A finales de enero de 2026 seremos 29 personas en el equipo de Torresburriel Estudio. Sin becarios. Hace dos años éramos 20, con varias salidas dolorosas que marcaron 2023 como uno de los años más difíciles que hemos tenido, sino el que más. Hoy no sólo hemos recuperado los niveles de nuestro mejor momento (mediados de 2022) sino que los hemos superado de largo. Y con esto viene una mezcla extraña: liderazgo, estrategia, orgullo y vértigo. Una cosa muy loca.

Crecer sin inversores externos es otra historia. No hay colchón de capital riesgo, no hay rondas de financiación que permitan experimentar con márgenes de error generosos. Aquí se crece a pulmón: trabajando bien, gastando con criterio, tomando decisiones con todos los datos en la mano y, seamos honestos, confiando también un poco en la buena suerte. Que cuenta, y mucho.
La fricción del crecimiento
Sergio Martínez Valtueña escribía hace poco que crecer implica siempre cierta fricción y algunos riesgos. Tiene toda la razón. Personalmente prefiero mil veces crecer en cualitativo que en cuantitativo, pero cuando el ritmo de trabajo se acelera y aumenta la demanda, hay que dar respuesta de manera inmediata. Eso significa más manos, más personas y normalmente más complejidad, más líos.
Hemos tenido que crear órganos de gobierno que antes no necesitábamos, procesos de onboarding más estructurados, gestión específica de cuentas de clientes, desarrollo de negocio más sistemático, administración más consistente y, por supuesto, employee experience como prioridad estratégica. Todo esto mientras mantienes la esencia de lo que funcionaba cuando éramos diez, es decir, un circo a varias pistas.
Decidir con datos y actuar con convicción
Tomar decisiones en este contexto requiere un equilibrio que podemos denominar como delicado. Por un lado, necesitas datos fiables: números, facturación, proyecciones de pipeline, análisis de capacidad del equipo, carga de trabajo, márgenes reales por proyecto. Sin esto vas a ciegas. Pero los datos aislados no son suficientes.
También se necesita intuición entrenada, lealtad mutua con tu equipo y, sobre todo, decisión. Decisión para contratar cuando los números todavía no son todo lo perfectos que nos gustaría pero ves la oportunidad. También para proteger al equipo de presiones externas que pueden hacer mella en la cultura interna. Iba a decir también que decisión para decir que no a proyectos que no encajan aunque el dinero venga bien, pero no. Eso siempre me ha parecido bullshit. Que no significa que no se pueda decir que no a un proyecto, pero que tiene que ser por algo gordo. Nosotros lo hemos hecho una vez: un tipo que nos pidió hacer la web de un macroburdel.
El doble compromiso
Lo más complicado de liderar una empresa así es el doble compromiso que uno tiene que asumir: cuidar al equipo mientras lo preparas para exigencias cada vez mayores. Es un equilibrio francamente incómodo. Quieres protegerles de las inclemencias del mercado, de clientes difíciles, de la presión brutal que a veces trae este sector, pero al mismo tiempo necesitas que estén preparados, que sean resilientes, que puedan crecer profesionalmente en un entorno exigente. Bueno, y que luego no se tuerza nada.
No es paternalismo, es responsabilidad adulta compartida. Hay que darles contexto, compartir la realidad del negocio hasta donde los niveles de madurez aconsejen y explicar por qué tomamos ciertas decisiones. Tratarles como profesionales que pueden manejar la verdad.
La estrategia de partners: crecer dando primero
Un aprendizaje fuerte que no esperaba es que el crecimiento no sólo depende de decisiones las internas que uno toma. También tiene que ver con cómo te relacionas hacia afuera, con quién y bajo qué principios. En Torresburriel Estudio tenemos dos alianzas estratégicas que definen buena parte de nuestra forma de operar: UXalliance desde 2018 y DANOK como partners fundadores en 2025.
