Del output al outcome: cuando alguien se atreve a compartir su framework

Este pasado fin de semana he estado en la BilboStack 2026 y me he quedado con ganas de escribir sobre la charla de Carlos Iglesias. No porque dijera cosas que no supiéramos (la mayoría llevamos años masticando estas ideas) sino más bien por cómo las ha articulado y, sobre todo, por lo que hizo después.

ilustración de Hugo Tobio

El problema que todos conocemos

Carlos arrancó fuerte y honesto poniendo encima de la mesa algo que reconocemos enseguida quienes llevamos tiempo en esto: organizaciones que invierten cantidades obscenas de dinero en productos que nadie quiere usar. No es algo nuevo, pero es verdad que sigue pasando. Y sigue pasando porque las causas de fondo no se atacan.

La ley de Conway, los silos en las organizaciones y la obsesión por el output. Vaya trío. Todo esto lo hemos visto, lo hemos sufrido, y en muchos casos seguimos sufriéndolo. Carlos lo explicó bien: esa delegación de responsabilidad donde cada departamento se enfoca en sus entregables y le pasa el muerto al siguiente. El famoso el perro no es mío que tanto nos suena, ¿verdad?

La cuestión. Lo interesante es cómo conectó esto con lo que llamó la fetichización de los modelos. Spotify, Scrum, Kanban, Dual Track… Da igual el modelo. Lo adoptamos, lo pervertimos, y cuando no funciona decimos que el modelo no vale. En realidad lo que hemos hecho es quedarnos en la capa superficial sin entender del todo los principios que lo sustentan.

La propuesta: darle la vuelta al enfoque

La tesis central de Carlos es bastante sencilla de enunciar y un poco más difícil de ejecutar: en lugar de empezar por el output y esperar que mágicamente cambie comportamientos e impacte en negocio, empezar por definir qué es impacto y trabajar hacia atrás.

Aquí es donde entra su framework, que ha llamado Impact-Driven Growth. La arquitectura que Carlos propone tiene su sentido: una métrica de valor percibido por el cliente (CPVM) en la cúspide, métricas de impacto que te digan dónde enfocar el aprendizaje, y outcomes entendidos como cambios medibles de comportamiento. Todo esto antes de ponernos a idear iniciativas. Así de primera impresión puedo decir que me gusta. Bastante.

No voy a entrar en si esta estructura es mejor o peor que otras que existen. Lo que me parece valioso es el ejercicio de formalización. Carlos ha cogido 23 años de experiencia, los ha destilado en un modelo y los ha puesto sobre la mesa para que otros los usen, los critiquen o los mejoren. Ya sólo por eso la charla mereció la pena.

El cacharro: cuando la teoría se hace herramienta

Y aquí viene lo que me pareció más interesante de la charla: no se quedó en el framework teórico, y honestamente esto no es algo que uno no se suele encontrar habitualmente. Han construido una herramienta, que de momento llaman el cacharro, que implementa este modelo. Es algo así como un sistema experto que te acompaña en el proceso a la hora de definir métricas, de identificar comportamientos y de generar hipótesis.

La demo en directo tuvo sus momentos de tensión, como todas las demos en directo. Pero tuvimos la oportunidad de ver lo esencial: una herramienta que te hace las preguntas adecuadas, te propone métricas basadas en tu contexto, te ayuda a identificar outcomes y te genera un plan de hipótesis priorizadas. Si lo hubiese anunciado de esa forma, me hubiese generado un hype del que aún no me habría recuperado. Pero Carlos optó por contarlo poco a poco, enseñándolo.

Lo que me gusta de este enfoque es la intención de minimizar la fetichización. Si el problema es que adoptamos modelos sin entender sus principios, la solución pasa por crear un acompañamiento que nos guíe en la aplicación correcta. No nos da las respuestas sino que lo que hace es ayudarnos a encontrarlas.

Lo que sí podemos cambiar

Carlos encauzó el tramo final de su exposición con una idea que me pareció honesta: hay cosas que no podemos cambiar. La estructura formal de la organización, las habilidades de las personas a corto plazo o las piedras en el camino. Pero hay algo que sí podemos cambiar: las conversaciones. A eso añadió algo que me gustó bastante, porque le puso el principio de realidad: tenemos que dejar de lloriquear y de quejarnos.

Si todas las conversaciones que tenemos son sobre “output, output, output”, nuestras posibilidades de impacto se quedan limitadas. Pero si introducimos métricas de valor, outcomes e hipótesis cambiamos el marco de la conversación. Y eso sí que está en nuestra mano.

Una nota personal

Conozco a Carlos desde hace tiempo y le tengo aprecio. Por eso no quiero que esto suene a palmadita en la espalda. Lo que hace falta en esta industria es más gente que se atreva a compartir sus frameworks, sus herramientas y sus formas de trabajar. No para que los demás los adoptemos sin criterio, sino para que los evaluemos, los combinemos con nuestra propia experiencia y avancemos de manera colectiva. Que para eso somos una comunidad.

El modelo tendrá sus limitaciones, el cacharro tendrá sus bugs, y seguramente en un año Carlos estará iterando sobre todo esto. O no. Pero eso es precisamente lo valioso: el acto de formalizar, compartir y exponer al escrutinio público lo que uno ha aprendido, ni más ni menos ante una audiencia del nivel de la BilboStack.

Que siga por ahí.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

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