El feedback que llega cuando menos lo esperas

Hoy quería hablar de la constancia en redes sociales. Lo haré a través de Yolanda. Vamos a poner que se llama Yolanda. Me escribió un sábado por la mañana. Dos mensajes, sin más. Me decía que disfrutaba leyendo lo que publico, y que en medio del ruido habitual de LinkedIn, encontrar algo así le daba paz mental.

«Se convierte en un recordatorio de que hay gente normal haciendo cosas normales, con dilemas, incoherencias y aprendizajes.»

La verdad es que hay mensajes que llegan en el momento justo. No necesariamente porque uno esté a punto de dejarlo, sino porque la constancia tiene una parte invisible que casi nadie ve: el esfuerzo y el riesgo de ser honesto en público, semana tras semana, sin saber si eso le llega a alguien o se pierde en el algoritmo.

Publicar con regularidad tiene poco de glamuroso. Lo sé muy bien porque lo llevo haciendo desde 2003. Hay días en los que la idea no termina de cuajar, días en los que uno se pregunta si merece la pena invertir ese tiempo, momentos en los que uno constata que el post que más he trabajado recibe tres reacciones y el que escribí en veinte minutos genera conversación. Ni que decir tiene ese post que es una chorrada y es el que más le gusta a todo el mundo. La arbitrariedad forma parte del juego, y conviene aceptarla.

Lo que Yolanda describía no era sólo que le gustase un artículo concreto. Era que el conjunto, la acumulación de contenido a lo largo del tiempo, le generaba algo. Eso es lo que no se puede generar con prisas: la coherencia que da el tiempo y la repetición.

No escribo para que todo el mundo esté de acuerdo. Lo he comentado muchas veces: escribo para pensar en voz alta y para dejar constancia de cómo veo las cosas en un momento determinado, sabiendo que dentro de un año puede que lo que ahora veo blanco, lo vea distinto. Esa honestidad, que a mí me parece la única forma razonable de hacer esto, es justamente lo que Yolanda valora.

El feedback de una persona así vale más que cien métricas de engagement. No tanto porque las métricas no importen (que importan, no seamos hipócritas), sino porque me recuerdan por qué hago lo que hago cuando las métricas no son lo que espero.

Así que esto va por todas las personas que alguna vez han escrito o enviado ese tipo de mensajes. Quienes se toman un momento para decirle a alguien que lo que hace les sirve. Es un gesto pequeño que, para quien lo recibe, no lo es tanto.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

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