Si hay algo en esta vida que me molesta y me podría hacer perder la educación es el observar de cerca a personas con comportamientos racistas y xenófobos. Lamentablemente en mi día a día no estoy exento de experimentarlo de cerca porque mi mujer no es española. Y además no tiene la piel blanca como la mía. Y además todo ello es muy evidente.
Lamentablemente hoy hemos experimentado otro de esos pequeños episodios, que se podrían considerar desde una perspectiva externa como “de baja intensidad”. Pero esa intensidad no se mide por lo que la gente puede observar, sino por cómo uno lo siente. Son episodios extraordinariamente desagradables.
Como este es mi blog y escribo lo que me da la gana, dejo este pensamiento por aquí porque no se me ocurre un lugar mejor donde dejarlo. Acompañado de ese pensamiento incluyo que espero que no llegue el día en el que tras uno de estos episodios pase a la acción, porque honestamente —y estoy siendo muy sincero—, no sé cómo reaccionaría. Intentaría hacerlo dentro de cauces de diálogo, pero no lo puedo garantizar..
Otro día hablaré de los sentimientos, las emociones y el día a día cuando toda esta mierda es más protagonista de lo que debiera. Hoy no.