El conocimiento del usuario como activo estratégico (y por qué la mayoría de organizaciones lo desperdicia)

Llevamos años hablando de la importancia de investigar con usuarios, de escuchar, de validar. Sin embargo, la inmensa mayoría de organizaciones sigue tratando los hallazgos de investigación como outputs de proyecto: artefactos que nacen, cumplen su función y mueren cuando se cierra el expediente.

El problema no es la investigación. El problema es lo que hacemos, o no hacemos, con ella después.

Como responsable de una consultora de experiencia de usuario desde hace más de una década, he visto cómo buenos equipos de trabajo producen insights muy valiosos que terminan enterrados en carpetas de SharePoint o de Google Drive, sin conexión entre sí, sin capacidad de ser reutilizados, sin vida más allá del proyecto que los originó. Y cada vez que arrancamos un nuevo proyecto para ese mismo cliente, volvemos a empezar de cero. Como si no hubiéramos aprendido nada. Esto tiene un coste brutal de tiempo, de dinero y de oportunidad.

Hablemos de lo que las organizaciones deberían tener sí o sí: un sistema de indicadores, tendencias y hallazgos que permitiera a los equipos de diseño y, lo que es más importante, a los equipos de gestión y dirección, tomar decisiones informadas antes de que el proyecto comenzase. No reactivamente, cuando ya hemos gastado presupuesto en descubrir lo que podríamos haber sabido sino proactivamente.

La disciplina de ResearchOps lleva tiempo trabajando en este terreno. Hablamos de repositorios de conocimiento, de taxonomías compartidas, de sistemas que hacen que la información fluya entre departamentos y se reutilice en múltiples iniciativas. Contenedores de información, los llaman algunos. Pero la terminología importa menos que la idea de fondo: el conocimiento sobre usuarios, sobre mercado, sobre tendencias emergentes o consolidadas, debería ser un activo organizativo, no un subproducto aislado de cada proyecto.

¿Qué implicaría esto en la práctica? Pienso en tres implicaciones fundamentales.

La primera: adelantarse al inicio de la conversación. Cuando un equipo de producto viene a pedirnos ayuda, ya deberíamos tener contexto previo. No empezar con una hoja en blanco. Saber qué hemos aprendido en proyectos anteriores con esa misma tipología de usuario. Qué patrones de comportamiento hemos detectado en el sector. Qué expectativas expresan los stakeholders de forma recurrente. Esta capacidad de llegar preparados cambia mucho la calidad del diagnóstico inicial.

La segunda: escuchar de manera enfocada. No toda la información tiene el mismo valor estratégico. Un sistema de indicadores bien construido debería permitir filtrar, priorizar y contextualizar. Saber qué métricas merecen atención inmediata y cuáles son ruido de fondo. Esto requiere criterio experto, obviamente, pero también infraestructura que permita acceder a la información relevante sin tener que revisar cientos de documentos.

La tercera: identificar con precisión a los stakeholders de cada iniciativa. Cada proyecto tiene stakeholders con distintos niveles de implicación, procedencias y expectativas. Anticipar quiénes son, qué les preocupa, cómo han reaccionado en situaciones similares, permite construir mejores estrategias de comunicación y alineamiento.

Como líder de equipos de diseño, esto me ocupa y me preocupa a partes iguales. Me ocupa porque llevo tiempo trabajando en construir herramientas y metodologías que faciliten este tipo de gestión del conocimiento. Me preocupa porque veo cuántas organizaciones siguen operando sin esta capa estratégica. El resultado, para sorpresa de nadie, son decisiones basadas en intuiciones, en información obsoleta o en el sesgo de quien grita más fuerte en la reunión. Y productos que, a pesar de procesos de diseño impecables, fallan en capturar las expectativas reales del mercado.

No es un problema de metodología. Es un problema de infraestructura de conocimiento.

El futuro del diseño estratégico pasa por equipos que dispongan de estas capacidades y herramientas integradas en su forma de trabajar. No como un añadido sino como base operativa. Herramientas que permitan a los equipos de ejecución y a los equipos de gestión hacer las tareas del futuro con más precisión. Diseñar soluciones más eficientes, más rentables, más sostenibles.

Quien consiga construir esto tendrá una ventaja competitiva difícil de replicar. No hablo de tecnología sofisticada ni de inversiones millonarias. Hablo de una forma diferente de entender qué hacemos con el conocimiento que generamos.

Estoy trabajando en ello. Y me sorprendería mucho que no hubiera más gente pensando en la misma dirección.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *