, no como mantras sino como criterios para decidir.
El primero, bienestar, no rendimiento. No hay puntuaciones que mejorar, ni hay metas que cumplir, y por supuesto no hay rachas que defender. Escribir ya es el acto en sí. Si una decisión de diseño no contribuye a que la persona se siente, escriba y luego pueda revisar lo escrito, sobra.
El segundo, privacidad radical. Las entradas son del usuario. Solo del usuario. Sin anuncios, sin análisis externos, sin entrenamiento de modelos a costa de lo que la persona ha decidido confiar a la aplicación. Y sin la posibilidad de compartir. Esto se traduce en cumplimiento estricto de GDPR, declaración de accesibilidad, política de privacidad, aviso legal y un DPO real, que soy yo mismo a través de Torresburriel Estudio. Si una aplicación pretende ser un espacio seguro para volcar lo emocional, lo mínimo es que el marco legal acompañe.
El tercero, sin fricción. Abre, escribe y cierra. La herramienta tiene que desaparecer para que lo que quede sea la persona y lo que ha escrito. He pensado en esto al diseñar las prompts de escritura, que aparecen en el idioma elegido por el usuario, son rotativas y están redactadas para invitar, no para imponer. Y también al decidir que la página de resultados deje de ser scroll infinito a partir de los diez registros, porque en una aplicación que pretende reducir la ansiedad, el scroll infinito es enemigo declarado.
El cuarto, autenticación seria. He decidido que la entrada se hace mediante Google OAuth. Soy consciente de que esto deja fuera a quien no tiene o no quiere usar una cuenta de Google. Lo he sopesado. La alternativa habría sido construir un sistema de autenticación propio, con su recuperación de contraseñas, sus correos transaccionales y las incidencias de soporte. Un rollo que ahora mismo no he querido afrontar. Para un proyecto personal y para una aplicación cuyo valor reside en la confianza, he preferido apoyarme en un mecanismo robusto antes que improvisar uno inferior.
El agradecimiento como ancla
Hay una pieza que me parece central y que merece párrafo aparte: la nota de gratitud.
No la he metido como obligación, sino como invitación. La investigación en psicología positiva lleva décadas documentando el efecto del agradecimiento en el estado de ánimo, la resiliencia y la capacidad de atención plena. Y en una aplicación de escritura reflexiva, dejar fuera ese ángulo habría sido empobrecer mucho el producto.
Anotar aquello por lo que uno agradece, algo pequeño, algo cotidiano, no cambia la realidad. Pero hace algo mejor: entrena la mirada. Y una mirada entrenada en lo que sí hay, en lugar de en lo que falta, transforma poco a poco la experiencia de estar. La sección de análisis recoge los agradecimientos en perspectiva, porque revisarlos en bloque, semanas después de haberlos escrito, tiene un efecto distinto y complementario al de escribirlos en el momento.
Lo que ha pasado por el camino
He iterado sobre el producto en sesiones cortas, prácticamente todas a través de prompting con la herramienta. He pedido cosas concretas y he ido revisando lo que la herramienta entregaba. Hasta ahí todo normal. Hasta me he quedado sin tokens. El mundo moderno.
Algunas iteraciones han sido de fondo. Por ejemplo, el momento en el que decidí que la aplicación tuviera registro de usuarios y persistencia de datos por persona, en lugar del estado público inicial. O cuando trasladé el dominio personalizado y descubrí, tras hacer login, que los datos previos no estaban accesibles desde el nuevo dominio, lo que me obligó a entender bien cómo se gestiona la migración de bases de datos en este tipo de despliegues.
Otras iteraciones han sido de detalle pero para mi igual de relevantes:
Que los prompts de escritura aparezcan en el idioma del usuario y no solo en inglés.
Que el footer recoja con claridad el aviso legal, la declaración de accesibilidad, la política de privacidad y la información sobre el autor y el proyecto.
