Hoy ha sido un lunes al que definiría como una tormenta de arena. No voy mojado, si no me miras muy de cerca no se me nota, aparentemente mi ropa no está sucia, no me he despeinado. Pero me escuecen los ojos, tengo incomodidad en todo el cuerpo, me pica todo.

Enero ha sido un mes complicado en el Estudio. Pero no por las razones que podríais imaginar. Los números están bien. Trabajo hay de sobra. Proyectos, también. Clientes, más que nunca.
Y ahí está exactamente el problema.
Cuantos más clientes, más interlocutores. Más procesos. Más personas en el equipo. Más situaciones que pueden generar fricción, rozamiento, principio de conflicto. No hablo de nada dramático, hablo de la acumulación de pequeñas gestiones, pequeñas tensiones, pequeñas decisiones que alguien tiene que tomar o ayudar a desbloquear. Y ese alguien, en última instancia, soy yo.
Tengo un equipo de gestión estupendo. De verdad. Pero hay cuestiones que terminan llegándome: a veces para decidir, a veces para sugerir un enfoque, a veces simplemente para escuchar cómo alguien del equipo comparte lo que le preocupa. Y todo eso se va sedimentando, poco a poco, generando una capa de incomodidad que por momentos me quita la alegría.
Quizá quitar la alegría sea una expresión un tanto exagerada. Pero es la mejor forma de decirlo que me sale ahora mismo, y prefiero ser impreciso que deshonesto.
Esto es algo que quienes emprendemos en solitario conocemos bien. Sin socios con los que repartir el peso. Sin grupos inversores que te den soporte y capital cuando las cosas se ponen regular. Sin nadie que un martes por la noche te diga tranquilo, esto lo sacamos entre los dos. Estás tú. Con tu criterio, con tu experiencia y con tus dudas.
Sé que esto es una carrera de fondo. Sé que todo llega y todo pasa. O al revés. Sé que he estado aquí otras veces y que he salido. Pero también sé que nunca lo había contado de una manera así.
¿Por qué ahora? Pues por algo tan simple como necesitar desahogarme. Soltarlo. Escribirlo, leerlo, releerlo. Esto es un poco de terapia, ni más ni menos.
No busco consejos. No busco que nadie me diga que todo va a ir bien. Sólo necesitaba sacarlo fuera y darme permiso para decir que hoy, un lunes de febrero, la arena me ha escocido un poco más de la cuenta.
Mañana será otro día. Probablemente mejor.
Os cuento que ha sido mejor.