El final de un ciclo: casi 20 años en Twitter y por qué dejo de invertir en ello

Marzo de 2007. Lo recordaré siempre porque ahí es cuando empezó todo, ahí es cuando abrí mi cuenta en Twitter, en un momento en el que la plataforma apenas era conocida fuera de los círculos tecnológicos más frikis. Casi 20 años después, en febrero de 2026, he decidido no renovar mi suscripción de pago. Y creo que merece la pena explicar por qué. Aunque sólo sea como ejercicio de terapia, como dinámica de gestión del duelo. Sí, esto es un fin de ciclo de Twitter en lo que a mi respecta.

Ilustración de Hugo Tobio

Todo lo bueno se acaba

Esto no es una decisión impulsiva. Llevo meses dándole vueltas, intentando encontrar razones para seguir. He sido usuario de pago, contra todo lo que la razón y mis principios me aconsejaban, precisamente porque quería sacar el máximo partido a la plataforma, independientemente del ruido ambiental. He invertido tiempo, dinero y energía en mantener una presencia activa, en compartir conocimiento y en construir conversaciones, relaciones, contactos y todo tipo de dinámicas en positivo.

Pero hay un momento en que los números y los resultados son claros: el alcance es mínimo y el crecimiento nulo. Y no hablo sólo de métricas de esas que le engordan a uno el ego (que esas, por cierto, hace tiempo que dejaron de ser importantes para mí). Hablo de conversaciones reales, de intercambio de ideas, de ese valor que justifica invertir recursos económicos y temporales en una plataforma. Tan simple como eso.

El coste real de la toxicidad

El dinero, siendo honesto, en este caso es lo de menos. Para una empresa como Torresburriel Estudio (en realidad para cualquier empresa medianamente sostenible), el coste de una suscripción a Twitter es ridículo en términos de presupuesto. Lo que no es ridículo es el coste de oportunidad del tiempo invertido.

El nivel de toxicidad, basura, gentuza y trolls ha superado cualquier límite razonable. Y esto no sólo pudre la experiencia directa, sino que tiene efectos secundarios más sutiles y desde mi punto de vista perniciosos: afecta al comportamiento de las personas que podríamos considerar “normales”. La interacción desaparece. La gente deja de compartir. El miedo, creo, a ser el siguiente objetivo de una horda enfurecida paraliza la conversación que nace con el objetivo de compartir.

La moderación como virtud perdida

Siempre he creído que en la moderación está la virtud, aunque también es cierto que no siempre lo he practicado. Especialmente en los últimos años, he intentado mantener un equilibrio entre lo directo y lo reflexivo, entre lo informal y lo intelectual. Pero Twitter ha dejado de ser un espacio donde esa moderación tenga sentido o siquiera sea posible. Ahora solamente hay espacio para la confrontación directa, que un escándalo mayúsculo sea superado por el siguiente, el insulto y la polarización extrema.

No hay espacio para el matiz. No hay lugar para el pensamiento pausado. Ni hablamos de que haya espacio para la fraternidad, la colaboración, la ayuda mutua y el compañerismo. Todo se convierte en trinchera, en posicionamiento extremo, en ruido ensordecedor que ahoga cualquier intento de conversación que merezca la pena.

Lo que se pierde

Es una pena, y lo digo sin ironía. Todavía quedan algunos perfiles que comparten contenido interesante, reflexiones valiosas, conocimiento genuino y algo de espíritu colaborador. Pero el conjunto, para mí, hace que ya no merezca la pena. Es como intentar mantener una conversación inteligente en medio de un estadio durante un derbi: puede que tu interlocutor tenga cosas interesantes que decir, pero el contexto lo hace insostenible.

Nada es para siempre

Casi 20 años dan para mucho. He visto nacer tendencias, he participado en conversaciones que luego se convirtieron en movimientos, he conocido a personas extraordinarias, he hecho negocios muy interesantes y sobre todo he aprendido muchísimo. Twitter fue, durante mucho tiempo, una herramienta profesional valiosa y un espacio de aprendizaje continuo. Tantas veces me pregunté que no sabía cómo había podido estar en internet hasta la llegada y existencia de Twitter. Y, cómo son las cosas, estoy cerrando una de las últimas páginas de esa historia.

