
Este es un soneto, es viernes y hay que destensar, dedicado al hecho de programar notificaciones nocturnas.
Programar envíos en horas donde el mundo
duerme plácido y ajeno al teléfono vibrador,
es arte que domina cierto funcionario inmundo que ignora que las doce son hora de sopor.
No es que la Seguridad Social me cause temor,
ni que su mensaje traiga apocalipsis profundo,
es que cuando suena el móvil con ese rumor
mi cerebro ya imagina el desastre más rotundo.
«Será urgente«, piensa uno entre sábanas revueltas,
«habrá crisis, incendio o conflicto«, te planteas,
pero no: son las altas, las bajas, las vueltas
de un sistema que programa sin que lo veas
sus envíos a medianoche, con políticas muertas
de UX que convierten simples datos en peleas.
P.D.: si alguien de la Seguridad Social lee esto, hay una cosa que se llama «horario de envío recomendado» en cualquier plataforma de comunicaciones. Entre las 9h y las 18h suele funcionar bien. Eso de Programar notificaciones nocturnas no se hace. De nada.