Estos días se habla mucho de la prohibición de redes sociales a menores de 16 años. Estoy a favor. Pero no vengo a debatir eso, hay argumentos en todas direcciones y cada cual que llegue a sus conclusiones. Lo que ahora me ocupa como profesional del diseño de experiencia de usuario es otra cosa: es cómo se implementa la verificación de edad en productos digitales.
Llevo años viendo y contando cómo funcionan los dark patterns, las métricas de engagement diseñadas para generar adicción y las interfaces que explotan vulnerabilidades cognitivas. Que ahora el legislador ponga límites no me parece censura: es reconocer que el diseño no es neutral. Quienes diseñamos productos digitales tenemos una responsabilidad que durante demasiado tiempo hemos delegado en el es lo que pide el negocio. Ya era hora de asumirlo, me parece a mí.
Verificación de edad sin arruinar la experiencia
Pero vamos a dejarnos de historias y vamos a lo que es nuclear. El reto de verdad, desde mi punto de vista, está en conseguir verificación de edad efectiva sin convertir el registro en un infierno burocrático. Es un problema de diseño complejo. Las soluciones fáciles (declarar tu edad, marcar una casilla) no sirven para nada. Las que son más robustas (verificación documental, biometría) pueden ser invasivas o dejar fuera a usuarios. El equilibrio existe, pero requiere inversión en diseño e investigación, no parches cosméticos para cumplir el expediente.
Y lo digo claramente: esto no va de tecnología, va de voluntad. Los mecanismos técnicos para verificar edad existen. El problema nunca ha sido técnico: ha sido que a nadie le convenía implementarlos. Ahora que es obligatorio, veremos si las plataformas invierten en hacerlo bien o buscan el mínimo cumplimiento legal. Tengo mis sospechas sobre qué camino elegirán, al menos al principio.
Nuestro papel como UX es vigilar y auditar
Así que nuestro papel ahora, como profesionales UX, es auditar. La ley marca el qué. El cómo es territorio de diseño. Y ahí es donde creo que tenemos algo que decir: ¿los flujos de verificación son accesibles? ¿Respetan la privacidad? ¿Son comprensibles para usuarios de distintas edades? ¿Excluyen injustamente a determinados grupos? Vigilar esto forma parte de nuestro trabajo desde ya mismo.