Todo tiene un final. Y reconocer cuándo algo ha dejado de aportar valor no es rendirse, es ejercer el criterio profesional que llevo aplicando casi dos décadas en mi trabajo: saber cuándo una herramienta, un proceso o una relación ha dejado de ser productiva.

La decisión

No renovaré mi suscripción. Probablemente mantenga la cuenta, por si acaso, pero sin inversión activa de tiempo ni recursos. Redirigiré esa energía a otros espacios, otras conversaciones, otras formas de compartir conocimiento y construir comunidad. La mera existencia de este nuevo blog creo que ya apuntaba hacia donde iba el futuro.

Porque al final, de eso se trata: de construir, no de resistir. Y Twitter se ha convertido en un ejercicio de resistencia que ya no estoy dispuesto a mantener.

Todo lo bueno se acaba. Y está bien que así sea.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

7 comentarios en «El final de un ciclo: casi 20 años en Twitter y por qué dejo de invertir en ello»

  1. Te entiendo perfectamente. Es inútil seguir intentándolo: X no es ni será nunca lo que fue Twitter. Mi agradecimiento por las buenas personas (como tú) que conocí en esa plataforma no resultó suficiente como mantener mi actividad en ella. Por lo menos, la experiencia de esta última etapa me ha servido para recordar el valor del silencio y la mesura. También de los contactos en entornos reales.

    Fuerte abrazo

  2. Gracias por el comentario, DAVID. No sabes cómo lo aprecio. Eso último que dices tiene un valor que me parece que hemos dejado de apreciar en los últimos tiempos. Los contactos reales. Un abrazo enorme.

  3. Uff! Te entiendo. Cerré mi cuenta hace mucho tiempo. Si bien hace años atrás conocí a mucha gente en Twitter (me niego a llamarlo X) y me ayudó un montón a hacer redes – sobre todo cuando me mudé de Canadá a Chile – siento que todo se puso tóxico muy luego. Lo único que me ha faltado ha sido tener info rápida en caso de emergencia; vivo en Chile y lo primero que hacía cuando había un temblor hace 13-14 años atrás, era ver en Twitter. Ahora lo veo en Instagram. Fuera de eso, nada.
    En 2021 inclusive participé de un proyecto de investigación en behavioral design y parte de mi trabajo era estar en Twitter e interactuar con las personas según ciertos grupos de control. Todo enfocado en comportamiento y creencias acerca de la política americana y misinformation. Me sirvió para aprender en el momento pero me alegré que eso haya terminado. Era muy pesado.
    Buena decisión dejar de dedicar tu tiempo a aquello que no te aporta.

  4. Gracias Carmen por tu comentario. La verdad es que me siento muy identificado con lo que dices. Aquí en el sur de Europa normalmente la tierra no tiembla y no acudía Twitter para eventos de ese tipo, pero para cualquier tipo de evento, noticia de última hora o gran conmoción, siempre lo hacía. Y era una sensación indescriptible que tengo claro que no volverá. Fue bonito y ahora es tiempo de otra cosa.

    Por cierto, me ha encantado tu web.

  5. Daniel, me animo a escribirte porque hace 5 años tomé tu curso en Platzi y te volviste un referente para mí. Hoy día soy Product Designer de una empresa americana y me va muy bien. El único contacto que tenía con tu contenido era twitter y me daba gusto ver tu nombre, porque sabía que en medio de todo ese contenido basura, tu tuit siempre iba a contener algo que me interesara y aportara. Es triste verte partir, pero ten por seguro que te buscaré en otras plataformas para poder seguirle la pista a tu carrera. Gracias por hacer contenido de calidad UX en nuestro idioma, porque es difícil de encontrar. Una alumna, que se volvió colega gracias a ti. Abrazo!!

    1. Dianela, muchísimas gracias por tu mensaje, lo aprecio mucho. En todo caso quiero que sepas que no voy a cerrar mi cuenta de Twitter, simplemente no le voy a dedicar el tiempo que le estaba dedicando hasta ahora desde hace casi 20 años. Pero desde luego, aquí puedes contactar conmigo siempre que lo desees.

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