Lo que aprendí organizando una comunidad antes de que existieran las herramientas para hacerlo

Hace unos días, en la previa de la BilboStack 2026, estuve viendo una charla de Bart Farrell sobre creación y gestión de comunidades profesionales. Y mientras escuchaba, me encontré viajando mentalmente veinte años atrás, a aquel abril de 2005 en el que convoqué el primer Cocktail Cadius en Zaragoza.

Ilustración de Hugo Tobio

Bart hablaba de comunidades Cloud Native, de Slack con 17.000 personas, de livestreams globales, de embajadores repartidos por todo el mundo. Y yo recordaba cuando quedábamos el primer jueves de cada mes en un bar de Zaragoza para hablar de usabilidad con quien quisiera aparecer. Sin Slack, sin Discord, sin herramientas de gestión de comunidades. Con un blog en Blogia y muchas ganas.

Confieso que siento algo parecido a la envidia cuando veo a los responsables de comunidad actuales. Reconozco que hay una parte de mí que desearía dedicar más tiempo a ese trabajo. El principio de realidad me dice que mi sitio ahora está en otro lugar, pero la conexión emocional con aquella etapa sigue muy viva. Fueron años en los que fui muy, muy feliz gestionando de manera voluntaria el nacimiento y crecimiento de una comunidad. La de diseño y experiencia de usuario en Zaragoza.

Voy a intentar contar lo que aprendí en aquellos años y reflexionar sobre qué ha cambiado y qué permanece. Me ha ayudado mucho releer, no sin cierta congoja, la crónica final que hice en el blog para anunciar el fin de Cadius Zaragoza.

El nacimiento de algo que no sabíamos que era importante

En 2005 la usabilidad era una palabra que sonaba a ciencia ficción en España. Existía Cadius, la Comunidad de Arquitectura De Información y USabilidad, una comunidad que funcionaba principalmente a través de internet y en la que celebraba encuentros mensuales en diferentes ciudades. Madrid y Barcelona tenían los suyos. Zaragoza no tenía nada.

Un día decidí que eso tenía que cambiar. No había un plan estratégico, ni un documento de objetivos, ni siquiera una idea clara de lo que podía salir de ahí. Simplemente pensé que sería interesante juntarnos unas cuantas personas que trabajábamos en diseño web para hablar de usabilidad y arquitectura de la información. Así, sin más pretensiones. El empujón definitivo me lo dió Ruben Pamplona y me animé a organizarlo.

El primer Cocktail Cadius de Zaragoza fue una convocatoria informal. Quedamos en un sitio, sin agenda, sin ponentes, sin nada que se pareciera a un evento organizado. Éramos unos cuantos locos, como se solía decir, hablando de cosas que al resto del mundo le parecían irrelevantes.

Y de ahí salió algo que duró ocho años.

El crecimiento: cuando lo informal se convierte en referencia

Al año siguiente, en marzo de 2006, celebramos el primer aniversario de Cadius Zaragoza con un evento en el Milímetro Digital de La Almozara. Un taller de Ruby on Rails y una charla sobre buenas prácticas en diseño web. Colaboraron Net2u, Warp Networks y la Asociación de Vecinos de La Almozara. La entrada era libre, claro.

Esa fue la primera vez que sentí que aquello había dejado de ser una quedada de colegas para convertirse en algo con cierta estructura. Seguía siendo informal y seguía siendo voluntario, pero ya había gente que esperaba que convocaras el siguiente encuentro. Y eso genera una responsabilidad que nadie te pide pero que asumes porque quieres que funcione. También os digo que todo esto lo hacía porque los niveles de motivación sobrepasaban cualquier recipiente. Las ganas, la fuerza, el empuje, la ilusión y la permanente sensación de descubrimiento eran un combustible inagotable para abordar casi cualquier cosa que se me pusiera por delante.

En noviembre de 2006 llevamos Cadius Zaragoza al parque tecnológico Walqa, en Huesca. Nos desplazamos en coches compartidos para visitar el Laboratorio Aragonés de Usabilidad. Hicimos un test con usuarios reales, cenamos juntos, y algunos compañeros escribieron crónicas que aún se pueden encontrar por ahí. El equipo del Laboratorio tomó en consideración las recomendaciones que surgieron de aquella visita y rediseñaron su web. José Antonio Chavarría hizo una propuesta que sirvió como punto de partida. Fue un caso de éxito rotundo de la comunidad.

En 2007 celebramos el segundo aniversario con un ponente de Microsoft hablando de la interfaz de Office 2007. Controvertida en aquel momento, sí, pero relevante para entender hacia dónde iba el diseño de interfaces.

