Crónica de un fracasado con éxito: Txarly Brown

Ayer fui con mi amigo Lizano a la presentación del último libro de Txarly Brown en Zaragoza y, si os soy sincero, esperaba una charla sobre diseño gráfico y música jamaicana. Lo que nos encontramos fue una clase magistral de supervivencia creativa, honestidad brutal y una reivindicación del fracaso como estilo de vida.

Txarly Brown no es un tipo normal y tampoco es un desconocido para nosotros, ni mucho menos.. Es una enciclopedia con patas de la subcultura catalana y española de los últimos 35 años, diseñador de portadas icónicas (especialmente en la escena ska y rumba), coleccionista compulsivo y, según él mismo, un dinosaurio tecnológico. Su libro, Grandes fracasos, no es una biografía al uso, y su presentación tampoco lo fue.

Aquí os dejo lo que, para mí, define a este personaje inclasificable tras escucharle hablar sin filtros.

Lo primero que me chocó fue algo así como la motivación del libro. Y he de reconocer que eso me enganchó (el ambiente al principio de la presentación era más frío que otra cosa, la verdad). No hay ego de artista, hay paternidad. Txarly contó que cuando su hijo cumplió 20 años y abandonó el nido, se encontró con un vacío existencial. Su hijo había crecido en un Ford Fiesta del 85 escuchando cintas de casete de los Amaya y Kiko Veneno como si fueran el MCU de Marvel, pero Txarly compartió que de alguna manera sintió la necesidad de cerrar etapas.

El libro es, básicamente, una carta larga (escrita en formato de mensajes de WhatsApp, sin palabras raras ni pretensiones literarias) para explicarle a su hijo quién demonios ha sido su padre antes de que se muera y solo quede una entrada fría en Google. Fue una historieta muy bien contada, con una alta carga emocional disfrazada de gamberrismo y palabrotas.

El título, Grandes fracasos, no es falsa modestia. Es una filosofía. Txarly nos explicó que el éxito es peligroso y estresante. Recordó anécdotas de clientes suyos que pasaron de llenar plazas de toros y petarlo, a tocar en garitos para 50 personas, gastándose la pasta en psicólogos para gestionar semejante transición.

Contó que prefiere definirse como una colección de micro-fracasos que, sumados, le han permitido vivir de lo que le gusta durante tres décadas y media. No tiene Discos de Oro ni Grammys, pero ha hecho 500 portadas y sigue en la brecha. «Soy un fracasado que ha podido vivir toda la vida de esto». Y qué queréis que os diga, me pareció la definición más sana de éxito que he oído en años. Honesta, sin filtros (literalmente, porque el diccionario de Txarly, por momentos, es hilarante) y brutal.

Esta parte, como digo, fue hilarante. En el contexto de un mundo obsesionado con la última actualización de Adobe y la IA, Txarly se plantó allí a confesar que trabaja con Freehand 8.0 (millenials y zetas: es un programa ya extinto) en un ordenador de 2008 que no puede conectarse a internet. He de reconocer que en ese momento la conversación corrió un serio riesgo de decantarse por lo que yo llamo mal envejecer, pero, afortunadamente, no fue así.

Es por eso que esta esta es la parte que más me fascinó. Conto que tiene ocho ordenadores antiguos guardados en armarios por si uno se le quema o se le rompe. Se niega a pagar suscripciones de software y se ríe de la obsolescencia programada. Es un artesano digital que diseña tipografías tomando como modelos rótulos viejos que ve por la calle porque le aburre la perfección de las nuevas helvéticas (ahí nos reímos todos mucho). Su método es el caos ordenado: lo guarda todo, fecha todo (aprendió a poner el año en los carteles a base de broncas) y su archivo es su memoria. Detrás de una interfaz llena de referencias de los 90s, palabrotas que adornan todo el discurso y anécdotas desternillantes de las noches barcelonesas y donostiarras, se esconde una pequeña Wikipedia de la subcultura ibérica que bien haríamos en reconocer.

Txarly contó algo propio de los genios o de los inconscientes: no tiene portfolio. Nunca lo ha tenido. La gente le contrata porque sabe quién es o porque él se enamora del proyecto. Si un grupo le gusta, les hace la portada, a veces cobrando en jamones o cenas.

Nos contó una anécdota tremenda de los 90s: por un despecho amoroso (una chica le rechazó por su compañero de piso y socio), robó un fax con la contratación del grupo The Breeders y se lo pasó a la competencia. Eso le costó ser desterrado de su casa y perder amigos en Barcelona, lo que le llevó a refugiarse los fines de semana en Donosti, convirtiéndose en un puente cultural entre ambas ciudades. «La lié, pero no hago nada conscientemente, soy un puto inconsciente». Es un genio.

Escucharle hablar de sus ídolos musicales es una mezcla de fanatismo y realidad cruda. Contó cómo trajo a Laurel Aitken (padrino del Ska) a España cuando nadie sabía quién era, recogiéndolo en un Ford Fiesta destartalado, o cómo acompañaba a Dr. Calypso cuando casi no sabían tocar. También habló de la decepción de conocer a leyendas como Prince Buster y descubrir que eran unos cretinos, aunque su música fuera genial.

Salimos de la presentación con la sensación de haber conocido a un superviviente. Eso sí, José Luis y yo antes de salir fuimos a saludarle porque Txarly colaboró durante la última etapa de la revista Ciclo, que a finales de los 90 ocupaba nuestro primer intento emprendedor. Txarly Brown diseña pósters para Metallica y Lady Gaga (trabajos alimenticios que pagan facturas) para luego poder dedicarse a diseñar discos para grupos jamaicanos que le pagan 100 euros.

Su libro promete ser eso: no una lección de diseño, sino una lección de vida de alguien que ha decidido que, si va a fracasar, lo hará a su manera, con su propia música y, por supuesto, usando Freehand 8.0.

Si tenéis la oportunidad de leer Grandes Fracasos, hacedlo. Aunque sólo sea para entender que, a veces, el plan B es mucho más divertido.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

2 comentarios en «Crónica de un fracasado con éxito: Txarly Brown»

  1. Fascinante. En una etapa no muy lejana precisaba conocer a Torres Burriel, por cuestiones profesionales. Pasada esa ventana, ahora resulta que me encuentro este artículo: fui yo quien quiso conocer la transición de Donosti a Bcn de Mr. Brown (por esa presencia simultánea suya en es escenas tan particulares, activas y, al mismo tiempo, diferenciadas). Está claro que el tipo sigue dinamizando y haciendo confluir caminos incluso sin quererlo, ni saberlo ¡como en este artículo + comentario! XD

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