He visto algo que publica Freddy Vega en varios canales que me ha llamado poderosamente la atención. El titular es algo así como que la soledad tiene la capacidad de matar más elevada que beber, la obesidad o el sedentarismo, solamente superada por el hecho de fumar. Esto es demoledor lo miremos por donde lo miremos. Arrollador. Incontestable. Tremendo.

Independientemente de la discusión acerca de la precisión del dato, esto me ha llevado a acordarme de una interesantísima conversación que tuve con mi socio, Szeran Millo, de Symetria en un seminario al que asistimos juntos en Bangalore, India, acerca del uso de herramientas de inteligencia artificial en el proceso de operaciones de user research este pasado mes de octubre.
Pues bien, en ese contexto Szeran me compartió un estudio que hicieron en Polonia acerca de cómo los profesionales del ámbito del diseño y la experiencia de usuario están experimentando sentimientos y sensaciones vinculadas con la soledad en su desempeño profesional.

Si a eso le sumo algunas experiencias personales/profesionales que he vivido en los últimos años, con compañeros de trabajo, con equipos de mis clientes y con contactos que trabajan en este ámbito, no puedo si no mostrar y escribir aquí acerca de mi preocupación por una problemática que normalmente es silenciosa, pero que empieza a manifestarse con artículos en redes sociales, hablando de los beneficios de parar, de frenar, de compartir un momento complicado, pero con un sustrato que los hace similares: algo no está funcionando bien.
Pero volvamos a Polonia, porque el reporte de Symetria es demoledor. Algunos datos:
- La soledad profesional no es un problema marginal, sino una crisis silenciosa que afecta al 82% de los trabajadores del conocimiento en Polonia.
- Los empleados recurren a la Inteligencia Artificial casi tanto como a sus propios jefes para hablar de dificultades en el trabajo:
- El 10% habla de sus problemas con la IA.
- Sólo el 15% lo hace con su supervisor.
- Esto sugiere que la IA ofrece un espacio seguro, anónimo y sin juicios que los líderes humanos no están logrando proporcionar.
- A corto plazo, la soledad parece beneficiosa (parece que mejora el foco y la concentración), pero a largo plazo es destructiva (aumenta el estrés, empeora la salud mental y dificulta las relaciones personales).
- Los líderes sufren una doble soledad: la responsabilidad de tomar decisiones difíciles sin soporte de sus pares y una desconexión de la realidad de sus equipos, por lo que normalmente ven son avatares en lugar de personas. De verdad que me explota la cabeza.
- Ahora las reuniones son puramente intencionales y no hay charla informal, ni chisme.
Si nos vamos al famoso paper, del que sale el gráfico que comparte Freddy, Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review, la conclusión es demoledora: la falta de relaciones sociales (soledad/aislamiento) tiene un impacto en la mortalidad comparable a fumar 15 cigarrillos al día y supera a factores como la obesidad o la inactividad física. Da hasta un poco de miedo, por mucho que el estudio sea de 2010 y esto lo esté escribiendo a finales de 2025.
De hecho en este contexto de 2026, en el que estamos ya entrando, cabría destacar (y esto me lo anoto como gerente y responsable que soy de una empresa que trabaja en remoto) algunas cuestiones de vital importancia en este marco, que toman forma de dos peligros. El peligro de la soledad estructural y el peligro del mito de la conectividad. El informe polaco es un buen ejemplo de cómo esto que se avanzaba en 2010 está sucediendo ahora.
El peligro de la soledad estructural:
- En el trabajo remoto, eliminamos la estructura social pasiva (el café, el encuentro en el pasillo, el ruido de fondo de compañeros).
- Si a eso sumamos la sensación de que si no estamos tristes o abatidos es que estamos bien, tenemos un cóctel peligroso.
- La falta de roce social diario es un factor de riesgo biológico independiente.
- No basta con tener reuniones por Zoom (que suelen ser transaccionales, están ligadas a proyectos o a cosas que tenemos que hacer o decidir).
- Es necesario diseñar artificialmente interacciones «inútiles» o casuales para recuperar esa estructura perdida.
El mito de la conectividad:
- Las herramientas como Slack, Teams o Discord nos dan una falsa sensación de estar conectados.
- Tener un montón canales de Slack activos no cuenta como integración social si la comunicación es sólo de trabajo.
- Es más saludable tener 15 minutos de charla real, audio o vídeo, sobre la vida con un colega o compartiendo unos buenos chismes, que 8 horas de chat de texto comentando no sé cuántos temas profesionales.
Y luego hay algo que me parece brutal. Las empresas suelen/solemos tratar de combatir el burnout con medidas que están más en el lado de lo material. La solución la tenemos en la promoción de la socialización.
Es decir, como consecuencia de todo esto, tenemos un panorama en el que hay un diagnóstico acertado porque básicamente estamos cayendo como moscas, pero la solución pasa por promocionar la socialización de manera radical, además de otras medidas que pueden estar muy bien y que ya se están tomando.
Este es un temazo, y como tal, de complejo abordaje. Y de solución sencilla, nada de nada.


