Llevo varios meses observando cómo mi timeline de LinkedIn y Twitter se llena de tutoriales sobre Claude Code. Antes fue Cursor, antes V0, antes Lovable, antes ChatGPT. Siempre hay una herramienta nueva que genera un patrón muy parecido: early adopters entusiastas, contenido tutorial en cascada por todas partes, promesas de productividad exponencial, y esa sensación de estar perdiéndote algo fundamental si no te subes al carro. Yo no sé en vuestro caso, pero esto último lo llevo regular.

De todos modos no me malinterpretéis: Claude Code es extraordinario. Lo uso. Me ahorra tiempo. Genera código que funciona. Eso no es tan duda. Exactamente igual que Lovable o Gemini. Pero no voy a escribir sobre cómo usar estas herramientas, ni a hacer hilos explicando sus capacidades, ni a posicionarme como experto en una herramienta que dentro de seis meses puede ser irrelevante o estar integrada en algo más grande que la deje desactualizada. No será porque no haya pasado ya suficientes veces.
Fuera del mainstream divulgativo por decisión
Aquí viene lo interesante y en lo que me gustaría incidir: esta decisión me coloca conscientemente fuera del mainstream divulgativo actual. Mientras otros legítimamente acumulan visibilidad explicando el qué y el cómo de cada novedad, yo sigo empeñado en hablar del para qué y del por qué. De gobernanza de diseño, de liderazgo de equipos distribuidos, de sistemas que escalan, de ética en la construcción de producto digital.
Es una apuesta arriesgada en términos de alcance inmediato, lo sé. Y mucho más en tiempos como los actuales. El contenido sobre herramientas específicas genera engagement porque resuelve problemas concretos y urgentes. “Cómo usar X para hacer Y en Z minutos” funciona. Lo sé perfectamente. Lo veo funcionar todos los días. Pero tiene fecha de caducidad. Esto es algo que ya ponía en práctica cuando dirigía la Escuela de Diseño en Platzi: el mejor contenido es el evergreen, porque los estudiantes aprenden más, es más sostenible y desde una perspectiva de negocio es más rentable. Aunque, una vez dicho esto, es justo precisar que cada estrategia tiene su sentido en el contexto en el que se inscribe. Y yo estoy compartiendo el mío, que tiene sus circunstancias y que explican esta decisión.
Criterio profesional frente a dependencia tecnológica
Lo que intento construir aquí va también en esa línea. Llevo 23 años escribiendo sobre diseño y experiencia de usuario, y algo que he aprendido es que las herramientas son commodities temporales. Lo que perdura es el criterio profesional para saber qué problema estás resolviendo, para quién, y si esa solución es la adecuada en un contexto específico. La capacidad de gobernar sistemas de diseño, de crear entornos donde la gente pueda hacer mejor su trabajo o de mantener la coherencia estratégica en organizaciones complejas. El proyecto es grande, apasionante y, si os digo la verdad, sigo aprendiendo todos los santos días desde aquel septiembre de 2003, en el que me lié la manta a la cabeza, sin saber dónde acabaría.
No estoy diciendo que hablar de herramientas sea malo. Es necesario y es valioso, además de legítimo. Simplemente no es lo que yo quiero aportar. Prefiero ser el que ayuda a decidir si necesitas esa herramienta, cómo integrarla en tu stack sin generar dependencias críticas o ayudarte a entender qué implicaciones tiene para tu equipo y tu governance.
Agnosticismo tecnológico como estrategia
Uso IA generativa a diario. Claude para escribir, para explorar ideas, para documentar procesos. Gemini para sintetizar sesiones de trabajo o de campo. NotebookLM para escudriñar documentación, Lovable para conceptualización visual. Mocha para generar POCs a la velocidad del rayo. V0, Orchids, Google AI Studio y HeroUi Chat para enseñar a mis estudiantes.
Pero no me caso con ninguna. Mantengo agnóstico el criterio y pago por todas ellas (un presupuesto, oiga). Estoy seguro de que dentro de dos años estaremos usando otras cosas, y lo que importará seguirá siendo saber construir un producto que funcione para usuarios reales que se mueven en contextos específicos.
El coste y el valor de la sostenibilidad editorial
Esta posición tiene un coste: menos visibilidad inmediata, menos viralidad, menos sensación de estar en la cresta de la ola. Pero tiene algo que valoro más: sostenibilidad. Y cuidado, la sostenibilidad es una estrategia de visibilidad, pero también de adquisición y retención.
El contenido que escribo hoy en día y aquí sobre cómo estructurar un equipo de diseño, sobre cómo gestionar stakeholders difíciles, sobre cómo implementar DesignOps o ResearchOps en organizaciones distribuidas, seguirá siendo relevante dentro de cinco años. Los tutoriales de herramientas, no tanto. Este es un criterio y una decisión editorial.
Más allá de la ansiedad del early adopter
Y, además de todo lo que acabo de describir, hay algo más profundo, que me importa más. Esa obsesión colectiva con estar al día de cada novedad tecnológica genera una ansiedad profesional innecesaria. Esa sensación permanente de estar quedándote atrás si no dominas la última plataforma. Es algo agotador y contraproducente.
Lo que diferencia a un profesional senior no es conocer en detalle todas las herramientas, sino tener el criterio para saber cuándo, cómo, en qué contexto y por qué usar cada una.
La apuesta por lo que perdura
Así que seguiré aquí, en este blog personal intencionadamente periférico respecto al mainstream del momento, escribiendo sobre lo que creo que importa a largo plazo. Sobre liderazgo en diseño sin paternalismo, sobre construir equipos que funcionen, sobre mantener la dignidad profesional en entornos complejos, sobre diseño como práctica estratégica y no solamente como ejecución táctica.
Las herramientas irán y vendrán. Ya sucedió en el pasado reciente. El criterio, si lo cultivas, permanece. Y esa es la única ventaja competitiva sostenible que conozco.
Un comentario en «Las herramientas pasan, el criterio permanece»