En 2009 vinieron las luces y las sombras. La sombra la puso la muerte de Ernesto Frías, uno de nosotros. El shock de aquella pérdida inesperada sigue presente, es absolutamente inevitable, cuando releo el post de la cancelación del Cocktail de abril de aquel año. Pero también vino una de las mayores alegrías: Javier Cañada, uno de los fundadores de Cadius, vino a celebrar con nosotros el cuarto aniversario. Lo hicimos en el Digital Water Pavilion de Zaragoza, un entorno espectacular.

En junio de 2009 publiqué un balance: cinco años de eventos de usabilidad en Zaragoza. Y empezaba a intuir que las fuerzas no eran infinitas.

Lo que nadie te cuenta: el desgaste

Bart mencionó en su charla algo que me resulta a familiar: el burnout. Dijo que se había encontrado con él varias veces por no haber calculado bien cuánta energía tenía que invertir, no para arrancar, sino para sostener las iniciativas. Eso es exactamente lo que me pasó. También es cierto que yo cuando lo hacía, lo hacía en un plano 100% voluntario.

Organizar una comunidad de manera voluntaria tiene una trampa. Al principio todo es novedad, ilusión, primeras veces. Cada encuentro es una pequeña victoria. Pero llega un momento en el que la novedad desaparece y queda la rutina. Convocar, buscar sitio, confirmar asistencias, preparar contenido, gestionar imprevistos, repetir. Mes tras mes. Año tras año. Obviamente, eso desgasta.

En febrero de 2011 tomé una decisión difícil: ceder las riendas de Cadius Zaragoza a Dani Latorre y Mamen Pradel. Mis fuerzas ya flaqueaban y no podía atender mucho más que mi trabajo. Había llegado a mi límite aunque me costó hacerme a la idea y reconocerlo.

Dos años después, en marzo de 2013, intenté volver. Escribí que Cadius Zaragoza era de nuevo mi casa, que nunca había dejado de serlo. Quería echar una mano para revitalizar las convocatorias. Pero ya no fue lo mismo.

El 5 de septiembre de 2013, primer jueves de mes, no hubo Cadius Zaragoza. Y no lo hubo más. Fueron ocho años de reuniones más o menos informales, más o menos estables, más o menos concurridas. Pero llegó un momento en el que hubo que poner punto final.

Lo que funcionó entonces y sigue funcionando ahora

Escuchando a Bart hablar de sus aprendizajes con comunidades Cloud Native, me di cuenta de que muchas cosas no han cambiado en veinte años. Las herramientas son otras y la escala es diferente, pero los principios son prácticamente los mismos.

Bart habló de ofrecer y no pedir. También de crear espacios donde la gente pueda aprender, compartir conocimiento y estar con otras personas con las que comparten las mismas inquietudes. Eso era exactamente lo que hacíamos en Cadius Zaragoza. No pedíamos nada a cambio. Ofrecíamos un lugar donde juntarse con gente que hablaba tu mismo idioma profesional. Aunque es verdad que lo pasábamos bien. Muy bien.

Habló también de espacios seguros en los que alguien puede hacer una pregunta sin miedo a ser juzgado. En nuestros encuentros, como decía Óscar Embún, se trataba de cambiar la forma de pensar y restar protagonismo a la tecnología para volver la vista a los usuarios, a las personas. Silvia Arcos lo resumía mejor: en realidad lo importante son los usuarios, las personas. Ese era nuestro espacio seguro.

Habló también de empatía como requisito fundamental. De pensar en las necesidades de los demás antes que en las propias. De diseñar experiencias pensando en quién va a participar. Nosotros lo hacíamos de manera intuitiva, sin metodología formal, pero la esencia era la misma.

Y habló también de tener un propósito claro. En la comunidad Data on Kubernetes que gestionó, si alguien llegaba hablando de videojuegos, estaba y se le consideraba como fuera de lugar. Nosotros teníamos claro que hablábamos de usabilidad, arquitectura de información, diseño de interacción y disciplinas centradas en el usuario. Aunque también teníamos claro que la procedencia de personas de fuera del ámbito de estas disciplinas, traía otras conversaciones. Y la integración resultó una mezcla perfecta de armonía, colaboración y mutuo aprendizaje.

Lo que ha cambiado: las herramientas y la escala

Bart mencionó que a través de todos los canales que gestionaba llegó a tener alrededor de 17.000 personas en la comunidad. Livestreams, podcasts, informes anuales, embajadores en todo el mundo y recursos traducidos a varios idiomas. Con perras, chufletes, que se diría en mi pueblo.