Que el diseño visual tenga un sesgo más europeo, con predominio de azules y sans serif para lo que dirige la acción, en lugar de la convención cómoda de pasteles y tipografías redondeadas que tanto abunda en aplicaciones de bienestar.
Qué he aprendido construyéndola
He aprendido que el framework de Replit es razonablemente potente para llevar una idea a producto sin tener que ensamblar veinte herramientas distintas. También que sigue y seguirá habiendo decisiones que requieren criterio profesional y que ninguna herramienta toma por ti: qué arquitectura de información tiene sentido, qué piezas legales son obligatorias y cuáles convenientes, cuándo un módulo es funcionalidad y cuándo es ruido.
He vuelto a comprobar, una vez más, que vibe coding sin criterio es vibe coding sin destino. La herramienta acelera pero, de momento, no decide. La diferencia entre un producto digno y uno mediocre sigue estando en quién decide qué se construye, para quién y por qué.
Y he confirmado lo que ya intuía: que construir cosas pequeñas, con intención y para uno mismo, sigue siendo una de las formas más honestas de aprender. No hay informe de cliente, ni tablero de KPIs, ni revisión de stakeholders. Solo la pregunta, repetida cada vez que tomas una decisión, de si esto que estás haciendo merece la pena.
Mindful Journal no pretende estar terminado, no creo que lo esté. Es como el propio proceso de conocerse a uno mismo, está en construcción permanente. Se nutre de la experiencia de quienes lo usan, de lo que se echa en falta, de lo que sobra. Es una aplicación para parar. Construirla ha sido, paradójicamente, una forma de no parar de pensar.
Hay gente que lleva años haciendo algo que parece sencillo y no lo es: leer mucho, filtrar con criterio y compartir lo que merece la pena. Es una suerte de curación de contenidos profesional sin pedir nada a cambio. Son personas que, de un modo u otro, enseñan sin cobrar por ello.
Llevo más de veinte años siguiendo la lista de correo de Laura Carlson. Cuando las tecnologías web eran territorio de pioneros y la información relevante estaba dispersa en mil sitios que no sabíamos cómo localizar, Laura ya estaba ahí, semana tras semana, recopilando lo que importaba sobre accesibilidad y desarrollo web. No fallaba. No se cansaba. Su constancia fue, para mucha gente de mi generación, una forma de educación continua a la que nunca pusimos precio porque nunca tuvo precio. Y sigue siendo una referencia indiscutible precisamente por eso: por la constancia.
Ilustración del siempre genial y generoso Hugo Tobio
Esa clase de generosidad me parece una de las formas más puras de contribución profesional. No espectacular, no viral, no gamificada. Solo trabajo bien hecho, repetido semana a semana durante años.
Pues bien, hoy quiero hacer público un agradecimiento parecido, aunque en otro dominio.
Quique Aparisi publica regularmente en LinkedIn una selección de sus favoritos de la semana sobre datos, digital, ecommerce y moda. Quien le siga sabrá de qué hablo. Una lista de enlaces con criterio, sin florituras, sin agenda oculta ni movidas raras. Fuentes de primera línea mezcladas con voces más locales y especializadas, informes de McKinsey junto a posts de juniors del sector, contenido en inglés y en español, todo bajo el mismo criterio de utilidad real. De nuevo, curación de contenidos profesional a disposición de la comunidad. No me digáis que no es bonito esto.
Quique lleva más de catorce años trabajando en analítica de datos, estrategia de audiencias y ecommerce en empresas multinacionales. Actualmente lo hace en José Luis Joyerías como Chief Digital Officer. Lo que comparte no es el resultado de una búsqueda superficial: refleja la mirada de alguien que trabaja todos los días con esa materia y sabe distinguir lo sustancial del ruido.
En 2026 eso tiene un valor estratégico específico que conviene nombrar.
La curación de contenidos de calidad es, en ese sentido, un acto de resistencia discreta frente a la sobreabundancia de información. No es la persona que grita más alto. Es la que lee más y comparte mejor.
