Estaba subiendo una foto a Flickr y me salió una descripción, quizá un poco épica, pero bastante cercana a la realidad. Decía algo así como: el día que cambió todo estaba durmiendo en un colchón de aire, en una habitación vacía en una casa nueva, a punto de empezar una mudanza. Y era cierto.
A veces puede resultar paradójico el hecho de estar viviendo uno de los momentos más dulces desde la perspectiva profesional, mientras desde un plano personal se está en un plano donde la incomodidad es la nota predominante. Pero cuidado, es una incomodidad transitoria porque estoy hablando de una mudanza, no de algo más profundo, serio o de impacto.
La cosa es que echando la vista atrás, que es algo que se suele hacer cuando se encara la última parte del mes de diciembre, me ha parecido bastante paradójico darme cuenta de eso, de que el día que estuve firmando un contrato con un cliente que lo cambió todo en mi empresa, estaba durmiendo en un colchón de aire porque al día siguiente tenía que gestionar una mudanza en un tiempo récord y con la mayor dimensión de todas las mudanzas que he hecho en mi vida.
Una muestra más de que uno nunca sabe, de que las cosas a veces no son lo que parecen y en general de la fragilidad de las apariencias.