Nosotros teníamos un blog en Blogia, una lista de correo y el boca a boca. Las convocatorias se publicaban en el blog y se difundían por email. Las crónicas las escribían los asistentes en sus propios blogs y las enlazábamos. Las fotos se subían a Flickr. No había métricas sofisticadas, no había dashboards, no había analytics.

Y sin embargo, funcionó durante ocho años.

Hoy las herramientas permiten escalar de una manera que entonces era impensable: Slack, Discord, Notion, herramientas de streaming, y podcasts distribuidos a escala global. Bart puede coordinar una comunidad con personas de la India, Guatemala, Japón o España desde su casa en el País Vasco. Nosotros coordinábamos encuentros presenciales en Zaragoza con gente que vivía como mucho a una hora en coche.

La comunicación es infinitamente más eficiente ahora. La viralidad existe. Un contenido puede llegar a miles de personas en horas. En 2005 teníamos que confiar en que alguien leyera nuestro blog, lo encontrara interesante y lo compartiera en el suyo. Pero tengo que reconocer que mi visión tiene el sesgo de los pioneros.

El sesgo de los pioneros

Cuando no existen las herramientas, todo es más difícil pero también es más emocionante. Cada cosa que conseguíamos tenía un sabor especial porque éramos muy conscientes de que lo habíamos conseguido con muy poco. La primera vez que conseguimos que viniera un ponente de fuera de Aragón fue una fiesta. La primera vez que un periódico local publicó una noticia sobre nosotros flipamos. La primera vez que alguien nos dijo que había encontrado trabajo gracias a los contactos de Cadius fue la confirmación de que aquello tenía sentido. Aunque en aquel momento nos parecía también flipante y nuestro nivel de inconsciencia nos permitía seguir adelante sin tomarnos las cosas demasiado en serio. El análisis y la visión que tengo ahora son mucho más serios, pero en aquel entonces todo era mucho más ligero, informal e inconsciente.

Esas primeras veces no se pueden replicar lamentablemente. Da igual cuántas herramientas tengas, da igual cuántos recursos manejes. La emoción de construir algo desde cero, cuando nadie más lo está haciendo, cuando no hay manual de instrucciones, cuando cada paso es territorio inexplorado y cuando todo te da un poco igual, esa emoción es irrepetible.

Quizá también es una cuestión de que añoramos lo que ya se fue. La nostalgia tiene esa capacidad de hacer más bonito el pasado y hacernos olvidar las dificultades. Pero incluso siendo consciente de ese sesgo, sigo pensando que aquellos años tuvieron algo especial que las comunidades actuales, con toda su sofisticación, no pueden reproducir.

Bart habló de prueba y error, de paciencia, de no abandonar después de dos o tres intentos. Nosotros tuvimos que aprender todo eso sin referentes, sin metodologías documentadas, sin comunidades de práctica sobre cómo gestionar comunidades de práctica. Aprendimos haciendo, equivocándonos, volviendo a intentar. Pero también pasándolo estupendamente bien, creando unos vínculos personales que aún se mantienen en muchos casos, y sabiendo que nuestro día a día era un permanente aprendizaje.

Lo que queda

Entre 2004 y 2011 lideré Cadius Zaragoza. De 2008 a 2012 presidí UPA Spain, ahora UXPA Spain. Fueron años intensos, de mucho aprendizaje y de conocer a gente extraordinaria. Gente como Silvia Arcos, José Antonio Chavarría, Javier Mendívil, Roberto Abizanda, y tantos otros que pasaron por aquellos encuentros y que hoy siguen trabajando en esto.

Cadius Zaragoza fue el evento que hizo despertar del letargo a un buen número de personas. Y en el que otros se fijaron para dinamizar la vida tecnológica zaragozana más allá de las pantallas. De algo sirvió.

Escuchando a Bart hablar de sus comunidades globales, con sus herramientas sofisticadas y su alcance mundial, me alegro de que existan. Son necesarias. Hacen un trabajo importante. Pero también me alegro de haber vivido aquellos años en los que todo era más pequeño, más artesanal, más cercano y más inconsciente.

La emoción de las primeras veces la recuerdo como insustituible. Y aunque probablemente en 2026 hay cuestiones que se gestionan de manera más eficiente que en 2005, hay algo que ninguna herramienta puede darte: la experiencia de haber construido algo cuando nadie más lo estaba haciendo.

Eso no tiene precio.

Publicado por

torresburriel

Llevo más de 20 años trabajando en diseño digital e investigación con usuarios. Soy CEO de Torresburriel Estudio, miembro español de UXalliance, presidente de UXPA Spain y autor de tres libros sobre diseño digital.

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