Me gusta pensar que existe una especie de linaje informal entre las personas que hacen esto bien. Laura Carlson fue, para muchos de nosotros, la primera demostración de que se podía aprender profesionalmente siguiendo a alguien con buen ojo y generosidad para compartirlo. Quique es, en su dominio, un heredero legítimo de esa actitud.
El dominio es diferente. La plataforma es diferente. Pero la lógica es la misma: alguien con conocimiento decide invertir tiempo en ordenarlo y regalarlo. Y eso, multiplicado por semanas y por años, construye algo que no tiene fácil traducción en métricas de negocio pero que todos los que lo reciben saben que vale.
Así que gracias, Quique. Por la selección, por el criterio y por la constancia. Que es, al final, lo que distingue a los que de verdad enseñan.
He aceptado una invitación de Miguel Florido para participar en DSM IA 2026, un congreso online y gratuito que se celebra del 28 al 30 de abril, y que está dedicado íntegramente a la aplicación de la inteligencia artificial en empresa, marketing y herramientas. Me toca el primer día, el dedicado a IA para empresas, y voy a hablar de algo que me parece urgente y que casi nadie está poniendo encima de la mesa con la honestidad que desde mi punto de vista merece. El título de la charla es contundente a propósito: Por qué el 70% de los proyectos de IA fracasan y qué tiene que ver la experiencia de usuario.
Y lo cambia, sí. Pero no necesariamente para bien si no hacemos las preguntas correctas.
He pasado los últimos meses hablando de IA con direcciones de compañías de muy distinto tamaño. Y siempre, sin excepción, la conversación empieza con la misma frase:
Daniel, ¿qué hacemos con la IA?
No con un problema específico ni con una hipótesis. Más bien con confusión. Y eso ya es un dato.
Una parte del fracaso es tecnológica
La parte tecnológica del fracaso se diagnostica con relativa facilidad: integraciones que no funcionan, datos sucios, modelos que no se mantienen o costes operativos que se disparan. Hay literatura abundante y consultoras especializadas en eso.
La otra parte del fracaso, la que sale menos en LinkedIn 😈, es que nadie ha validado si eso funciona para las personas que lo van a usar.
Y aquí es donde la experiencia de usuario deja de ser un asunto de pantallitas y se convierte en una cuestión estratégica de primer orden. Porque puedes tener el mejor modelo del mundo, la mejor infraestructura y el mejor equipo de datos. Pero si las personas que tienen que usarlo no entienden qué hace, no confían en lo que devuelve, no saben cuándo desconfiar o no saben integrarlo en su trabajo, el proyecto está muerto antes de empezar.
Lo que voy a contar en DSM IA 2026
En la charla voy a defender una idea que llevamos tiempo trabajando en Torresburriel Estudio y que hemos sistematizado en seis estadios. No es un framework cerrado ni una metodología patentada. Es la consecuencia de aplicar lo que sabemos hacer (investigar con usuarios, diseñar producto, definir principios) al territorio específico de la IA en empresa. Lo llamamos AI Experience Suite y lo menciono porque es el armazón de todo lo que voy a explicar.
Hay algo importante que conviene aclarar antes de seguir: estos seis estadios no son una secuencia obligatoria. Cada organización entra por donde tiene el problema más urgente. Algunas necesitan empezar por el diagnóstico, otras tienen claro lo que quieren auditar, otras llegan con un problema de percepción que les están devolviendo sus propios usuarios y otras no lo saben. La modularidad no es una característica del producto, es una consecuencia de cómo aparecen los problemas en la realidad.
Las seis preguntas que toda dirección debería hacerse
1. ¿Está la organización preparada para esto? Se trata de una evaluación honesta del punto de partida. No de la tecnología, sino de la madurez organizativa, los procesos, la cultura y los datos. La mayoría de fracasos empieza aquí, en la asunción optimista de que estamos listos cuando no lo estamos. Esto tiene un punto catártico.
