Ser un CEO transparente

Me está empezando a dar un poco de miedo porque me ha dado cuenta que hace ya varios días, demasiados, que no me pasaba a escribir por aquí. Hay varias razones para que eso sea así, pero es que tampoco quiero que suene a excusa. En todo caso, como un blog personal es eso, un sitio donde contar las movidas de cada uno, vengo por aquí a compartir que tengo mucho que contar. No me gusta mucho hablar de mí mismo, pero está claro que he elegido el camino de ser un CEO transparente.

Tomando algo con compis del PDG-C 2026 del IESE

Por una parte he dejado de escribir por aquí porque me he puesto a estudiar. A los 53 años me he liado la manta a la cabeza y he vuelto a las aulas, esta vez como alumno. En concreto a hacer el Programa de Dirección General del IESE. Es algo que tenía en mente desde hace mucho, muchísimo tiempo, pero por una serie de circunstancias resulta que 2026 ha sido el año en el que me he puesto a ello. Dicho y hecho.

Tomar decisiones con la información disponible

Quizá es el año, o de los años más complicados, en la gestión de mi empresa, y quizá sea por eso que me he decidido a ponerme con ello. De hecho, creo que tenía todo en contra:

  • Lo mejor era continuar haciendo bolsa
  • Lo razonable era concentrar la atención y el esfuerzo en tomar mejores decisiones
  • Lo recomendable es regular las fuerzas disponibles para afrontar lo que venga en el trabajo

Pues bien, me he gastado el dinero, estoy repartiendo el foco y tengo que trabajar más.

Pero a diferencia de lo que puede parecer cuando uno lo está leyendo, estoy contento, orgulloso y satisfecho de la decisión tomada. Porque, hablando de decisiones, es complicado tomar buenas decisiones cuando uno no tiene la mejor capacitación técnica para ello desde la perspectiva de la dirección. Y esa ya debería ser una razón de peso y más que suficiente para hacer lo que estoy haciendo.

Pero hay más factores, o hay más derivadas. Invertir una importante cantidad de dinero en capacitación para uno mismo, es también una muestra de lo que ahora se conoce como autocuidado (esto yo lo conocí como amor propio) y de que desde la perspectiva financiera es una inversión segura.

Y por último, hablando del tiempo y del esfuerzo, no hay mejor forma de priorizar que llenar la agenda de cosas importantes. Y esta fórmula funciona.

Tomar decisiones es aprender a equivocarse y a rectificar

Además de ponerme a estudiar, resulta que he empezado a dejar algunas cuestiones que mis sesgos y mis prejuicios me condicionaban en relación a cómo manejar algunas herramientas digitales y el uso y partido que sacaba de ellas. No me enrollaré demasiado, pero básicamente, he vuelto a utilizar Twitter como herramienta, haciendo uso de todas las funcionalidades y potencialidades que tiene la herramienta, apartando las cuestiones que tienen que ver con la forma de pensar o con la comodidad personal a un lado. El resumen corto es que estoy haciendo una importante inversión de tiempo a la hora de compartir contenido en Twitter, siguiendo escrupulosamente las recomendaciones del algoritmo (y estoy flipando con los resultados obtenidos). Twitter ya no es Twitter, pero hay una importante cantidad de conversación ahí. Diferente, pero la hay.

Aquí hemos venido a estudiar, a trabajar, a hacer negocios, y a permitir que las 25 personas que hay en mi empresa tengan las mejores condiciones, y yo la mejor condición para continuar haciéndolo. Parece que me estoy justificando, pero simplemente estoy siendo transparente.

Y con todo esto que os cuento, con todo esto que estoy dejando aquí por escrito, se configura un escenario que me ha tenido un tanto alejado del blog.

Back to basics sin postureo

Pero ya sabéis, quienes me leéis desde hace tiempo, que soy un firme partidario del back to basics, especialmente cuando las cosas se ponen tormentosas. He dicho muchas veces que 2026 está siendo un año retador, y es una forma muy polite de decir que por momentos las estamos pasando putas porque nos cuesta la venta a nuevo cliente y porque estamos viviendo las consecuencias de decisiones de contratación cuestionables.

El que entiende, entiende. Pero esto es, siempre lo ha sido, una carrera de fondo. Y este año cumplimos 15 años de esta carrera.

Tres formas de trabajar con inteligencia artificial (y por qué casi nadie habla de la segunda)

La semana pasada propuse hablar sobre inteligencia artificial y experiencia de usuario en el SOS Zaragoza 2026. Nadie votó por la temática. Cero. Un fracaso rotundo en el formato de selección de temas que tiene el evento. Y sin embargo, creo que eso confirma exactamente lo que quería plantear.

Ilustración de Hugo Tobio

La conversación que no estamos teniendo

En el sector del diseño de producto y la experiencia de usuario llevamos un montón de tiempo ya hablando de IA. Pero la conversación se ha quedado atascada en un solo registro: la IA como herramienta. Prompts para generar wireframes, plugins de Figma que autocompletan layouts, asistentes que resumen entrevistas de investigación. Todo eso está muy bien, pero es sólo una de las tres dimensiones de la cuestión.

