Esta semana hemos estado tomando un café con uno de nuestros socios de DANOK. Bueno, un café, se ha alargado seis horas. Aquí las cosas las hacemos bien o no las hacemos. La cuestión es que estábamos explorando oportunidades. Hablando, hablando, ha salido el tema del sector industrial, ese mundo de la energía, la automoción y la aeronáutica donde, a veces, parece que el tiempo se detuvo en Windows 95. Escribo esto y no me quito de la cabeza a Steve Ballmer bailando enloquecido el día de la presentación.

Volviendo a lo concreto de lo que quiero transmitir en este post, siempre me ha flipado bastante la cantidad de aplicaciones Frankenstein que sobreviven en plantas de montaje y centros logísticos. Herramientas que valen una pasta, que son críticas para que el mundo no se detenga, pero que tienen una UX que parece diseñada por alguien que odia a los operarios y a la clase trabajadora en general.
Sin más lejos, uno de mis primeros trabajos, cuando tenía que combinar el aprender diseño web con FrontPage con algo más que me permitiese tener un suelto medio digno, fue en un taller veterinario, imprimiendo crotales. Os dejo que busquéis qué es eso. La cuestión es que trabajábamos con máquinas, que valían un dineral, controladas por ordenadores con O2/Warp. Y aquello era de todo menos intuitivo. Era un auténtico dolor de cabeza.
El mito del Sistema de Diseño como solución mágica
Ahora está muy de moda decir que un Sistema de Diseño lo arregla todo. «Ponle unos botones bonitos, unifica los colores y ya tienes consistencia«. Mentira.
Un sistema de diseño sin estrategia no es más que una colección de cromos caros. Aquí hemos venido a jugar a otra cosa. En sectores como la construcción o la logística, la consistencia no es una cuestión estética; es una cuestión de supervivencia operativa. Si un ingeniero salta de una aplicación de monitorización de turbinas a una de gestión de activos y el lenguaje visual cambia por completo, estamos comprando papeletas para un error que tarde o temprano calificaríamos como catastrófico. Eso si nadie rompe nada por el camino.
Para que esto funcione, hace falta:
- Presupuesto real, no migajas. Y observad que esto lo pongo lo primero de todo porque es lo más importante.
- Voluntad política para romper silos entre departamentos y poder trabajar.
- Investigación con usuarios que pisan el barro, no sólo con los que llevan corbata. El trabajo de campo se hace, también, en plantas industriales, almacenes, sitios donde hace frío y te llenas de mierda, y se escucha mal porque está todo lleno de ruido.
- Escuchar la voz del mercado, pero sin olvidar qué necesita el negocio. Que esto es muy del libro, pero también hay que hacerlo.
Ecosistemas vs. Aplicaciones aisladas
Más tarde o más temprano, a través de la experiencia, uno llega a la conclusión de que la clave no es hacer una aplicación mejor o más bonita, sino más bien diseñar el ecosistema. Las empresas industriales están despertando y las que llevan ventaja son las que están trascendiendo la fase inicial de transformación digital: ya no vale con tener parches tecnológicos que nos salven del legacy. Necesitamos una estructura donde los datos fluyan y la interfaz sea invisible porque simplemente funciona.
Optimizar un catálogo (ecosistema) de aplicaciones industriales mediante el Diseño Centrado en el Usuario (UCD) es, en el fondo, un acto de madurez. Es admitir que el software es una herramienta de trabajo y no un obstáculo. Es entender que si el operario de aeronáutica pierde 10 segundos buscando un botón, estás perdiendo dinero, eficiencia y, posiblemente, seguridad.
La IA y el valor del criterio humano
Ahora vamos con otro melón, porque casi todo el mundo está aterrorizado con que la Inteligencia Artificial nos va a quitar el sitio, el trabajo y hasta la razón de ser. Que si la IA diseñará las interfaces, que si generará un sistema de diseño, que si escribirá el código… Me da un poco de vértigo pensarlo (a veces un poco de risa también, la verdad), pero luego me acuerdo de lo más importante: el criterio.
La IA puede ayudarnos a generar mil pantallas en un segundo, pero no tiene ni pajolera idea de por qué un usuario en una plataforma petrolífera prefiere un modo oscuro o por qué la jerarquía visual de una alerta es crítica en ese contexto exacto.
El mantenimiento de los ecosistemas de aplicaciones, basado en el conocimiento real del usuario y la estrategia de crecimiento y actualización, es nuestra mejor receta contra cualquier amenaza. La IA es una herramienta, pero la estrategia de despliegue y aumento de la tasa de adopción y retención siguen siendo propiedad nuestra.
En el título yo quería provocar. La industria no necesita más software, sino que lo que necesita es un ecosistema de aplicaciones consistentes, escalable, que funcione, no dé problemas y sea sostenible.