2. ¿Qué experiencia están teniendo las personas con la IA que ya hemos desplegado? Auditar lo que hay. Lo que existe. Lo que se está usando o, más frecuentemente, lo que no se está usando y por qué. Aquí aparecen sorpresas siempre.
3. ¿Cómo se nos ve y cómo se nos entiende? Visibilidad y percepción. Qué entienden los usuarios, los clientes y los empleados sobre nuestro uso de IA. Cuáles son sus expectativas. Qué temen. Esto no es marketing. Es el sustrato sobre el que se construye la confianza, que es el activo más caro y más frágil que tiene una empresa cuando habla de inteligencia artificial.
4. ¿Con qué principios diseñamos las experiencias con IA? Definir las guías. Cómo se comunica una IA en nuestros productos. De qué manera informa de su incertidumbre. Cómo permite el control humano. Cómo evita los patrones oscuros que la propia tecnología hace tan fáciles. Sin principios explícitos, cada equipo improvisa.
5. ¿Saben los equipos diseñar con IA? Hablo de los equipos de diseño, sí, pero también de producto, de negocio y de los perfiles que tienen que tomar decisiones sobre IA sin ser ingenieros de IA. Si no saben hacerse las preguntas correctas, no van a obtener respuestas útiles.
6. ¿Está la organización diseñada para esto? Es la capa final (la que más ampollas levanta). Cómo se gobiernan las decisiones, cómo se ubica la responsabilidad, qué roles aparecen, cuáles desaparecen y qué procesos cambian. La IA no es un plug-in que enchufas. Es una redefinición más o menos silenciosa de cómo trabaja la empresa.
Por qué esto importa más que el modelo de turno
Hay una conversación pública que se obsesiona con el modelo o la herramienta. Que si GPT, que si Claude, que si Gemini, que si el siguiente. Es una conversación legítima, pero es una conversación secundaria.
La conversación que de verdad mueve la aguja en empresa es otra: cómo conseguimos que esta tecnología sea útil para las personas concretas que la van a usar, en los contextos concretos en los que trabajan, con las restricciones reales que tienen. Y esa pregunta no la responde la ingeniería. La responde el diseño centrado en el usuario aplicado con rigor a este territorio nuevo.
Que no es nuevo del todo, por cierto. Es nuevo en lo tecnológico, sí. Pero las preguntas son las de siempre: ¿qué problema resolvemos? ¿Para quién? ¿Cómo sabemos que funciona? ¿Cómo iteramos? Lo que pasa es que cuando la tecnología parece magia, da pereza hacerlas. Y ahí es donde se cae el 70% de los proyectos.
Qué se va a llevar quien me escuche
Si todo va como espero, quien asista a la charla saldrá con tres cosas.
Primera, una mirada distinta sobre por qué fracasan los proyectos de IA, una que no se queda en lo técnico.
Segunda, un mapa mental con seis preguntas concretas que aplicar en su organización a partir del lunes siguiente.
Y tercera, la convicción de que aplicar metodología UX a la IA no es una sofisticación de consultor, es una decisión de supervivencia.
Si todo va peor, al menos habrán pasado 25 minutos sin oír otra vez que la IA va a cambiarlo todo, sin que nadie matice qué quiere decir eso. Que ya es algo.
Detalles prácticos
DSM IA 2026 es online y gratuito, así que no hay excusa para no asomarse. Mi intervención es el martes 28 de abril a las 16:00 CEST, dentro del bloque dedicado a IA para empresas.
Si trabajas en una organización que tiene proyectos de IA en marcha, o pensando en arrancarlos, te recomiendo asistir. Y si después quieres seguir la conversación, ya sabes dónde encontrarme. De estas conversaciones es de donde sale lo bueno.
Es viernes y me iba a poner a preparar un artículo para este mi blog personal, comentando una experiencia de generación de un sistema de diseño y codificación con inteligencia artificial de sus componentes a través del fichero DESIGN.md.