En la UX Masterclass de Bangalore de 2025, Niketa Jhaveri (Amazon) presentó un marco que articula algo que muchos intuimos pero que pocos han sabido nombrar. Jhaveri distingue tres formas de relacionarse profesionalmente con la inteligencia artificial, y cada una tiene implicaciones radicalmente distintas para quienes diseñamos productos digitales.

Primera dimensión: trabajar con IA

Esta es la que todo el mundo conoce. La IA como compañera de equipo. Herramientas que asisten en la investigación, que generan variantes de diseño y que sintetizan datos cualitativos o que aceleran el prototipado.

No hay mucho que descubrir aquí porque es el terreno que ya pisamos habitualmente. Cualquier equipo de diseño mínimamente actualizado ha incorporado alguna forma de asistencia con IA en su flujo de trabajo. La clave, que no es menor, está en entender qué se puede delegar y qué no. El criterio profesional sigue siendo humano. La IA acelera la ejecución, pero no sustituye el juicio. Hasta aquí estamos de acuerdo y hay una opinión más o menos consensuada.

Lo interesante de esta dimensión es que tiende a generar una falsa sensación de que ya estamos con la IA. De que hemos incorporado la herramienta, le hemos sacado partido, la productividad ha mejorado. Fin del asunto. Pero no es el fin. Es el principio.

Segunda dimensión: trabajar para la IA

Aquí es donde la conversación se pone interesante. Y probablemente por eso casi nadie la votó ayer (quiero creer).

Trabajar para la IA significa diseñar productos y experiencias cuyo usuario no es una persona, sino un sistema de inteligencia artificial:

  • Interfaces de entrenamiento de modelos
  • Flujos de configuración de agentes autónomos
  • Dashboards de monitorización de rendimiento de IA
  • Experiencias que permiten a un equipo de negocio, sin conocimientos técnicos, supervisar, ajustar y gobernar un modelo

Aquí hay poca conversación previa porque este es un territorio de diseño completamente nuevo. No hay patrones consolidados ni convenciones de interacción maduras. No hay heurísticas de usabilidad pensadas para este contexto. Y sin embargo, cada semana aparecen más productos que necesitan exactamente este tipo de diseño.

La pregunta que nos debería quitar el sueño como profesionales del diseño es: si no diseñamos nosotros estas interfaces, ¿quién lo va a hacer? Porque alguien las va a diseñar. Y si las diseña alguien sin formación en experiencia de usuario, el resultado va a ser exactamente el que todos podemos imaginar.

Esta segunda dimensión es, en mi opinión, la más transformadora. Y es la que prácticamente nadie está abordando en el mercado español, hasta donde conozco. Ni en conferencias, ni en formaciones, ni en las conversaciones de pasillo de los eventos del sector.

Tercera dimensión: trabajar usando IA

La tercera forma es la integración estructural. No se trata de usar una herramienta de manera puntual, sino de que la IA sea un componente nativo del proceso de diseño de principio a fin. Desde la fase de descubrimiento hasta la entrega a desarrollo.

Aquí estoy hablando de:

  • Automatización de tareas repetitivas
  • Generación de código desde el propio diseño
  • Testing automatizado de accesibilidad
  • Análisis predictivo de usabilidad antes de lanzar a producción

No es uso la IA cuando me acuerdo, sino que la IA está integrada en cada fase del ciclo de producto.

Esta dimensión exige un cambio de mentalidad operativa que va más allá de aprender a usar una herramienta. Requiere replantear procesos, flujos de trabajo y, en muchos casos, la estructura misma del equipo.

Por qué importa distinguir las tres

Cuando hablamos de IA y UX sin distinguir estas tres dimensiones, corremos el riesgo de quedarnos en la superficie. Una organización que sólo trabaja con IA ha dado un primer paso, pero no ha cambiado su modelo. Una que trabaja para la IA está creando valor en un mercado nuevo. Una que trabaja usando IA de forma estructural está transformando su forma de operar.

Las tres se necesitan. Las tres son complementarias. Pero la conversación pública se ha quedado atrapada en la primera.

Lo que me dijo el SOSZ sin decírmelo

Que casi nadie votase por esta temática no significa que no sea relevante. Significa que todavía no se percibe como urgente. Y eso, para quienes trabajamos en esto, debería ser una señal clara: hay una ventana de oportunidad enorme para quienes entiendan estas tres dimensiones y sepan aplicarlas antes de que se conviertan en el estándar.

Las conferencias del sector seguirán llenando salas con charlas sobre cómo usar ChatGPT o Claude para hacer research más rápido. Y está bien que lo hagan. Pero la conversación que de verdad va a marcar la diferencia en los próximos años es otra. Es la que tiene que ver con diseñar para sistemas inteligentes, no sólo con ellos.

Esa conversación, la que ayer no tuvo ni un voto, es la que voy a seguir planteando.