Ayer estuve en una reunión de trabajo con mis socios de DANOK. Iba a publicar un post con las sensaciones que me traje a Zaragoza, a las que di forma mientras regresaba conduciendo desde Vitoria-Gasteiz.
Luego de haber terminado el post, me pareció poco prudente publicarlo para garantizar la discreción de algunas de las cosas que estuvimos comentando y trabajando, Pero por lo menos voy a compartir por aquí la conclusión.
En el post hablaba de “lo que me llevo”, a modo de colofón.

Lo que me llevo
Al final del día, lo que ayuda a construir organizaciones no son los momentos fáciles. Son estos otros: los incómodos, los que te obligan a mirarte al espejo, los que te hacen preguntarte si de verdad quieres estar aquí.
Y cuando después de varias horas intensas sales de esa sala con más claridad que cuando entraste, sabes que estás en el lugar correcto. Con la gente correcta. Haciendo las cosas de la manera correcta.
Honestamente no sé si dentro de un año estaremos celebrando éxitos o gestionando fracasos. Pero lo que sí sé es que habremos dado todo lo que teníamos que dar. Con honestidad, con disciplina y con respeto mutuo.
Y eso, en estos tiempos que corren, ya es mucho.