Pero es viernes por la tarde y en mi ha calado muy profundo aquella cosa de cuidarse uno mismo, de respetar el tiempo de descanso y de dejar descansar al cerebro. Es por eso que lo que voy a dejar aquí son un par de enlaces. Muy modesto todo, que nadie haga análisis sesudos porque mi objetivo aquí es simplemente divulgativo.
Pero es que hace semanas he venido trabajando en la creación de un sistema de diseño que me sirva como playground para actividades y pruebas posteriores. Lo he llamado Aragonia Design System, porque me apetece y porque me pone mucho dar visibilidad a todo lo que tiene que ver con Aragón. Quien me conocéis sabéis que soy aragonés, muy aragonés y mucho aragonés. Y hago gala de ello, siempre que tengo oportunidad.
Pero a lo que voy, que no me quiero desviar. Quien todavía tenga alguna duda acerca de el tremendo impacto de las herramientas de inteligencia artificial generativa en todo el ciclo de diseño centrado en el usuario, debería considerar su posición de manera urgente.
Todo esto que os cuento lo comparto después de haberlo compartido ya con mi equipo y después de haberlo implementado en la metodología de trabajo que seguimos para trabajar con clientes, siempre y cuando las circunstancias de contexto lo permitan. De esto último hablaré más adelante, porque tiene mucha chicha y seguramente hablaré en el blog de Estudio.
Por supuesto, todo el feedback será más que bien recibido.
Se ha firmado el acuerdo de gobierno para Aragón. Como aragonés, deseo sinceramente que la legislatura sirva para mejorar la vida de la gente: la vivienda, la sanidad, la escuela rural, el agua, los regadíos, los cuidados. Ahí hay mucho trabajo que merece salir bien, y ojalá salga.
Y como ciudadano, deseo también que toda la acción de gobierno se desarrolle dentro del marco del Estatuto de Autonomía de Aragón, de la Constitución y de los derechos humanos, con el respeto a la convivencia como guía. Aunque suene muy manido, son las reglas que nos hemos dado entre todos, y son las que permiten que un gobierno sirva al interés general y no solo a una parte.
Suerte al nuevo Ejecutivo en lo primero. Y atención cívica, la de todos, en lo segundo.
La democracia es esto.
Y mañana, 23 de abril, es San Jorge. Día de Aragón. Entalto.
Hace unos días nos juntamos de nuevo los socios de DANOK. Esta vez en Burgos, en uno de esos encuentros presenciales que, con el tiempo, se han convertido en algo más que una reunión de trabajo: son el momento en el que el proyecto se hace tangible.
DANOK es una red de consultoras digitales independientes. Cada una con su historia, su equipo, su forma de trabajar. Y todas, de alguna manera, apostando por que colaborar tiene más sentido que competir cuando los retos son lo suficientemente grandes.
Socios de DANOK
No voy a contar estrategia ni decisiones concretas, porque hay cosas que pertenecen al espacio de trabajo y no al escaparate. Pero sí quiero compartir algunas reflexiones que me he llevado de esa jornada, porque creo que dicen algo útil sobre cómo se construye un proyecto de este tipo.
La coordinación no se improvisa, se trabaja
Una de las cosas que más me llama la atención de DANOK, en comparación con otras experiencias colaborativas que he visto de cerca, es el nivel de seriedad con el que sus socios se toman la gobernanza.
No hablo de burocracia, no. Hablo de tomarse el tiempo de acordar cómo se toman las decisiones, quién tiene voz, qué pasa cuando alguien no puede estar, cómo se reporta el avance. Cosas que en muchas redes informales se dejan en el aire y que, tarde o temprano, acaban generando fricción.
En esta reunión hemos avanzado en esa dirección. Hay estructuras que se van definiendo, roles que se van asumiendo y compromisos que se van poniendo por escrito. Nada de esto es glamuroso, pero es lo que hace que un proyecto colectivo no se disuelva en las primeras dificultades o se vaya a la cuneta en la primera curva.
