Cuando emprender se pone feo: la suerte nos pilla trabajando

Llevo unas semanas en una de esas rachas que no tienen un nombre dramático ni una causa única. Sólo una acumulación silenciosa de cosas que no acaban de cuajar: propuestas que no progresan, conversaciones que se enfrían, proyectos que tardan más de lo esperado en arrancar. Días que pasan y en los que ninguna de las cosas en las que pones energía da el resultado que necesitas. Días en los que emprender se pone feo y además de trabajo, se necesita suerte para capear el temporal.

Ilustración de Hugo Tobio

Sé que hay quien me diría, con la mejor de las intenciones, que esto no se escribe. Que un CEO no debería compartir que está pasando una racha regular. Que hay que proyectar solidez, confianza, imagen. Llevo casi dieciocho años haciéndolo a mi manera, que es exactamente la contraria: mostrar lo que hay. Y la verdad es que puedo decir que me ha ido bien.

Lo cuento y lo comparto por aquí porque creo que es útil. Porque sé, con la certeza que da el tiempo y la experiencia, que esto es temporal. Y porque si alguien está pasando por algo parecido, que sepa que forma parte del oficio.

El sesgo negativo y el efecto LinkedIn

Lo que pasa en estas etapas no es que todo vaya mal. Lo que pasa es que el sesgo negativo se apodera de la lectura que haces de lo que pasa. Las malas noticias pesan más que las buenas. Las cosas que no salen ocupan más espacio mental que las que sí avanzan. Es como decir todo mal sin esperar que sea así, pero resultando ser un poco así.

A eso hay que añadirle el efecto LinkedIn. Abres el feed y ves crecimiento, nuevos clientes, equipos que se amplían, proyectos que se lanzan. Todo el mundo parece estar haciéndolo bien. Y tú llevas semanas sintiéndote como si lo estuvieras haciendo todo regular. Lo he leído en algunos comentarios de TikTok y me ha hecho mucha gracia: la vida es una sopa y yo soy un tenedor. Esa sensación.

Sé que es una ilusión. Nadie, o casi nadie, publica sus rachas malas. Pero saberlo no te libra completamente de esa sensación. Al menos, cuando ya has pasado por esto varias veces, tienes la ventaja de reconocerlo. Sabes que es temporal. Sabes que hay un sesgo operando. Y esa certeza, con el tiempo, se convierte en un ancla muy sólida. Un perfecto sustituto de cualquier química para conciliar el sueño.

Olvidar la guerra y ganar batallas pequeñas

Mi tendencia en estas fases es obsesionarme con el objetivo final. Ver todo el camino que queda, todo lo que falta, toda la distancia entre donde estoy y donde quiero estar. Y eso, amigos, paraliza. Y lo hace porque el objetivo final, en ese estado mental, tendemos a percibirlo como inalcanzable.

Lo que me funciona, y lo que he aprendido a fuerza de repetir este ciclo más veces de las que me gustaría, es exactamente lo contrario: olvidarme de la guerra y centrarme en las batallas pequeñas. En las batallitas, incluso.

Descomponer el problema en tareas concretas y alcanzables tiene varias consecuencias que se retroalimentan. Interrumpe el ciclo de pensamiento rumiante. Me obliga a moverme, a no pararme. Y sobre todo, me permite empezar a acumular victorias pequeñas, que son las que reconstruyen la confianza cuando las grandes todavía no han llegado.

Enviar ese correo de seguimiento que llevo días posponiendo es una batalla pequeña. Retomar una conversación con un contacto que quedó en el aire. Redactar una propuesta pendiente. Nada de esto parece heroico. Pero cada cosa completada reconforta, devuelve motivación y da impulso para continuar.

El rumbo es lo que no cambia

Hay algo que he aprendido con el tiempo y que en los momentos difíciles es lo más valioso que tengo: saber a dónde voy. No con arrogancia ni bravuconería, sino con convicción. Torresburriel Estudio tiene quince años, ha sobrevivido crisis económicas, pandemias y transformaciones profundas del sector. No por suerte, sino porque hay un rumbo claro y una forma de hacer las cosas que no negociamos cuando el contexto se complica. Y os aseguro que el paso del tiempo nos ha retado en más de una ocasión. Pero amigos, yo soy aragonés y tengo la cabeza muy dura. Y no es broma.

Eso, básicamente, es lo que impide que una racha mala o una racha regular, se convierta en una crisis de identidad. Cuando sabes por qué haces lo que haces y en qué dirección vas, las semanas complicadas son eso: semanas complicadas. No señales de que te has equivocado de camino.

La suerte viene a buscarte cuando te mueves

Hay algo que también he comprobado varias veces y que no termina de dejar de sorprenderme: cuando estás en el barro pero sigues moviéndote, la suerte suele aparecer cuando menos la esperas. No porque exista ninguna magia, sino porque el movimiento genera oportunidades y la quietud no genera ninguna. Es eso de que la suerte te suele pillar trabajando.

El secreto no es especialmente sofisticado: esfuerzo, constancia y no perder de vista el rumbo. Especialmente cuando los árboles no te dejan ver el bosque y el síndrome del impostor llama a la puerta trayendo a toda su familia.

A veces emprender es saber estar en el barro sin quedarte a vivir en él. Y tener la honestidad, contigo mismo y con los demás, de reconocer que el barro existe. Eso no es una debilidad. Eso es oficio.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

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