UXalliance es una red global de 32 consultoras independientes de UX, cada una de ellas líder en su mercado local. Somos un miembro por país, establecemos, procesos de colaboración entre iguales y tenemos estándares de calidad compartidos. Cuando entramos en 2018, la organización ya llevaba varios años funcionando y eso no obligó a aprender mientras caminábamos juntos. Nuestra estrategia ahí ha sido de escucha permanente: atenta, discreta, respetuosa. Aprender de quienes llevan más tiempo, entender los códigos no escritos y aportar valor sin hacer mucho ruido. Y, sobre todo, usar el feedback como herramienta para crecer, aunque escueza. Porque escuece.
DANOK, por su parte, es una red española de servicios digitales de negocio en la que somos partners fundadores. Aquí el rol es diferente. También hay que escuchar, claro, pero hay que contribuir de manera prioritaria para sentar las bases de lo que queremos ser y de lo que queremos hacer. Aquí hay que establecer foundations. Eso lo que implica es mayor exposición, mayor responsabilidad y mayor necesidad de claridad y honestidad sobre qué aportamos y qué esperamos. Digamos que hay que llevar los deberes hechos de manera proactiva.
En ambas redes aplicamos el mismo principio estratégico: ser generosos primero. Dar como estrategia inicial, ofrecer conocimiento, colaborar sin esperar retorno inmediato, y sobre todo ser muy transparentes. No es altruismo ingenuo, es pragmatismo de largo plazo. Las relaciones de confianza se construyen demostrando que tu palabra vale, que cumples.
El feedback es fundamental en este modelo. En UXalliance hemos aprendido a recibir críticas constructivas sobre cómo presentamos proyectos, cómo nos comunicamos en inglés y cómo nos posicionamos en el mercado internacional. En DANOK estamos aprendiendo a articular propuestas de valor conjuntas, a negociar en equipo o a ceder protagonismo cuando hace falta. Todo eso requiere de un ego controlado y cicatrices consolidadas. Es decir, no apto para mediocres.
Pero, ¿sabéis que? Que funciona. Las alianzas estratégicas bien gestionadas multiplican la capacidad sin multiplicar necesariamente la estructura. Y eso tiene consecuencias que a cualquier founder le gustan: abren mercados, dan credibilidad, permiten abordar proyectos más complejos y, sobre todo, te obligan a mantener estándares altos porque estás representando algo más grande que tu empresa.
La alegría que queda
Con todo, la alegría también tiene un lugar en toda esta película. Ver al equipo crecer, ver cómo personas que llegaron junior hace dos años ahora lideran proyectos o ver cómo la confianza se construye día a día. Saber que cada persona que suma aporta algo único, que la diversidad del equipo (geográfica, de perfiles, de experiencias) nos hace mejores. Y no es en absoluto una frase hecha. Es una comprobación empírica que yo aquí puedo poner hoy por escrito.
Ver también cómo partners internacionales te refieren proyectos de impacto porque confían en tu trabajo, o cómo una colaboración puntual en DANOK se convierte en relación de largo plazo. Son señales pequeñas, pero importantes, de algo que da razón, y da sentido a la colaboración de esta naturaleza: que la estrategia funciona.
Crecer sin red es arriesgado, agotador a ratos, profundamente vulnerable. Pero también es muy humano. Y aquí esto se alinea con una faceta de mi personalidad, que a veces tengo que controlar, pero que otras veces dejo que se desarrolle.
Cada decisión importa porque no hay margen para frivolidades. Del mismo modo, cada persona cuenta porque el equipo es mi activo real. Cada alianza se construye con paciencia y con mucha generosidad, no con contratos blindados. Eso se queda para las películas.
Y cuando funciona, cuando los proyectos salen bien, cuando el equipo está cohesionado, cuando los clientes renuevan, cuando las cuentas cuadran o cuando un partner te reconoce públicamente, la satisfacción es distinta. Ahí es cuando sabes que lo has construido paso a paso, con cautela y con ambición a partes iguales, con escucha y con decisión, con generosidad estratégica y feedback honesto. A veces tengo que escribirlo para que no se me olvide. Esto último es una confesión.
Seguimos.