Tomar decisiones sin tener toda la información
Otra cosa que me parece honesta reconocer es que estamos construyendo sobre la marcha. No en el sentido de que no haya planificación, sino en el de que hay preguntas que todavía no tienen respuesta y aun así hay que seguir avanzando.
¿Cómo gestionamos los conflictos de interés entre las empresas de cada socio y los proyectos conjuntos? ¿Qué modelo de participación funciona mejor a largo plazo? ¿Cómo medimos que esto está funcionando?
Estas preguntas han estado sobre la mesa. No todas se han resuelto, o no por completo (aún). Y eso, lejos de ser un problema, me parece una señal de madurez. Un proyecto que pretende tener todas las respuestas antes de haber andado el camino suele estar mintiendo o equivocándose de plano. Nosotros preferimos ser explícitos sobre lo que sabemos y sobre lo que no.
Lo que une a los socios de DANOK
Hay algo que sí me queda claro después de cada encuentro que tenemos: la afinidad entre los socios no es casual ni superficial. Somos empresas con trayectorias distintas, en ciudades distintas, con modelos de negocio que no son siempre similares. Pero compartimos una forma de entender el trabajo: con rigor, con honestidad hacia el cliente, con vocación de hacer las cosas bien aunque eso sea más lento o más costoso y con una alta vocación de servicio.
Eso, amigos, no se compra. Y es, en el fondo, la base sobre la que se puede construir algo muy sólido. La coordinación operativa se aprende pero la alineación de valores o está o no está. En DANOK está.
Un proyecto que apuesta por el medio plazo
Las redes de colaboración entre empresas independientes tienen una tendencia natural a funcionar bien en los momentos de oportunidad y a tensionarse cuando las cosas se complican. Lo he visto en otros contextos. La prueba de fuego no es la primera reunión con buenas intenciones, sino el décimo mes cuando hay que repartir un cliente difícil o cuando los intereses de dos socios no apuntan exactamente en la misma dirección.
Por eso me parece relevante que en DANOK estemos poniendo el foco, desde el principio, en los mecanismos que van a permitir gestionar esas situaciones. No porque esperemos que todo salga mal, sino porque anticipar los roces (que los habrá) es lo que permite que no se conviertan en destrozos mayores.
Es, en definitiva, la diferencia entre construir algo que dure y montar algo que quede bien en una PPT.
Llevo bastante tiempo, desde octubre de 2025 ya, con la muy sana costumbre de escribir una nota al día. No es un informe ni un resumen ejecutivo. Una nota. Con lo que ha pasado, con lo que he pensado y con lo que me ha quedado pendiente. Al principio lo hacía de forma irregular, casi por impulso y como desahogo. Con el tiempo se ha convertido en una de las pocas prácticas de productividad que de verdad me han cambiado la manera de trabajar. Y no porque me haga más eficiente en el sentido clásico del término, sino porque me da algo que pocas herramientas ofrecen: contexto y retrospectiva.
La mayoría de los sistemas de gestión de tareas están diseñados para capturar lo que hay que hacer. Eso sí, está muy bien. La cuestión es que lo que no capturan bien es lo que ya ha pasado, cómo ha pasado y qué ha generado en uno mismo. Eso directamente se pierde. Y el hecho de que eso se pierda tiene un coste que no siempre se ve hasta que lo necesitas. Cuando escribo a modo de diario de trabajo lo que me ha pasado en el día, no sólo registro la actividad. Registro también mi estado. Y eso, en retrospectiva, vale mucho más que una lista de tareas completadas o un sensor de productividad. Un registro sin reflexión es un log. Un registro con reflexión es conocimiento. Así de simple.
La estructura que uso
En mi forma de llevar esto a la práctica no hay una estructura rígida, pero sí que hay un patrón que se repite. Cada entrada tiene tres capas que conviven sin orden fijo, ni necesariamente constante:
Arranque: escribo cómo empieza el día, qué hay encima de la mesa, qué me preocupa o qué me genera energía o dolor de cabeza. Esto me ayuda a enfocar antes de entrar en faena.
Registro de actividad: anoto lo que voy haciendo a lo largo de la jornada, no necesariamente de forma exhaustiva, pero siempre sino las cosas que me importan. Reuniones, decisiones, conversaciones, pensamientos, quejas e incluso lamentos.
Lista de tareas viva: incluyo una lista de lo que tengo previsto hacer o va surgiendo, y la voy completando o posponiendo a medida que avanza el día. No es un to-do list estático. Es un documento vivo.
Lo importante es que estas tres capas no están separadas en secciones distintas. Se mezclan, las mezclo. A veces anoto una tarea y justo debajo escribo por qué ha quedado sin hacer. Eso es exactamente lo que necesito saber cuando lo lea dentro de un tiempo.
El momento de escribir
Idealmente escribo en dos momentos: al principio de la jornada, para hacer algo así como activar el foco, y al final, para cerrar el día con algo de orden. Pero decir eso no es decir toda la verdad. Idealmente la cosa sería escribir en varios momentos a lo largo del día mientras los pensamientos van surgiendo. ¿Qué pasa? Pues que a veces el día me atropella y solamente me acuerdo de escribir al final de la jornada. Pero la práctica más valiosa, si tuviera que quedarme con una sola cosa, es la del arranque: escribir antes de abrir el correo, antes de mirar el calendario, antes de que el día me secuestre, porque si no uno ya sabe lo que termina pasando.
Tres o cuatro líneas bastan. No hace falta más para volver en el tiempo y entender qué estaba pensando ese lunes de marzo. Y la verdad es que funciona. Hay que hacer el esfuerzo de ser constante pero me funciona.
Qué herramienta usar
La herramienta importa menos de lo que parece. He pasado por varias y lo he ido contando por aquí: aplicaciones de notas nativas, editores de escritura larga, gestores de documentos. Siempre acabo volviendo a lo mismo: lo que importa es que sea rápida de abrir, fiable para no perder nada y que permita búsqueda. Todo lo demás es ruido.
Si no sabes por dónde empezar, usa la aplicación de notas que ya tienes en el móvil o en el ordenador. El formato es lo de menos. La consistencia y la constancia es lo único que importa.
Lo que me ha dado esta práctica
Puedo volver a cualquier semana de los últimos meses y entender qué estaba pasando. No sólo qué tareas tenia encima de la mesa, sino en qué estado mental estaba, qué decisiones tomé y por qué, qué conversaciones generaron qué consecuencias y qué tan estresado estaba. Eso no tiene precio cuando tienes que tomar decisiones en el presente que dependen de lo que aprendiste en el pasado.
También me ha dado algo más difícil de cuantificar: la sensación de que los días no se pierden. La sensación de que el trabajo que hago, aunque sea invisible para los demás, existe en algún sitio y tiene cierta continuidad.
Eso, para alguien que gestiona muchos frentes a la vez, es más útil que cualquier metodología de productividad que haya probado.
Lo acabo de leer en Twitter gracias a Christian Van Der Herst y vengo por aquí a dejar una reseña de urgencia. Lovable Payments irrumpe en el ecosistema de aplicaciones de construcción de producto con inteligencia artificial y esto empieza a dejar de parecer una broma.
Screenshot
Bajo la promesa “describe lo que quieres vender. Pruebas con seguridad. Una conversación y puesta en producción”, hacen una apuesta brutal a casi cualquier plataforma que hoy en día esté asentada y consolidada como referente en comercio electrónico.
Confieso que por momentos me da un poco de vértigo y seguir estas novedades y me planteo si debería hacerlo. Hay una parte de mí que se lo pasa en grande revisando este contenido y viniendo aquí a contarlo para darle un poco de forma y analizarlo de manera que me sirva para comprender lo mejor, pero también para compartirlo. Pero por otro lado, a veces me pone un poco nervioso saber que tendría que dedicar muchísimo tiempo para poder hacer un trabajo sistematizado con todo este contenido y todo este material, que nunca deja de aparecer.